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editora de comic desde Patagonia
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    (La Editorial Común, Buenos Aires, 2016)

    Libro uno: «El guardián de la piedra» (192 páginas)

    Libros dos: «La maldición del guardián de la piedra» (224 páginas)





    El dibujante César Da Col sostiene que si una historieta para chicos es buena, gusta a toda la familia y da como ejemplos a Asterix el Galo y Las aventuras de Tintín.

    Es el caso Amuleto, cuyo guión posee un poder hipnótico sobre el lector, que una vez que empieza la novela gráfica se obsesiona con su historia y permanece ajeno a la vida que está transcurriendo a su alrededor.



    El plan de trabajo de Kibuishi (nació en Japón en 1978 y se mudó a los Estados Unidos en 1982) consta de nueve libros, de los cuales ya se publicaron unos siete tomos desde 2007 y en 2016 fueron editados en español los que se comentan en la presente nota. El consagrado historietista japonés también se hizo famoso porque en 2013 le confiaron las ilustraciones de las nuevas tapas de la saga de Harry Potter.



    Su historieta debe mucho a íconos como El señor se los anillos, Matrix y Star Wars. De esta última particularmente recrea el mundo de robots al estilo de R2-DR (entre nosotros “Arturito”), pero haciéndolos más antropomorfizados, como los casos de Miskit, Cossley, Morrie, Ruby, Botella y Teodoro, a quienes se los ve actuar y se los aprecia como auténticos seres humanos.



    La fantasía de Kazu Kibuishi carece de límites e imagina el extraño mundo paralelo de Alledia por el que debe desplazarse la heroína Emily Hayes con su hermano Navin para salvarle la vida a su mamá y adquirir gracias a un mágico amuleto (la llamada piedra) un superpoder glorioso.

    Y de este modo desfilan monstruos increíbles como un pulpo gigantesco y gelatinoso, caracoles con ojos, elfos, casas de piedra que pueden caminar, la ciudad portuaria de Kanalis en la que una maldición provoca que los pobladores parezcan animales, árboles pensadores y parlantes, anteriores guardianes de la piedra que se convirtieron en colosos monstruosos. Y –como diría Cortázar – el Bestiario continúa.



    En cuanto a la gráfica, asombra el virtuosismo y la audacia de Kibuishi. Su dibujo humorístico es simpático, tanto en la creación de personajes como en la representación de objetos, paisajes e interiores. Su composición de página presenta cuadritos de diferentes formas, ángulos y planos ensamblados con suma originalidad. Hay viñetas de página entera que son ilustraciones hermosas y dignas de figurar en una galería de arte. Sus globos adquieren diversas formas adecuándose a la situación de la trama: es frecuente su funcional encadenamiento. Las escenas de acción –por ejemplo los combates de un insólito avión – son increíbles por su dinámica, a la que contribuye la variedad de imaginativas onomatopeyas. Y el colorido recorre infinidad de gamas, todas ellas brindando auténticos ejemplos de belleza visual y una atmósfera de misterio.

    No queda otro camino que recurrir a un lugar común: Amuleto es una excepcional novela gráfica para toda la familia.






    Germán Cáceres 


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    de Marcelo Bukavec con la colaboración de Felipe R. Ávila


    (Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2016, 110 páginas)





    Este ensayo propone un enfoque cálido y emotivo: se nota que surgió a través de charlas entre Martha Barnes y los autores –que también son historietistas – tomando café con medialunas en algún bar de Caballito o en el living de la casa de ella, como se señala en las últimas páginas. Asimismo hay numerosas fotos desde que era una beba hasta nuestros días. No obstante este acercamiento nada solemne, Bukavec y Ávila han realizado un exhaustivo trabajo de investigación empleando una prosa segura y elegante. Da placer leer el trabajo porque, además de informar sobre la trayectoria artística de la dibujante, constituye una historia de vida.



    Las páginas del libro tienen una diagramación muy particular, con líneas rectas en su interior que se cruzan formando rectángulos, como si la editorial se hubiese inspirado en la obra del pintor Piet Mondrian.

    A Martha Barnes, mientras estudiaba en la Academia Nacional de Cuyo, los profesores le decían acerca de su pasión por las historietas “que eso no era arte”/ “no es profesión para mujeres”. Hoy en día nadie se animaría a emitir estas opiniones aunque las piensen en su intimidad.



    Bukavec y Ávila destacan la belleza y delicada sensualidad que exhiben sus dibujos de mujeres, como su destreza para representar los gestos de los personajes mostrando sus sentimientos. También sobresale en el dibujo de animales y en las magníficas ilustraciones para chicos. “…su capacidad abierta siempre a nuevos conceptos, texturas, formas de encuadre…” /”Por ejemplo: Martha ´rompe´ la hoja, las figuras escapan. Es decir: diagrama siguiendo la premisa de dibujar dentro de los cuadritos y armar la secuencia, pero ella deja que algunos personajes se salgan del cuadro…” y “…terminan como envolviendo el centro de la escena…” El libro trae numerosas páginas con imágenes de sus creaciones.



    Marta Barnes trabajó como ilustradora de las más importantes editoriales argentinas. Colaboró en el suplemento infantil del diario La Nación y graficó historietas para Europa, Australia y Estados Unidos. Fue también actriz de teatro y participó en el programa televisivo Telecirco de los Domingos, en el que realizó dibujos en vivo. Entre otras distinciones, la Biblioteca Nacional y la CONABIP le otorgaron en 2012 un reconocimiento por su contribución a la Historieta argentina.



    En la entrevista que le hacen los responsables del texto, Martha Barnes manifiesta que la profesión de historietista “Es una manera de vivir distintas vidas, es como actuar”, y proclama su admiración por el dibujo animado en 3 D.

    .No hay mejor forma de concluir esta nota que con una frase de otro grande, Quique Alcatena, sobre la obra de la homenajeada: “…detenerse en la exquisita labor que vuelca en cada página es gratificarse con la vida y emoción de sus figuras, la elegancia y soltura de su entintado, la clara y a la vez compleja diagramación (que nunca, nunca, distrae del hilo de la narración)”.



    Martha Barnes/ La primera dama de la historieta argentina no puede faltar en ninguna biblioteca de un amante del género.

      



    Germán Cáceres


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    Carlos Casalla, en fotos de A. Aguado


    A los 90 años de edad, falleció Carlos Chingolo Casalla, uno de los principales exponentes de la historieta argentina de la segunda mitad del siglo XX. Fue el creador y dibujante de series de gran éxito, como El Cabo Savino, Alamo Jim, Ronstadt , Capitán Camacho, Perdido Joe, El Cosaco, Larsen & Finch, Memorias de un porteño viejo, Sargento York, Chaco, en revistas de Editorial Columba (D´Artagnan, El Tony, Fantasía, Nippur Magnum), Record ( Skorpio, Tit Bits, Pif Paf, Gunga Din, etc), Misterix, entre muchas otras. Su obra se republicó con gran repercusión en Italia y otros países.


    En Patagonia (residía en Bariloche) también desarrolló una nutrida obra relacionada con la historia y personajes históricos de la región, no tan conocida fuera de la región.


    Con su partida, se fue uno de los máximos exponentes de las generaciones doradas que van de las décadas del 60 a los años 90.


    Por nuestra parte, tuvimos el gran privilegio de publicar un libro de El Cabo Savino, y dedicarle un libro grupal, de homenaje a su personaje, el mítico Cabo Sabino.



    Hasta siempre maestro! Y Gracias.


    Nuestro pésame a familiares y allegados.

    Tapa del libro de homenaje que le dedicamos a su personaje, desde La Duendes







    Chaco, en Italia



    Página de Perdido Joe




    Página de Ronstadt



    Algunos de los libros de la obra "Patagónica" de Casalla





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    (Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2016, 240 páginas)




    Este libro de inusual calidad impresiona en primer lugar por su lujosa edición. Luego está el brillante y erudito prólogo de Juan Sasturain que afirma que “es una maravilla  (…) y que “lo habíamos soñado”. Esta exaltación preliminar no es gratuita, sino la celebración del rescate de un período del humor gráfico argentino realmente innovador, y totalmente olvidado.

    La vanguardia perdida se refiere a tres publicaciones: 4 Patas, Gregorio y La Hipotenusa, que en su esencia eran más bien revistas literarias con abundante contenido de humor gráfico. Lo afirma el mismo Sasturain: “Lo suyo era en líneas generales, la escritura a secas. La ficción, la poesía”.



    Aguirre hace una inteligente y valiosa selección de material gráfico y de textos de las revistas citadas, y ofrece un análisis nutrido de abundante información sobre el nacimiento y el final de cada una de ellas.

    4 Patas apareció en abril de 1960, con la dirección de Carlos del Peral, como desprendimiento de Tía Vicenta, de Landrú, de la que aquél había sido jefe de redacción. Del Peral justificó su alejamiento alegando que Landrú no había protegido a un integrante de su staff detenido por la policía. Claro, eran los célebres sesenta, que se caracterizaron principalmente por la proscripción del peronismo, el golpe de Onganía y las primeras señales de rebelión popular (con el Cordobazo a la cabeza). Pero también había una ebullición artística y literaria que anhelaba cambiar todos los parámetros estéticos –como, por ejemplo, la cinefilia y la Nouvelle vague, el Instituto Di Tella y La Menesunda de Marta Minujín, en la que se celebraba todo lo original y distinto. El autor de esta meritoria investigación opina: “Pero el nuevo humor no se abastece solamente de las referencias del género. Lo que lo distingue son sus cruces con la literatura, el arte y el ámbito cultural en sentido amplio, y también con la política.”



    Ante todo debe señalarse que las tres publicaciones ejercían un humor inteligente y en cierto sentido experimental, no sólo en los textos (inclusive los puramente literarios como cuentos y crónicas) sino también en el grafismo. Recurrían al absurdo, el disparate, la ocurrencia lunática, la paradoja, los juegos de palabras y la estilización de las imágenes, que no eran simpáticas como las que se exhibían en la revista Patoruzú. En resumen, era una vanguardia no carente de su dosis de esnobismo, que por supuesto no atrajo al público y al cuarto número 4 Patas debió cerrar por sus bajas ventas. Colaboraron en ella (entre muchos otros) figuras de la talla de Miguel Brascó, Copi, Daniel Giribaldi, Alberto Vanasco, Noé Jitrik, Aldo Camarotta, Jordán de la Cazuela, César Bruto, Beatriz Guido, y también Quino, Oski, Kalondi, Catú, Siulnas y Siné.



    Gregorio, dirigida por Miguel Brascó, surgió en febrero de 1963 como un suplemento de la revista literaria Leoplán. En ella hay obras –además de las de algunos de los colaboradores de 4 Patas– pertenecientes a Rodolfo Walsh, César Fernández Moreno, James Thurber, Henri Michaux, Ambrose Bierce, Macedonio Fernández, Carlos Marcucci, Ezra Pound, Chejov, Carlos Drummond de Andrade, Arthur C. Clark, y dibujos de Juan Fresán y de Napoleón. Asimismo, hubo una sección «Humor extranjero» que publicó trabajos de Loriot, Ronald Searle, Manzi, Sempé, Gerard Hoffnung y Mikklos Knezy. Allí apareció por primera vez Mafalda., pues su creación deriva de una publicidad para una empresa de electrodomésticos. Brascó aclaró que “Gregorio no es un suplemento cómico sino un suplemento de humor, su intención no es hacer reír, sino hacer reflexionar con una sonrisa en los labios“. Leopláncerró en septiembre de  1965, pero Gregorio pudo continuar como suplemento de La Hipotenusa a partir de abril de 1967, fecha en que nació esta nueva publicación  –bajo la dirección de Luis Alberto Murray y con Daniel Giribaldi y Juan Fresán, como jefes de redacción y de arte, respectivamente–, la cual sólo llegó a publicar catorce números.



    A varios integrantes  de 4 Patasy Gregorio, se añadieron dibujantes como Garaycochea, Faruk, Lorenzo Amengual, Bróccoli, Páez, Sanzol, Grondona White, Vilar. Y escritores de la talla de Javier Villafañe, Horacio Verbitsky, Arturo Jauretche, César Tiempo, José María Rosa, José Gobello, Enrique Wernicke, Roberto Santoro, Osvaldo Lamborghini y cuentos no reeditados de Bioy Casares.



    Acerca del número final de La Hipotenusa, Aguirre sentencia: “Y con ella se cerró una etapa donde el humor gráfico argentino experimentó nuevas formas y se extendió a temas antes inexplorados, en un contexto de represión y censura”.



    Pero tanto en las batallas como en las revoluciones las vanguardias son las primeras en caer para ser rápidamente olvidadas, y sin embargo muchas victorias se deben a su valentía. Lo mismo ocurre con las vanguardias artísticas: pierden vigencia, envejecen, y no se las recuerda. No obstante, subrepticiamente, a partir de su ocaso las estéticas se vivifican y adquieren nuevos rumbos enriquecedores.





    Germán Cáceres 

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    EVOCANDO VIÑETAS 3, continúa la línea de trabajo de Germán Cáceres con La Duendes. Como en las versiones anteriores, el libro presenta notas y entrevistas a protagonistas de la historieta nacional e internacional, del pasado y el presente.


    NOTAS:

    JOAQUÍN ALBISTUR -  WALTER CIOCCA - EL SOMBRERO DE MÚLTIPLES PICOS. Cilencio (1938-2012) - TURAY, hermano de aventuras - JORGE PÉREZ DEL CASTILLO - CARLOS CRUZ - LA DÉCADA DEL SETENTA - UN GRAN ARTISTA AL VOLANTE (MANNKEN)  - 75 AÑOS CON BATMAN. BATMAN, EL SUCIO - LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA DE HISTORIETAS EN LA FANTASÍA INFANTIL.


    ENTREVISTAS:

    DIEGO PARÉS - SEBASTIÁN DUFOUR - FERNANDO CALVI - TONI TORRES - MARTHA BARNES - JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZ  - ANDRÉS ACCORSI  - Con ART SPIEGELMAN en Nueva York.


    Los textos se complementan con numerosas imágenes de los trabajos más significativos de cada autor abordado.


    EVOCANDO VIÑETAS 3 es un nuevo aporte al valioso conocimiento de la historieta argentina y extranjera. Un libro de consulta obligada.

    100 páginas, edición en tamaño grande (20 x 29 cm), 

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    (Editoriales de la Universidad Nacional de Rio Negro y de Villa María, Viedma, 2016, 96 páginas).



    Nueve historias desgarradoras acerca de un hecho bélico que, según el prólogo de los editores, ocasionó la muerte de  “…907 personas, 649 eran argentinos. Se estima que luego del conflicto –no hay datos oficiales – unos 500 excombatientes se suicidaron”.  

    Mind the gap se podría considerar una microficción: en pocas viñetas se describe el sentimiento de culpa que perseguirá hasta la muerte al soldado inglés que mató a un argentino desarmado. Texto y dibujo están ensamblados en una historieta donde priman una síntesis inteligente y las imágenes mudas. Y todo sucede en una única escena. (Guión: Mariano Antonelli/ Arte: Oscar Capristo).



    Hay cosas que no se te olvidan nuncatiene una gráfica original, con un bello juego de blancos, grises y negros que apela a la esencia de la historia en tanto los diálogos optan por el sobreentendido. (Guión: Sofía Cunha/ Arte: Rodrigo Luján).



    Soldados es un emotivo relato sin textos, solo cuadritos mudos. Resulta difícil que un argentino no se sienta conmocionado ante esta tragedia tan tremenda como injusta, una impresión que trasmite la totalidad  del libro. (Guión y arte: Eduardo Molina).



    En Jugar a la guerra, Fer Calvi (guión y arte) despliega, a través de su técnica de reportaje historietístico, los testimonios recopilados por Francisco de Zárate y realiza una contundente denuncia sobre una guerra que hizo tanto daño a la Argentina.



    Asesinos exhibe dibujos crudos y realistas para narrar este suceso de horror que hace pensar que la vida carece de sentido. (Guión: Mariano Antonelli/ Arte: Diego Aballay).



    Chelo Candia (guión y arte) en Meen a Casilda se permite plasmar un logrado juego simbólico de alucinaciones, en el cual un soldado muerto parece venir del más allá.



    En Recuerdos de la guerra, Alejandro Aguado (guión y arte) propone un original relato que exhibe el terror de los habitantes de Comodoro Rivadavia ante la posibilidad de un bombardeo británico. También se permite deslizar una nota de comicidad dentro de un estilo gráfico emparentado con el dibujo humorístico.



    Una sugestiva ficción onírica alusiva a la soledad y a la muerte que desembarcaron en las islas Malvinas plantea en El número más bajo Mariano Antonelli (guión y dibujo).



    En Viaje a la línea, Kristian Rossi (guión y arte) expresa gráficamente, mostrando el vuelo de las gaviotas, la belleza natural de las islas, pero también refiere que de ese mismo cielo caen las bombas que dan muerte al soldado que narra los acontecimientos.



    Malvinas, el sur, el mar, el frío es un libro conmovedor. Los editores aseveran en el citado prólogo: “Como tampoco es posible disociar las islas de la guerra de abril de 1982. Como tampoco es posible desmembrar la guerra de la dictadura que comenzó del 24 de marzo de 1976…”.



    Germán Cáceres


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    Fue una persona maravillosa, pura bondad y, por supuesto, un gran artista. Sus dibujos fueron graciosos, bien plantados y personales. Pasaron muchos años y al venir a mi memoria me emocioné…Eso es lo que nos dejan las muy buenas personas.


    Martha Barnes





    Nació en la Argentina en 1919 y falleció en 1983, a los sesenta y cuatro años, según los datos de Siulnas que Carlos Martínez aportó en una nota (ver bibliografía).

    Su padre, un inmigrante italiano, era dibujante y fue el primero que le enseñó los rudimentos de este género gráfico. Más tarde recibió lecciones de dibujo artístico y publicitario por parte de un profesor.

    Publicado en Dártagnan 272, julio de 1972. 


    Lo suyo era el humor de cuadro único y, además, una profesión abandonada por el avance tecnológico: la de letrista. Realizó los títulos de numerosas historietas y diseñó letreros luminosos. También se dedicó a la publicidad (fundó una agencia junto con un hermano y creó avisos para firmas importantes como Brancato y Droguería La Estrella).

    Se destacó su sentido humanitario al ejecutar dibujos «relámpago» en escuelas, y también los hizo para enfermos y personas desamparadas en hospitales e instituciones de bien público.

    Publicado en D´Artagnan 361, septiembre 1975.

    Su carrera profesional comenzó en 1936 colaborando en la revistaFiguritas, dirigida al mundo escolar. Luego trabajó para Editorial Tory en las publicaciones Racing, Cascabel, Rico Tipo, Pilucho, Tío Vivo, Tipote, Loco Lindo, TV Guía, Chistosis, La Revista Dislocada, María Bizca y Esquiuú. En 1944 se relacionó con Ramón Columba y empezó a dibujar en su Editorial (revistas Páginas de Columba, Intervalo, El Tony, Fantasía, D`Artagnan, OptimismoY Puntos de vista). Muchas veces firmaba graficando un sombrero mejicano (algunos creían que era de esa nacionalidad).


    Publicado en D´Artagnan, noviembre de 1972.

    Estuvo a cargo de las series Rulito, el gato atorrantey Pecoso y su pandilla. Entre sus personajes se destacan Chicote, Martín Lata, Astronauta diplomado, Hercusansonacho y Bronca Ley.

    Sus viñetas de humor  se agrupaban en una página, a veces dentro de una temática. De trazo seguro y armonioso, era original en la composición gráfica de los personajes. En algunos cuadritos muestra un tinte surrealista. Por ejemplo, hay uno muy logrado sobre la magia, en la que el marido se despierta de una pesadilla y le comenta a la esposa: “Soñé que un mago me transformaba en caballo” y precisamente ella observa que él ya tiene cabeza de caballo. Sus chistes, aunque hoy resultan ingenuos, evidenciaban una notable inventiva. Muchos de los textos se debían a Inés Vilaboa.


    Publicado en Fantasía 236, enero de 1974.


    En otro cuadrito un señor con un diente en la mano le pregunta si es suyo a un boxeador noqueado con medio cuerpo fuera del ring. En una página dedicada a «La esgrima» resulta desopilante cómo una esposa utiliza un florete para ensartar chorizos y asarlos en la parrilla, mientras otra emplea la rejilla protectora como colador de fideos. En la dedicada a los presidiarios, el director de la cárcel le dice a uno de ellos: «Ud. se queja porque tiene que estar cinco años. ¡Yo hace veinte que estoy aquí!».


    Publicado en Fantasía Color 40, marzo de 1979.

    Resulta gracioso cómo graficaba a las mujeres: las jóvenes lucían hermosas y de curvas pronunciadas, en tanto las mayores eran voluminosas por su sobrepeso. Los fondos los representaba con simples líneas, pero en algunos (como el de un chico mirando los objetos de un cuarto de trastos y el de un hombre en camiseta que está leyendo un diario en la cama) toda la escena está representada con sumo esmero caligráfico.


    Publicado en El Tony 307.

    Sucede que –salvo casos de vigencia excepcionales– los lectores se olvidan por completo de los historietistas. Es que cuesta apreciar las creaciones del pasado; en la actualidad el público se halla aprisionado por las pautas del presente. Parece que no se tiene en cuenta la sentencia de Ernst Fischer:«Toda lectura tiene su fecha». El lector debe aplicar con sabiduría este concepto para gozar las virtudes de una obra ubicándose en la época en que fue concebida.  Algo parecido ocurre con la literatura y las demás expresiones artísticas. Pero los museos operan como memoria de las artes plásticas y los conservatorios, teatros líricos y salas de conciertos con la música. La literatura se resguarda en las academias y en las universidades (Lucho Olivera opinó que «Hoy es casi imposible leer fuera de los ámbitos universitarios novelas como el Ulises de Joyce o El Quijote de Cervantes.»). La historieta pudo ingresar a esos claustros después de una larga y dura lucha, de modo que debería consolidarse  esta tendencia para que no se pierda la producción de estos grandes historietistas que tanto predicamento tuvieron en su momento.  

    Publicado en El Tony 420, marzo de 1979.

    Nada mejor para finalizar esta nota que recurrir a la palabra autorizada de Gerardo Canelo:

    «Sobre Alfredo Ferroni como artista digo que pertenece a una época de humor limpio, elegante, no agresivo ni en sus dibujos ni los textos. Un dibujante que fue evolucionando  y no quedándose en el tiempo. Siempre buscando actualizar sus monos.

     Como letrista, solamente conocí sus letras para títulos. Él pertenecía a una época en que se dibujaban hasta los titulares de las tapas de los diarios. Las variaciones en las tipografías de esa época eran muy reducidas, por eso las más variadas revistas utilizaban títulos dibujados. La publicidad hacía lo mismo y el ser letrista era motivo para tener trabajo en diversas aplicaciones dibujadas. Ferroni creo que, por estar cercano a todo lo referente al dibujo gráfico, era distinguido por los editores para esa tarea. Y lo hacía muy bien acompañando letras más viñetas con las que ambientaba la historieta.




    Y, como persona, era maravillosa.  Muy humano, muy cordial con sus saludos y sé que también lo era en su vida familiar. Su bondad se ve con claridad en sus dibujos.

    Lo lamentable para mí fue que siendo un amigo de mucho tiempo en Columba, cuando falleció, sus compañeros nos enteramos mucho después. Había tenido una intervención quirúrgica cardíaca bastante seria, pero había salido aparentemente bien. Hay notas de Siulnas que pintan la calidad de Ferroni como persona solidaria y destaca que iba asiduamente a los hospitales a dibujar para entretener a chicos enfermos.

    Vivía en Santos Lugares y era hincha de Huracán.»




    Germán Cáceres



    Bibliografía


    –laduendes.blogspot.com.ar: «Los maestros olvidados: Alfredo Ferroni».

    –Martinez, Carlos R.: «Alfredo Ferroni, la sonrisa de Columba/Top- Comics», https://luisalberto 941.wordpress.com.


    –siulnas-historiador. blogspot.com.ar: «Un día como hoy…».


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    Para el buen amigo y admirado colega, Eugenio (“Ray Collins”) Zappietro, este pe­queño relato del “Wild West”, que contiene un sutil homenaje a su nom-de-plume y a su proficua trayectoria.




    Al empujar la hoja vaivén de la puerta del saloon, el fino oído de “Two Holes” Sutton, el matador, no dejó de captar el leve chirrido de un gozne mal aceitado, aun entre la confusión de las conversaciones, las risas de las “chicas” y el hipido de algún ebrio consuetudinario. Así sobrevivía, no perdiéndose nada, alerta siempre.

    Bajo la sombra del aludo “Stetson”, sus ojos achinados, de mirada de lince, se entor­naron sobre los pómulos salientes de un rostro impasible, enjuto y ahusado, como un cráneo cubierto apenas por fina capa de piel picada de viruela. Entonces, entre la abigarrada concurrencia, la vio.

    Y sintió que algo, mucho tiempo aletargado, se erguía en su interior.

    Sin que lo supiera, otros ojos, tan penetrantes como los suyos, aunque parpadeaban sin cesar detrás de los cristales redondos de unas gafas, se fijaron en él. Y formaron dos medias lunas invertidas cuando una sonrisa de satisfacción curvó la boca de finos labios que había debajo. Sexton Collins, el famoso escritor de folletines, que había seguido incansablemente el rastro del killer a través de tres estados, sintió que el corazón le saltaba en el pecho. Casi salta él mismo de la silla que ocupaba, con riesgo del vaso de ginebra a medias consumido, que vaciló sobre la mesa y a punto estuvo de añadir una mancha más sobre la maltratada superficie de madera basta.

    “¡Al fin!”, se dijo, alborozado. “¡Sabía que el momento llegaría!...”

    Hombrecito semicalvo, de cortas piernas, iba vestido a la usanza del Este, lo cual resultaba algo ridículo en aquel pueblo perdido de Wyoming, y su aspecto era por demás inofensivo. Sin embargo, cuando tomaba la pluma en la mano, era capaz de conmover a millares de lectores con sus historias rudas, salvajes, de sangre, violencia y muerte. También se especializaba en biografías de famosos pistoleros. Ver allí a “Two Holes” lo hizo relamerse de gusto.

    —¡Mozo! —llamó—. ¡Tráigame otra ginebra!

    Sutton, en tanto, y por primera vez en mucho tiempo, permaneció estático, la mirada fija en aquel perfil femenino de rasgos perfectos. Era… como la suma de sus recuerdos más puros, de los sueños impolutos de su adolescencia…, antes de que, llevado por las circunstancias, acabara por transformarse en lo que era, un despiadado matador. Sintió el impulso irrefrenable de acercarse a ella. Pero sacudió la cabeza.

    “¡Bah!”, gruñó para sí, “¡No es más que otra mujerzuela de saloon! ¿Cuántas iguales a ella conociste, Sutton? ¿Y alguna fue mejor que las demás? ¡Zorras…, es lo que son!”

    En su mesa, Collins también miraba a la muchacha. Típica de esos sitios, pensó. Con ricitos sobre la frente, la cara embadurnada de afeites, vestido muy escotado, de colores chillones…, quizás hasta un puntito más que sus “colegas”. ¡Perfecta!

    Y su compañero de mesa… Collins sonrió irónicamente. ¡Todo un palurdo, alto, desgarbado, carirrojo, seguramente oliendo a establo, como buen campesino!... ¡Vaya pareja que formaban! El escritor parpadeó tras las gafas. Parecía que el muchacho le estaba hablando en serio a la chica; no mostraba la actitud del que busca divertirse y nada más.

    “¡Excelente!”, aprobó interiormente. “¡Como para una novela romántica!”

    “Two Holes” Sutton cedió a la compulsión. Había venido al saloon con intención de “expansionarse”, como él decía, porque hasta el más encallecido matador lo necesita de vez en cuando. Le habría bastado cualquiera de las del “harén”, pero ahora… Ahora lo sacudía otro apetito, que no habría sabido definir, pero que halló impostergable.

    Por eso, apoyadas por costumbre ambas manos en las culatas de los “Peacemakers”, se encaminó hacia la mesa que compartían aquella hechicera y el rústico. Seguramente este protestaría cuando Sutton apareciese, pero ¿quién se preocupa de un patán, que solo habría usado un revólver para matar alguna culebra? Una de las comisuras de su sinuosa boca se curvó hacia arriba al notar que el individuo estaba desarmado.

    —¡Sí, Lina! —oyó que decía, sonriente, el campesino—. ¡Ya podemos casarnos, querida! ¡Acabo de cobrar por el ganado! ¡Te sacaré de aquí!... ¡Tendremos la casita que tanto anhelaste…, la huerta, las gallinas! ¡Todo esto lo dejarás atrás!

    En el momento en que Sutton llegaba, ella tendía las finas manos para estrechar una de las manazas del hombre. Estaba hermosa de veras, con su boca roja como una fresa moldeada en una sonrisa encantadora.

    —¿De veras, Alger? ¿No ocurrirá como otras veces, que…?

    —¡Nada de temores, mi cielo! ¡Ahora mismo te llevo de aquí y nos casamos!

    —¿Puedo invitarte a una copa, belleza? —Sutton se había inclinado sobre ella.

    El otro levantó la vista, pero no parecía enojado.

    —Está conmigo, amigo. Esto es una conversación privada, así que le agradeceré…

    Sutton lo miró como si recién reparase en su presencia.

    —No hay nada de privado para una chica de saloon. Es de todos, ¿verdad?


    El campesino se levantó bruscamente. Su silla golpeó ruidosamente contra el piso.

     —¡Retire lo dicho! ¡O se lo haré tragar!

    —¡No, Alger! —clamó Lina—.¡No pelees con ese! ¡Es un matador!... ¡Lo conozco, lo llaman “Two Holes”, porque siempre mata con dos balazos…, para asegurarse!

    Era la estricta verdad. El pesado proyectil del .45 era capaz de voltear a un caballo, detener a un toro bravo, e incluso, bien colocado en un ojo, hasta acabar a un “grizzly”. Pero con los humanos era otra cosa. Había que estar seguros…, por eso el segundo hoyo, en medio de la frente.

    Sutton echó hacia atrás el ala del “Stetson” con el pulgar.

    —No sé cómo sabes de mí, muñeca, pero convendría que le aconsejaras a tu pretendiente que no se meta conmigo…, por su salud, ¿entiendes?

    Su mano, hecha garra, amorató el tierno brazo de Lina. Y tiró de ella.

    —Vamos, te vienes conmigo. ¡Que el campesino vuelva con sus vacas!


    —¡Suéltala, canalla! ­—y el enorme puño de Alger se disparó, tendiendo al otro en el piso—. ¡Te enseñaré a respetar a mi novia!

    Desde el suelo, el matador lo miró aviesamente. Con más calma de la que podría haberse esperado, pasó el dorso de la mano por la herida del labio.

    —Te lo buscaste, imbécil.

    Con agilidad de pantera, se puso de pie y apostrofó a su atacante:

    —¡No sabes con quién te metiste! ¡Nadie le pegó a “Two Holes” y vivió para contarlo!... ¡Esto se resuelve de una sola manera! ¡Con los “Colts”! ¡Vamos, a ver si eres hombre, palurdo!

    En ese instante, Sexton Collins juzgó necesario intervenir:

    —¡No permitan esto! ¡Será un asesinato! ¡Un matador contra un inexperto no es un duelo, es un asesinato! ¡Una infamia!

    Sutton lo miró como a una cucaracha.

    —¡Cállate, mequetrefe! ­—Y volviéndose a los otros, que apenas osaban moverse, pe­tri­ficados de miedo—.  ¿Qué dicen ustedes? ¿Les gustan los cobardes en este pueblo?

    Hubo un movimiento general, apartándose de la zona de fuego. Nadie osaría interpo­nerse, y “Two Holes” lo sabía.

    El rústico respiraba agitadamente, y su cara estaba pálida, pero no retrocedió.

    —No vine armado ­—dijo.

    —No te preocupes por eso —respondió el matador—. Te presto uno de los míos. ¡Con el otro me basta para liquidarte! —Y le tendió el arma.

    Algernon la tomó, como si no supiese qué hacer con ella. Su torpeza dolía.

    Collins hizo otro intento:

    —¡No deben permitirlo! ¡Es un asesinato a sangre fría, señores! ¡Ese granjero no sabe ni por dónde sale la bala! ¡Se ve a la legua!

    Pero no le hicieron ningún caso. Aparte del miedo que les daba el matador, casi todos estaban dominados por la atracción morbosa de contemplar aquel espectáculo.

    —¡No, Alger, no! ¡Te va a matar! ¡No puedes contra él!

    Sutton sonreía para sus adentros, aunque su rostro se mostraba tan inexpresivo como una hoja en blanco. Aquello iba a ser pan comido. ¡Hasta de espaldas lo podría hacer!

    Ya estaban frente a frente: uno, vacilante sobre las toscas botas campesinas, balan­ceán­dose un poco, con el revólver vacilándole en el puño; el otro, sereno, displicente, descansando en la experiencia de cien muertes. Si hubiese tenido el hábito de hacer muescas en las culatas de sus “Colts”, se dijo sardónicamente, no le quedaría por dónde empuñarlos…

    —Estoy… listo ­—murmuró el granjero.

    —Te dejo sacar primero… ¡Vamos, saca! ¡Saca, caballero andante! ¡Saca, campe­sino idio…!

    Sus ojos se abrieron, incrédulos, tras el estampido.

    Una flor roja se abrió justo en la pechera de su chaleco, extendiéndose…

    —¿C-cómo pudo…?

    Y fuese lo que fuese que iba a preguntarse, todos sus pensamientos desaparecieron cuando en su sien izquierda se marcó un segundo hoyo de bala (más pequeña esta, de una “Derringer” empuñada por delicada mano femenina) que se los llevó, junto con la vida de Sutton, hacia la eternidad.

    El tiempo se detuvo durante unos instantes que parecieron centurias. Si hubiese caído un cabello al piso del saloon, les habría parecido el retumbar de un trueno. Nadie podía explicarse lo ocurrido.

    Indiferentes a todo, Alger y Lina se abrazaron fuertemente.

    —¡Lo hicimos! —sollozó ella—. ¡Nuestro hermano está vengado!

    —Sí, hermanita ­—dijo el hombre, arrojando el arma a un lado­—. Johnny descansará en paz, porque su asesino pagó por su crimen… Ahora podremos retomar nuestra vida. ¡Y todo gracias al señor Collins, nuestro buen amigo!

    El escritor se les había acercado, y, estirándose, palmeaba las anchas espaldas de Algernon.


    —Ustedes también hicieron lo suyo… ¡Estupenda actuación, chicos! Se caracteriza­ron magníficamente. Aunque —añadió en tono reflexivo—, tú exageraste un poco tu torpeza, Alger. Después de tantos meses de práctica, manejabas el “Colt” como un experto.

    —Pero pese a todo, y lo sabes muy bien, Sexton, nunca podría haberle ganado a Sutton si no lo hubiese hecho creer que aquello sería “pan comido” para él, y no valía la pena que se esforzara…

    —Como sea—coronó Collins—,  ¡meta alcanzada!

    La muchacha, impulsiva, lo besó en la mejilla, que se empurpuró inmediatamente.

    —¡No sabemos cómo agradecerte, Sexton! Si tú no hubieses rastreado a ese canalla, con tanta paciencia, hasta que supiste que vendría a este pueblo…

    El folletinista meneó la cabeza, intentando parecer modesto, aunque era obvio que estaba orgulloso de su hazaña.

    —¡Intrigas más complicadas escribí en mis novelas!... No fue nada. Además ­—su voz tornóse grave—, ¡se lo debía a mi buen amigo Johnny! ¡Morir así…, en la flor de la vida, solo porque un maldito matador quiso lucirse!

    Se volvió a Lina:

    —Una obra de arte ese segundo hoyo, chiquilla… ¡Se lo merecía!

    —Para estar bien seguros —repuso ella—. Con las culebras, nunca se sabe.


     


    (Las ilustraciones son cortesía del gran Arturo del Castillo y de la revista “El Coyote”. Las de historieta pertenecen al primer episodio de la historieta “Randall-The-Killer”, escrita por H. G. Oesterheld para el hoy legendario número inicial del “Suplemento Semanal de ‘Hora Cero’”. Los textos de las mismas fueron adaptados para acomodarse a mi relato que, inspirado en ese episodio de “Randall” se resuelve en un final totalmente diferente y —así lo espero, al menos— también completamente inesperado. Si fuese posible, me gustaría que el cuento mantu­viese el formato propuesto. —CMF)


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    No se va analizar uno de los tantos filmes que llevan este título, sino a un gran artista plástico que, además, practicaba lucha grecorromana profesionalmente en el Teatro Casino. Y si le preguntaban qué le gustaba más, afirmaba que luchar porque recibía aplausos del público. En cambio, como ilustrador nadie lo alentaba.



    Nos estamos refiriendo a Mario Zavattaro, llamado por León Benarós «…el ilustrador paradigmático del Martín Fierro».

    Nació en Génova en 1876, se radicó a los veintitrés años en Buenos Aires (o sea en 1899) y falleció en 1932. Colaboró en los diarios Críticay La Nación, y en las revistas El Hogar, Plus Ultra, P.B.T.y, sobre todo, en Caras y Caretas, donde fueron sus compañeros de trabajo José María Cao y Manuel Mayol. Realizó trabajos a lápiz, tinta, gouache, óleo, pero sobre todo sobresalió como acuarelista. Así ilustró tapas de las revistas citadas y, en Caras y Caretas, retratos, escenas camperas, caricaturas y soldados europeos de la Primera Guerra Mundial.



    Trabó amistad con el músico Ángel Villoldo (compuso El choclo), el actor Enrique Muiño, el director cinematográfico Mario Gallo y los escritores Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones. Así, es el autor de la tapa de la primera edición de La crenchaengrasada, de Carlos de la Púa.

    Fue admirador del gran Charles Dana Gibson (1867-1944), creador del primer tipo de belleza femenina norteamericana, y cuya impecable técnica asimiló.



    Su obra cumbre son las treinta y seis acuarelas que ejecutó para el Martín Fierro,que fueron reproducidas por la firma Alpargatas para sus almanaques de 1937, 1938 y 1939 y, además, con destino a álbumes. Concretó esta genialidad documentándose en las ciento veinte fotos del campo y de la gente bonaerense que había tomado el doctor Francisco Ayerza entre 1885 y 1890. Asimismo pudo acceder al manuscrito de La vuelta de Martín Fierro. También recorrió personalmente la zona.



    En 1997, la Cámara Argentina de Publicaciones premió a Francisco Montesanto por su edición del Martín Fierro, que reivindicó sus acuarelas.

    En las ilustraciones del nombrado poema, de colorido intenso y vital, Zavattaro transmite la sensación de movimiento. Tanto los registros de las escenas a plena luz solar como las nocturnas evidencias su oficio. El retrato que plasmó de José Hernández es un homenaje a su grandeza de escritor: atrás suyo se ve a un recio gaucho a caballo y a una diáfana y bella mujer que bien puede sugerir a una musa. Su figuración es fiel al realismo, dado que registra todos los detalles de la vestimenta del hombre de campo, los arreos de cuero, y los paisajes de ranchos, pulperías, pajonales, ganados y aguadas. Su talento para dibujar bellas mujeres y caballos remite a un artista   más cercano, el portentoso José Luis Salinas (1908-1985).



    Sus caricaturas, plenas en armonía de colores y estudiada composición, no pueden menos que evocar al genio de Toulose-Lautrec: eran obras maestras, dignas de formar parte de una pinacoteca. Había en ellas perspicacia psicológica, satirizaba al personaje deformando su cara y, a la vez, lo estilizaba estéticamente. Algunas (como las de Federico Pinedo, hijo, y el doctor Julio Méndez) parecen fotografías retocadas dada la autenticidad que transmiten sus trajes.




    Según Enrique LipszycSus dibujos inconfundibles, sus cabezas femeninas, sus magníficas acuarelas e ilustraciones, aquellas caricaturas de intención aguda, donde la elocuencia surgía espontánea de la expresión de la figura, estaban animadas, íntimamente, por el soplo del verdadero arte.”












    Germán Cáceres




    Bibliografía


    -https://ilustración.fadu.uba.ar: «Mario Zavattaro/Archivo de la ilustración argentina».

    -https://www.clarín.com.ar: «El artista que ilustró el Martín Fierro con 36 acuarelas”.

    -https://www.google.com.ar: «Mario Zavattaro».

    -http://www.lanacion.com.ar:«El pintor del Martín Fierro», por Fernando Sánchez Zinny.

    -http://www.lanacion.com.ar: «Viejos retratos del Martín Fierro», por León Benarós.

    -http://www.museodeldibujo.com: «Biografía de Mario Zavattaro».

    -https://www.taringa.net: «Mario Zavattaro – Ilustraciones del Martín Fierro».

    -Lipszyc, Enrique, El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.

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  • 10/10/17--21:41: Entrevista: Arcadio Esquivel

  • Lugar de nacimiento, de residencia, edad.




    1- Yo nací en San José, Costa Rica el 10 de enero de 1959, actualmente vivo al este de San José, la capital.


    ¿Cuándo y dónde comenzó a publicar?

    2- Mi primera publicación fue en un semanario de orientación comunista llamado "La Verdad", por cierto esto sucedía mientras era estudiante de secundaria, o sea a mis 19 años. El periódico tenía su sede en las inmediaciones de la Universidad de Costa Rica, donde al año siguiente ingresaría.




    ¿Cuánto personajes y series desarrolló a lo largo de su carrera como dibujante? ¿Qué repercusión tuvieron/tienen?

    3- Bueno dibujé muchos personajes antes de hacerme del hasta ahora más importante para mi carrera:

    Facundo, un hombre de unos 30 años que viajaba con su hijo viviendo muchas aventuras, se publicó en el semanario costarricense en inglés llamado The Tico Times (años 80).

    Mafiel, un robot pícaro que hacía críticas sobre los políticos corruptos, se publicó en diario La Repúblia de Costa Rica (años 80).

    Paz Significa, una serie de tiras cuyo personaje una paloma de la paz humanizada, nos explicaba como hacer y vivir la paz en nuestras vidas, se publicó en The Tico Times ( años 90).


    ¿Cómo definiría su estilo de dibujo?

    4- Difícil definir yo mismo mi estilo, pero tengo mucha influencia española pues fue en una escuela de ese país donde realicé mis estudios como dibujante humorístico, también mucho del estilo de la escuela argentina, pues debí estudiar los estilos de muchos dibujantes de ese país y por supuesto la escuela norteamericana, dada la penetración del comic de ese país en toda América Latina.



    Un listado de medios en los que publicó?

    5- He publicado antes y ahora, en muchos periódicos y revistas: Miami Herald, Newsweek, The Week (Londres), Japan Times, Le Soir (Bélgica), La Prensa (Panamá), El Nuevo Día (Puerto Rico), Courrier (Francia), United Skecthes (Francia), La Nación (Costa Rica),     Mercury News (EEUU), Washington Post (EEUU), USA Today, US News and World Report (EEUU), Cagle.com (EEUU), Cartoonmovement.com (Holanda), Toonpool (Alemania) y muchos más. Aparte, Wences se publica en Noruega, Alemania, España, Nueva Zelanda, Brasil, Argentina, Costa Rica, EEUU y desde esta semana en Corea delSur.


    ¿La mayor parte de su obra la desarrolló en exclusiva para medios de su país?

    6- Al contrario, la mayor parte de mi obra la he desarrollado para medios fuera de mi país. En Costa Rica no publico en ningún medio, acá no se confía en ningún artista como para que este publique sus opiniones gráficas en los medios.



    Sus historietas se estudian en la Universidad ¿es asi?

    7- Si, mis historietas se estudian en la Universidad de Costa Rica, Escuela de Estudios Generales. Fue ahí, en las aulas de esa universidad, donde nació Wences, así que desde entonces (2001) se analizan por parte de grupos de estudio cada semestre. Desde este segundo semestre de 2017, se ha tomado como referencia la revista Historieta Patagónica La Duendes para que los estudiantes tomen de allí la información sobre Wences. El estudio se extenderá a otros artistas argentinos a partir del primer semestre del 2018.




    Parte de su trabajo se desarrolla en el ámbito académico, del cual posee una extensa trayectoria ¿Cómo se complementa con su actividad como dibujante?

    8- Mi trabajo que se desarrolla en el ámbito académico se complementa a la perfección con mi actividad de dibujante y pintor. Tengo a cargo 4 Talleres de Caricatura en la Universidad de Costa Rica y en las aulas, aparte de la teoría de la caricatura, vemos una intensa actividad de dibujo. También en Canal 13 (Estatal), tengo un programa educativo llamado "El Mundo de Arcadio" donde hago pinturas y dibujos artísticos que amplían mi experiencia como artista. Les dejo el link de mi canal en www.youtube.com/cartoonarcadio.


    ¿De dónde o cómo surge la inspiración para el dibujo y los temas?

    9- Los temas surgen muchas veces de manera espontánea, pero también a raíz de la información, leo mucho y creo que eso nutre la capacidad de producción en todos los ámbitos.



    ¿Cuántos libros tiene publicados y de qué tratan?

    10-Tengo 17 libros publicados bajo el "Dibujando con Arcadio", todos educativos, excepto dos que son de entretenimiento: Las aventuras de Wences 1 y Humor deportivo.


    ¿Qué es el humor gráfico?

    11-El humor gráfico, bajo mi criterio personal, es la realización de una opinión con carácter humorístico a través del dibujo, donde el autor se expresa con intenciones críticas sobre temas de actualidad o temas de puro humor sin intención crítica.




    Autores que admira o para destacar?

    12-Fontanarrosa, David Levine, El Roto, Joaquín Lavado, Ranan Lurie, son algunos de los autores en los que me he inspirado para mi obra personal.



    ¿Sugerencias a los autores que se inician?

    13-Uno puede sugerir muchas cosas a los autores nuevos, pero hay una cosa que el joven autor debe tener en cuenta, la perseverancia.




    ¿Se puede vivir de hacer humor gráfico?


    14-No, si se depende solamente de los medios, pero si,  cuando se tiene el respaldo de instituciones o empresas serias que pagan por los servicios de caricatura, historieta y arte en general. En mi caso la Universidad de Costa Rica es mi empleador y me permite realizarme como autor y caricaturista.


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    (Víctor Valdivia, Potosí, 1897-1967)



    Dos épocas de Valdivia


    Debido a una beca que le concedió el gobierno de su país, fue alumno en el período 1918-1922 del gran Pío Collivadino en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires, de la que egresó como Profesor Superior de Dibujo. Se dedicó al periodismo y a la ilustración. Colaboró en Última Hora, Plus Ultra y, principalmente, en la mítica revista Caras y Caretas, de la cual fue Jefe de Dibujantes. En 1939, para el diario El Díade La Plata, adaptó en historieta la novela Los caranchos de laFlorida, de Benito Lynch. Retornó a Bolivia en 1967. Poco se sabe acerca de su trayectoria como pintor, salvo que expuso su obra en Buenos Aires, Rosario, La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí y Sucre, y que Carlos Salazar Mostajo en 1989 escribió: “En uno de sus viajes a La Paz trajo una exposición que fue una demostración de su gran talento pictórico para la interpretación del paisaje potosino. Nunca se había pintado el ambiente atmosférico de esa tierra con tanta convicción, con tanto realismo.




    En Caras y Caretas hay historietas de humor gráfico muy originales, en las cuales homenajea a Carlos Gardel, Azucena Maizani y Francisco Canaro. Utiliza doce viñetas con diálogos, pero debajo de ellas un texto mínimo desarrolla una narración. El mismo procedimiento lo repite en otros trabajos de cuadro único que podrían calificarse de cartoons,  algunos de los cuales no contienen globos. En estos sus figuras son sumamente sintéticas, casi boceteadas, como las que integran la serie «A punta de lápiz».




    También ilustró tapas sobre obras literarias, demostrando en algunas su formación académica en el tratamiento del color y la representación de la figura humana (p.e. en Hoguera de amor, de Edmundo Montagne; El camino de las llamas, de Hugo Wast). Otras de esas tapas optaron por la caricatura, como La casaca roja, por Manuel Komroff; El combatede las fieras, por A.E. Coppard; El hombre que no sonreía, por Heriberto Shaw; El agregado, por Benito Lynch. Y algunas las realizó en blanco y negro: El especialista en divorcios, por Víctor Juan Guillot; El candidato invisible, por J. Jacquin.




    Las caricaturas de periodistas (entre ellos Juan José de Zoiza Reilly) son joyas artísticas. La del presidente uruguayo Dr. Gabriel Terra está influida por el respeto a su investidura y es más convencional. La del Dr. Adriano Díaz Cisneros, Administrador de Impuestos Internos, tiende más al estilo burlón como asimismo la del enviado plenipotenciario de Portugal, Dr. Fernando Quartin D´Oliveira Bastos.



    Poéticas y estilizadas son las caricaturas de «Nuestras escritoras» (Alfonsina Storni, Victoria Ocampo, Luisa Israel de Portela, Mercedes Moreno, Delfina Bunge de Galvez y Carmen S. de Pandolfini). En «Nuestros escritores» es menos refinado pero sus trazos rezuman calidad (Alberto Gerchunoff, Enrique Banchs, Enrique Méndez Calzada, Arturo Cancela, Constancio C. Vigil y Roberto Giusti). Los mismos lineamientos los aplica en «Nuestros pintores»: Fernando Fader, Césareo Bernaldo de Quirós, Jorge Soto Acebal, Pío Collivadino, Carlos P. Ripamonti, Emilio Caraffa.



    Es autor de ocurrentes caricaturas políticas, como los seis hombres enfrentados con armas y que representan a otros tantos países: España, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Bélgica. O la de funcionarios de la Capital Federal sentados a una mesa y dispuestos a engullirse glotonamente los platos de comida que llevan el nombre de nuestras provincias.





    Caricaturizó a personajes de nuestro campo que provenían de la series radiales «Chispazos de Tradición», creada por Andrés González Pulido, y «Bajo la Santa Federación», de Carlos Viale Paz y Héctor Pedro Blómberg. Salvo las enormes cabezas, los cuerpos son proporcionados y sus vestimentas sumamente precisas.





    Una bella imagen de una pareja de gauchos –hay una mujer con porte de heroína–, muestra su dominio técnico de la composición en diagonal y una magnífica armonía de complementarios hecha de gradaciones de verdes y rojos difuminados. Tanto los personajes como los respaldos de las sillas y un farol se orientan verticalmente y hacen juego con las líneas horizontales que aparecen en el poncho de la mujer y en el chiripá del hombre. La grafica en negro pleno funciona como ornamentación. Se puede considerar tanto una ilustración, una estampa o  un cuadro digno de exhibirse en una galería o en un museo.



    Otra maravilla de su maestría en el manejo del color lo proporciona la escena en la cual una india se retira de una mesa después de servir a dos parroquianos. Es exquisita la estilización que plantea en una reunión elegante en la página que titula « ¡Nochebuena!». Otro ejemplo de exquisitez y refinamiento lo transmite la ilustración de una pareja besándose sentada en un sillón. Recurre a una armonía monocolor: el verde en diferentes tonalidades se embellece con ornatos distribuidos en los círculos estampados del vestido de la mujer y en las flores y plantas de una maceta.



    Merece destacarse que ilustró el libro Cajita de música: texto de lectura para primer grado superior (Buenos Aires, Estrada, 1954). Se trata de buenos dibujos que destilan inocencia e ingenuidad, propios para chicos de ese nivel escolar. Los colores sobresalen por su delicadeza.



     Resulta oportuno repetir los conceptos que emitió el diario La Razón en 1929: “Porque en Valdivia uno de los aspectos más simpáticos de su obra lo constituye la espontaneidad, tanto como la sencillez, a cuyas cimas es posible llegar mediante una técnica largamente practicada, y, desde luego, con un sentido de apreciación que sólo se halla al alcance de grandes artistas.”





    Germán Cáceres



    Bibliografía


    -historietapatagonica.blogspot.com.ar: «Rincón retro. Grandes ilustradores del pasado: Víctor Valdivia, Chispazos de Tradición, 1933».

    -http://elias-blanco.blogspot.com.ar:«Diccionario Cultural Boliviano: Víctor Valdivia».

    -http://www.museodeldibujo.com: «Valdivia, Víctor».

    -https://luisalberto941.wordpress.com: «TOP-COMICS: América y sus dibujantes en la historieta argentina».


    -Lipszyc, Enrique: El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas. Editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.


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    Se trata de la aparición del libro Hora Tres, Historietas, Antología 2017 (Buenos Aires, 2016, 200 páginas). Su equipo es el siguiente: factótum: Julián Blas Oubiña Castro; consultor: Alfredo Grassi; gráfica: Julia Rodriguez; portada: Franco Martín Viglino. En «Sobre el proyecto» se aclara: “Es una publicación cultural que no necesariamente persigue fines de lucro, pero sí de difusión y divulgación del arte narrativo y secuencial, de homenaje a la tradición de la historieta argentina, y de búsqueda de una síntesis de pensamiento frente a la historia, evolución y dinámica del medio”. Además, advierte que el sello Ray Collins Syndicate que figura en la tapa es un tributo al consagrado guionista Eugenio Zappietro.





    En la publicación  aparecen numerosas ilustraciones (hasta en las tapa y contratapa) de Reina (una de las novias del Sargento Kirk), como homenaje “…a la historieta de mayor bondad y candidez que tuvimos.”, apunta Oubiña Castro en una suerte de prólogo. Los autores son Franco Martín Viglino, Fátima Fuentes, Marcelo Sosa, Jok, Paula Andrade, Laura Gulino, Derlis, Kundo Krunch, José Muñoz, Lea Caballero, Martha Barnes y Hernán Luis Castellano.




    En El gato y la memoria (guión y dibujos de Luis García Durán) predominan los contrastes entre el blanco y los detalles en negro puro. Utiliza los textos para señalar el intento de su protagonista, el gángster Frank, de recordar lo ocurrido, ya que mientras se está  recuperando de un desmayo descubre que se encuentra herido. El resultado es un conjunto de imágenes vigorosas que ilustran un guión que mantiene el suspenso y la intriga sobre un asalto que tuvo complicaciones. Bukowski, del mismo artista, se inicia con dos poemas del gran exponente del realismo sucio norteamericano. Uno de ellos finaliza así: “…mis manos muertas/mi corazón muerto/silencio/adagio de rosas/el mundo en llamas/eso es lo mejor/para mí.” En la historieta García Durán narra con seguridad y ágil planificación el derrotero de un perdedor. La última viñeta concluye con una de cita del mencionado escritor y se transcriben también otros dos  poemas. Según Oubiña Castro, ambas historietas fueron realizadas para el mercado italiano.




    Hernán Luis Castellano (dibujo) y Oubiña Castro (guión) emprenden en Los actos de codicia un western que presenta un tiroteo entre bandidos, cuyo motivo recién se conoce al final. El guión atrapa y el dibujo se luce con el entrelazamiento de viñetas. El mismo dúo es responsable de El revés de la trama–con un grafismo y un guión sólidos muy diferentes al anterior– y de Ubi Sunt, en la que abunda la sugerencia. En Möbius Crux, a Oubiña Castro lo acompaña Fernando Brancaccio, que aporta dibujos trabajados con filigranas sobre páginas negras acerca de una historia fuera del tiempo y del espacio terrestre, en la que impera el horror y los actos de violencia. El otro espejoreflexiona sobre la muerte y la inmortalidad, y es Laura Gulino quien da imagen a textos de Oubiña Castro basados en el primer emperador de China.



    Trampa cósmica, con guión de Alfredo Grassi, relata el descenso de un espacionauta y de un robot-humanoide en Fobos, un diminuto satélite de Marte que carece de dimensiones. El texto propone un desarrollo formidable y da pie para posibilitar una versión literaria. Notable el trazo de Ernesto Melo, hecho de oposiciones de  blancos y negros. Imaginativo el diseño de viñetas sin marcos y cuya composición se libera de toda normativa. El prólogo aclara que fue publicada en Skorpio, y que “La versión actual ofrece un diferente tratamiento estético, pero respeta a rajatabla el grafismo original”.



    Perché lo fai?/José Muñoz en primera persona es un autoreportaje que tiene una extensión de treinta y seis páginas a tres columnas y en cierta forma constituye un recorrido por la historieta nacional, en el cual se añora las viejas publicaciones (“El blanco y negro, el papel berreta con que se hacían las revistas, inclusive la impresión aproximativa con los colores que Stefan Strocen ponía en la tapa de Misterix, casi siempre corridos, todo aumentaba el encanto”).  Los agudos y sensibles comentarios del artista están acompañados por sus dibujos, la mayoría de Alack Sinner. También hay trabajos de Hugo Pratt y de Ramón Columba y fotos de José Muñoz junto a Alberto Breccia, Pablo Pereyra, Solano López. Se cita a Milton Caniff, Art Spiegelman, John Cullen Murphy, Frank Robbins, y aparecen fragmentos de las charlas de Muñoz con Breccia, Solano, Pratt y Oesterheld. Esta especie de monólogo interior posee un tono melancólico, tan argentino como porteño. Respecto a su colaboración con Carlos Sampayo, sobre Alack Sinner opina: “Como personaje nos empezó a ayudar; y después, cuando se volvió persona, se volvió amigo y compañero.” Más adelante comenta: “El dibujo, la narración historietística, el arte secuencial, la literatura dibujada, la figuración narrativa, los papelitos, los manchones, etc., me sirven de calmante, me ensueñan, me predisponen para trabajar sentimientos colectivos ante el público, ante mí y ante los famosos otros”. El escrito está fechado en Buenos Aires, Confitería Saint Moritz-2013.



    La extraña historia de mi lápiz (2014), con guión de Roberto Barreiro y dibujos de Edu Molina, a quienes Oubiña Castro considera “…dos de los más destacados actores de la escena independiente de los 90”, expone una gráfica estilizada, como si fueran simples bocetos hechos de líneas. Al fin de cuentas su narración se centra en un dibujante y su lápiz.

    Al servicio de la impunidad, por N.N. –quien “es casi un anónimo en el medio independiente…”, afirma en dicho prólogo– es un original planteo visual y narrativo. En Una historia…, el mismo autor sostiene que la política argentina nunca dejó de reprimir, cualquiera fuera el gobierno de turno. Es el texto que narra a través del testimonio de un personaje del cual sólo se ve la cara demacrada por el sufrimiento y la edad avanzada. Los dibujos no funcionan como cuadritos sino que son ilustraciones de torturas y otros atropellos.



    La nota Las lecturas infantiles y la masividad de la historieta argentina, de Ricardo de Luca y Oubiña Castro, plantea que las historietas publicadas por Columbadurante sus años de mayor masividad no eran para chicos sino para adultos, mientras que en Editorial Columba y la cultura argentina, dos momentos de intervención,ambos autores distinguen dos acepciones de la palabra cultura: aquella que solo considera cultas a las personas que saben apreciar las obras de arte superiores, y la otra, llamada antropológica, más amplia y abierta, que está relacionada con las maneras de sentir, pensar y actuar de las sociedades. De la historieta argentina al cómic nacional, por Oubiña Castro, reseña una historia de la historieta argentina y señala las relaciones de la evolución política y económica (inflación, devaluaciones, deuda pública, déficits fiscal y de la balanza de pagos, fuga de capitales, crisis financieras) en la dinámica de la Editorial Columba–a la cual no deja de alabar– y en el mercado de la historieta nacional. La nota es extensa (alcanza las veinte páginas de triple columna) y otorga una especial atención a los fanzines. Da pena leer la recapitulación de las numerosas revistas de historietas que dejaron de aparecer a partir de 1991.



    Excelente y emotiva la trama de Un lied para elsoldado muerto, con guión de Jorge Morahin, complementado por el arte de Gianni Dalfiume, que emplea expresivos contrastes de blancos y negros. Muy meritoria la planificación. La tragedia de la guerra aparece con una intensidad digna del Ernie Pike, de Oesterld-Pratt. El texto inferior de su último cuadrito dice así: “¡No lloréis! ¡Oh, no lloréis, camaradas!/ ¡Oh, camaradas! ¡No lloréis en el campo de batalla!”. En el prólogo se aclara que fue realizada para la revista Turay, que dejó de salir en 1975, en su Nº 4.

    Boiled muestra expresivos dibujos de Renzo Podestá que refieren acciones dinámicas con audaces angulaciones. Utiliza siluetas blancas sobre fondos de negro pleno. Su guión es una mezcla de actos sangrientos con elementos de ciencia ficción. Oubiña Castro opina que Podestá “puede ser considerado el artista más interesante –y terrible– de la escena independiente argentina”.

    El material de HORA TRES es sumamente valioso y –tal como anuncia el título de esta nota– constituye una auspiciosa iniciativa para potenciar la historieta argentina.




    Germán Cáceres  


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    Carlos Amorin (Carlos Alberto da Costa) nació en Río de Janeiro en 1964 y comenzó a publicar en 1984 sus trabajos de humor gráfico en el semanario Pasquim. De 1989 a 1998 colaboró como caricaturista en el Jornal dos Sports. Actualmente también realiza ilustraciones e historietas.

    Es autor de Canastra Suja, un libro de cartoons.

    Realizó trabajos para importantes empresas brasileñas. Obtuvo numerosos premios internacionales y fue invitado a participar en exposiciones en Francia, Bélgica, Bulgaria, Polonia, Portugal, México, Macedonia, Rusia, Turquía, Irán, Israel, Hungría, Italia, Cuba y Japón. Asimismo, fue disertante en varias de ellas.

    Muestras individuales suyas se presentaronen el Museo Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro (1999) y en el Museo de Ingá (Niteró, Brasil, 1993). Actuó como jurado en concursos de su país y del exterior.

    Ilustró libros infantiles y dirigió cursos de Diseño, Humor Gráficoe Historietas en instituciones de Río de Janeiro.





    Germán  Cáceres: En su mayor parte tu obra está compuesta por humor gráfico de cuadro único, es decir por cartoons, y un gran número de estos son mudos. Yo tuve la oportunidad de visitar festivales de esta especialidad en Europa Oriental, más precisamente en Budapest (Hungría) y en Skopie (Macedonia), y me llamó la atención el fervor que existe en estos países por este arte. Además, muchas viñetas están pintadas al oleo o con acrílico y podrían pasar –si no se aclarara que son cartoons– por exhibiciones plásticas. ¿Influyó esta orientación en tus dibujos?


    Carlos Amorin:No mucho. Uso básicamente papel, lápiz y tinta china en mis trabajos. Prefiero hacerles en blanco,  pues empecé a publicarlos en diarios que no tenían el color. No está conectado a tintas y técnicas variadas. Para mí lo importante es llegar al lector de la forma más simple y rápida posible. El aceite o el acrílico tardan. No me creo un artista plástico. Desde el principio me considero un cartoonistque ha aprendido a producir con la urgencia de un periodista.





    G.C.: Me parece que tu grafismo se inclina por la gama cálida (a veces con grises y detalles en azul). ¿Esa preferencia la motiva algún criterio estético?
    C.A.: El único criterio es captar el momento. Si el asunto es grave, creo que no caben colores alegres, por ejemplo. Pero no se trata de un protocolo que sigo rígidamente.


    G.C.: Observo que en ciertas viñetas –como en la que aparece la ciudad de Davos en llamas y se repite la palabra crisis– hay una intencionalidad política. ¿Este objetivo es frecuente en tu humorismo?

     C.A.:Si, claro. No hay humor que no sea político. Incluso el cartoon aparentemente no comprometido tiene una tensión a ser explorada. El rico, el pobre, el capaz, el incapaz, el arrogante, el prepotente. Esta es la materia prima del humor. Muchas veces confundimos lo "político" con el "político partidario".



    G.C.: Representás a tus personajes a través de trazos sintéticos, sin sombreado y con propensión al feísmo. ¿Qué razón te inclinó hacia esta gráfica?

     C.A.: Vamos desarrollando el estilo a través de los años, dibujando y viendo lo que funciona. Creo que el trazo del dibujante NECESITA ser único. Todos los cartoonists saben dibujar una silla, por ejemplo. ¿Para qué perder el tiempo si se hace igual a miles de otras? Nuestro trabajo sobrevive si el lector conoce la diferencia. Si no sucede, tú eres uno más perdido entre miles. Cuando afirmo que el rastro del dibujante NECESITA ser único, no digo que sea fácil. Esto es una demanda que generalmente dura toda una vida, sin la certeza de que vamos a conseguir algo.

    G.C.: En algunos cuadritos tus personajes guiñan un ojo. ¿Por qué?

     C.A.:Sólo un afán de acentuar alguna expresión facial, sin una segunda intención.




    G.C: Noto que abordaste varias veces el deporte. ¿Encontrás en esta actividad inspiración para desplegar tu humor? ¿O fue porque incidieron en tu profesión los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016?

     C.A.: Trabajé varios años como caricaturista del extinto Jornal do Sports (1989/1998), en Río de Janeiro, y me dio muchas satisfacciones. Lógicamente, es más fácil diseñar el fútbol que apreciarlo. Desde pequeño iba a ver partidos en el Maracaná. El juego es siempre árido, pero como cualidad humana es muy valioso hablar sobre fútbol, sus falsas glorias, sus falsos fracasos, sus errores y aciertos.

    G.C.: ¿Buscás que el lector participe y se esfuerce en interpretar el chiste? Por ejemplo, en «Antidoping» los tres ganadores que integran el podio exhiben vasos de cerveza de mayor a menor tamaño de acuerdo a su clasificación.

     C.A.: Este es un cartoon sin palabras, sólo utilizo las imágenes para transmitir el mensaje. No me hago ilusiones de que todos los lectores lo entiendan, las interpretaciones de cada uno de ellos son libres. Pero busco, sí, facilitar al máximo el entendimiento. Cuánto menos interpretación haya, mejor.


    G.C.: También están presentes en tus cartoons tanto el absurdo, como lo surreal o lunático. ¿Te ubicás con comodidad en este ámbito?
     C.A.:Sí, cuando la idea va más allá de lo usual y sigue siendo pertinente. El humor es siempre un lente de aumento, que expande y aumenta de tamaño algunas situaciones críticas. La exageración sirve para ver mejor y llegar a la síntesis.

    G.C.: ¿Admirás a algún cartoonist?

     C.A.:Sí, al brasileño J. Carlos (1894-1950).




    G.C.: ¿Seguís haciendo caricaturas?

     C.A.:Sí. El mercado ha cambiado bastante sobre lo que se entiende por una caricatura personal. Confunden retrato distorsionado con una caricatura. Veo trabajos bellísimos erróneamente llamados caricaturas. Pero la caricatura va a sobrevivir a esa fase, sin duda.
     G.C.: ¿Te atraen las historietas de género?
     C.A.:Sí. Publiqué decenas de títulos. Pero en Brasil se produce una masacre con los periódicos que publican historietas. La mayoría están extintos y los que sobreviven están en las ediciones digitales. Los cómics en Brasil resisten bravamente en librerías mediante ediciones de pequeñas tiradas. En internet, entre varios títulos, actualmente republicaron  Rua Paraiso en la dirección https://www.facebook.com/RuaParaiso/


    G.C.: ¿Probaste dibujar historietas que no son tiras cómicas como Rua Paraiso?

     C.A.:Dibujé el álbum Aconteceu na Lapa (novela carioca en historietas), texto de Luis Pimentel y algunos otros proyectos menores. Me gustaría producir más en el futuro.


    G.C.: Me parece que en la actualidad los lectores se inclinan más por el humor gráfico que por las historietas. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

     C.A.:Cada uno de ellos tiene su público específico. Lo que pasa es que el humor gráfico es ideal para las redes sociales, dada su comunicación y la facilidad de divulgación. Esto no sucede con las páginas de una historieta.


    G.C.: Entiendo que seguirás las actividades de los humoristas argentinos, cuya lista es interminable y su calidad indiscutible. ¿Podés comentar tus impresiones sobre sus trayectorias?

     C.A.: Siempre he acompañado a los maestros. Fontanarrosa, Crist, Sábat. La revista Humor se recibía aquí esporádicamente. Todo era muy difícil de llegar por aquí. Y si lo hacía era con retraso. Lo que veo hoy es que con internet hubo una explosión de excelentes cartoonists. Muchos de ellos terminaron teniendo contacto de inmediato y editan y yo los sigo en tiempo real. Y son decenas con excelentes trabajos de crítica y humor.


    G.C.: Hablemos ahora sobre tus ilustraciones para libros infantiles, que exhiben un diseño sumamente simpático y pleno de ternura.


    C.A.: Esta es otra vertiente que me gusta hacer. El poder concentrarse en la ilustración, sin la acidez cotidiana, es casi una purificación mental.



    G.C.: ¿Ves películas de animación? ¿Te interesaste alguna vez por esta categoría cinematográfica?

     C.A.:Veo poco. Sólo las creaciones personales. Pero en su esencia es una actividad industrial.

    G.C.: ¿Frecuentás exposiciones de pintura o de arte conceptual?

     C.A.: A veces caminando por la calle, acababa entrando en alguna puerta incorrecta y cuando percibía esto ya estaba dentro de una galería. Solo hago  excepciones para las exposiciones de grandes maestros que pasan por Río de Janeiro.

    G.C: ¿Tenés algún proyecto en vista?
     C.A.: Sí. Pagar mis cuentas al día.

    http://amorimcartoons.com.br/quemeamorim.html





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    (Editorial Universitaria de la Patagonia, Comodoro Rivadavia, 2017, 92 páginas)





    Instructivo y emotivo el prólogo del Doctor Alberto Ayape, Rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

    Alejandro Aguado (guión y dibujo), en una suerte de advertencia a esta segunda edición, informa que la gráfica se orienta al realismo para reflejar la ambientación del período en que Mosconi (1877-1940) tejió su histórica epopeya. Y en la introducción comenta: “La historieta, al combinar textos e imágenes, presenta la ventaja de resultar más atractiva que un texto extenso. Por eso también se la conoce como “el cine barato”`.



    Debe destacarse la intensa investigación realizada por el autor acerca de la carrera militar de Mosconi  y sus programas industriales en su carácter de ingeniero civil, así como de su férreo pensamiento nacionalista. Para ello diagrama una imaginativa página en cuadritos que se despliegan en abanico.



    También subraya las conversaciones que mantuvo con el pionero de la aviación Jorge Newbery, cuyas opiniones  tanto influyeron en  su ideología (“Estoy convencido de que se debe desarrollar una industria nacional. A la vez, desde el Estado, se debe cuidar que en el país no se formen monopolios de empresas privadas extranjeras.”) Y, más adelante, un globo de diálogo de Mosconi afirma: “Estoy convencido que no habrá emancipación económica de Argentina sin la de América Latina.”



    Aguado impregnó a sus dibujos de un toque de humor gráfico y mezcló en las viñetas personajes famosos de esta vertiente, como el Coronel Cañones, Don Fulgencio, Lupin, Fallutelli, Don Nicola, Agapito, Maneco, Sarrasqueta, Carbajo y Evaristo (este último es de historieta). Más allá de la versación y calidad visual del libro, su lectura resulta sumamente agradable.





    Una viñeta página da cuenta de sus proyectos innovadores respecto a la aviación y otras dos explican las transformaciones económicas que trajo aparejada la explotación de petróleo en la Argentina. Además, se mencionan las distintas comisiones directivas, hasta que, en 1922, al crearse YPF, se lo nombró Director General.



    Aguado utilizó su arsenal de recursos gráficos para ensalzar la figura relevante de Enrique Mosconi. Así, es excelente la recreación de época, especialmente los automóviles que en cierta forma decoran los cuadritos. Son muy eficaces los negros plenos y notables las representaciones de las edificaciones, de las destilerías (en especial las de La Plata y de Comodoro Rivadavia), de las torres de perforación y de la red de surtidores de aquel momento.



    Lograda por su dramatismo es la sucesión de viñetas –en su mayor parte mudas– que dan cuenta del golpe de estado del 6/9/1930, que llevó al poder a José Félix Uriburu.



    Al final se acompaña una bibliografía sobre Mosconi y la temática petrolera, a la que en el futuro deberá agregarse este valiosísimo aporte de Alejandro Aguado.




    Germán Cáceres 


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    (Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 84 páginas)





    Comienza con un elogioso prólogo sobre la trayectoria de Martha Barnes a cargo del prolífico guionista de historietas Armando S. Fernández. También hay una presentación de Marcelo Bukavec que enumera las virtudes de la artista en las cinco historietas que componen el libro.


    Día siniestro en Bombay (1966), adaptación de Kurt Singer y Jane Sherrod, muestra interiores de intensos negros que contrastan con pequeños fondos blancos. Muy sólido este guión de espionaje: se trata de una historieta en la cual la función gráfica consiste en ilustrar la narración de los textos superiores, inferiores y laterales.

    En Stella Maris (1981), versión de Rafael Dante, su trazo ágil otorga ritmo y vibración al relato. Asimismo se luce en el empleo de grises. El guión sigue la orientación didáctica de la revista católica que la publicó: Esquiú.


    De los famosos Cuentos del Emir se seleccionó el episodio Nº 39: «Una vez, un maestro» (1996), con textos de José Luis Arévalo. Abunda en ornatos que aparecen en las vestimentas árabes, en los cortinados de las habitaciones y en las mantas que cubren los lomos de camellos y dromedarios. Resulta audaz la planificación así como la composición de página. El guión exhibe un romanticismo propio de las revistas femeninas edulcoradas, pero está bien estructurado.



    A Virginia Lang (seudónimo de Armando Fernández) pertenece el guión de Pasional, 1993. En el episodio Nº 1, «Cuando encontré a Favio», la belleza femenina es un pilar; hay, además, planos audaces que se ensamblan, hermosas filigranas, refinadas aplicaciones de grises y una inteligente distribución de diálogos en off. Es también una convencional historia de amor, pero, sin embargo, el guionista se ingenia para que atrape. En el episodio 2 de idéntica serie, «No pienses en mañana», los desnudos están plantados con soltura. Los planos alejados de la pareja besándose son magníficos; cada viñeta es una bella imagen. En «De los cuerpos y las almas», episodio Nº 3, llega el esperado final feliz.



    Una sorpresa la constituye Crónicas de una policía argentino en NuevaYork, episodio 1: «Balas que matan el Alma» (1987). Lo interesante es que fue dibujada para Estados Unidos, pero sus textos se perdieron, y el Grupo Rebrote urdió un ingenioso guión en 2014. La dibujante  abandona las fiorituras para brindar un estilo despojado.

    Se trata de un libro para disfrutar el arte de Martha Barnes.



    Germán Cáceres



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    de AA.VV.


    (La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2018, 98 páginas)





    La tapa de Viginia Nahuelanca y la contratapa de Pablo Burman aluden al sentido telúrico de las historias contenidas en el libro.

    En La luna que ilumina el tiempo. Cautivos, conquistas y venganzas en la Patagonia, 1820-1890, el guión de Alejandro Aguado señala con pequeños y certeros diálogos estos sucesos de luchas intensas, y se luce, a través del trabajo de planos, el dibujo a pluma de Esteban Resano.



    Daniel E. Varela(guión y dibujo) desarrolla en La pasto verde un valioso rescate de la vida de Carmen Funes de Campos (“Doña Carmen”), una mujer ejemplar que se caracterizaba por su sentido humanitario y aventurero: gracias a que encontró kerosene en el agua, se descubrió petróleo en la región y se realizaron en 1915 las primeras perforaciones en Plaza Huincul.



    Un dibujo de amplias viñetas de fondo gris y sentido decorativo traza Stani (también responsable del guión) para plasmar un dulce y poético relato: La leyenda de Koonek.



    Un viaje solidario–guión de Alejandro Aguado y arte de Lisandro Pejkovich–, aunque despliega extensos globos de texto, se apoya en cuadritos mudos para ofrecer situaciones lindantes con lo demoníaco. Sugestivo el guión por sus constantes  alusiones, y convincente la gráfica de fuertes contrastes de blancos y negros.



    Muy original Florencia Paccela (texto y dibujo) al presentar con Igual existo breves historias sobre un posible extraterrestre y la famosa luz mala.



    Encuentro en Cholila (Chubut) plasma un homenaje a los historietistas Carlos Casalla y Hugo Pratt al hacer intervenir a los personajes Cabo Savino, Corto Maltés y Rasputín  en una aventura junto a tres integrantes de la famosa banda Wild Bunch (Butch Cassidy, Sundance Kid y su novia Ethel Place). José Massaroli vuelve a demostrar su maestría tanto en los textos como en la gráfica. 



    Dante Giovanni, que trabaja como animador, desarrolla en Dinos(de la que es responsable en su totalidad), una página humorística sobre los dinosaurios.



    Turismo mitológico describe un paseo de dos parejas por la zona patagónica, en la que se van evocando historias de la región: Los hermanos Pincheira, el cacique teuhelche Casimiro, el famoso marino Luis Piedrabuena y los senderos recorridos por malones con sus cautivas. Gezzio recurre a siluetas negras para enriquecer el creativo guión de Oenlao.



    Alejandro Aguado(texto y arte), con un estilo de dibujo emparentado con el humorismo, revela en Historias breves de Patagonia reseñas jugosas, únicas y sorprendentes, como si las hubiera extraído de un libro que bien podría titularse Las mily una noches patagónicas.




    El Don Casimiro. Episodios que abordan Alejandro Aguado (guión) y Juan Dalfiume (dibujos) es Casimiro Szlápelis, entre otras virtudes un pionero de la aviación. Hay calidad en el grafismo límpido y fulgurante de Dalfiume, mientras que Aguado difunde con solidez narrativa distintos episodios de la multifacética trayectoria de esta personalidad que realizó proezas como piloto, fundó varios aeroclubes, y habilitó y explotó una mina de cobre y hierro. Inteligente el uso de la planificación y soberbias las viñetas mudas.





    Germán Cáceres 



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    La imaginación al poder

    de Felipe Ricardo Ávila


    (Los libros de Rebrote, Buenos Aires, 2017, 122 páginas)




    Ávila se propone en este ensayo no sólo analizar la producción gráfica de Ricardo Luis “Lucho” Olivera (Corrientes, 1943–Buenos Aires, 2005), sino también sus méritos en su condición de guionista. Hace hincapié en la que considera su obra capital, Gilgamesh, el inmortal, que articula el primer poema de la humanidad con una visión del futuro a través de la ciencia ficción. Y señala las obras que influyeron en ella: la novela Los amos del tiempo (1956), de Wilson Tucker, y los filmes Espartaco (1960) y 2001: Una odisea del espacio (1968), ambos de Stanley Kubrick, del que tomó el diseño de los trajes y las naves espaciales que le fueron facilitados por la N.A.S.A.



    En la sección de papel ilustración y a color se publica El delator, primer episodio de la serie Legión Extranjera, con guión y arte de Olivera, que según Felipe Ávila apareció en el Nº 826 del 19/9/1964 de la revista Misterix, que dirigía Hugo Pratt, y cuya influencia en la historieta es innegable. Allí también se pueden apreciar del dibujante algunas de sus portadas de las revista Hora Cero, El Eternauta y Ernie Pike, y un cuadro de 1974 titulado Soldados en guerra esperando para comer a la hora del Rancho.



    Más adelante, en blanco y negro, aparece Madeleine (Bull Rocket Nº 1, alrededor de 1962, según Ávila), sin mención del guionista pero sí del dibujante, que testimonia su dominio del pincel.

    Se enumera en el ensayo los guiones de las historietas Legión Extranjera, Los teutones, Ojo por Ojo, Doce Hombres, Esperanza en Sirio, Los Senderos del Tiempo, Superpoblación y algunos episodios de Gilgamesh, el inmortal.



    En todo momento Felipe Ávila expresa su intenso cariño por “Lucho” como persona y su admiración incondicional hacia su creativa y dinámica composición de página, su peculiar narrativa y el ritmo visual de la combinación de viñetas. Elogia el alto nivel técnico de su estética. Explica su utilización de plumas, pinceles, collages (pegando ilustraciones extraídas de diccionarios), salpicados de témpera blanca y texturas. Se debe recordar cómo admira esta creativa ejecución un talento de la talla de Quique Alcatena.

    Continuamente se resalta la pasión que sentía Olivera por la civilización Sumeria y la calidad de su figuración en la saga Nippur de Lagash (1967).



    Hacia el final hay comentarios sobre otras historietas dibujadas por Olivera, como Dick,el artillero; Yo, Cyborg; Ronar; Galaxia Cero; Planeta Rojo y Las amazonas deClitomarkan.

    Lucho Olivera, La imaginación al poder es un investigación exhaustiva y sagaz sobre este maestro de la historieta argentina.



    Germán Cáceres



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    (La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2017, 88 páginas)





    En la página inicial, un epígrafe advierte: “Dicen que Atila, el azote de dios, encontró esta espada donde la había dejado Wey porque Marte, el Dios de la guerra, se la trajo del futuro.”

    Este libro totalmente guionado por Oenlao lo componen un cuento ilustrado y quince historietas.


    Las narraciones se caracterizan por las escenas de acción y la ambientación fantástica, con predominio de monstruos, dragones, jaurías de demonios y gladiadores gigantescos. Oenlao posibilita que los dibujantes brillen empleando con frecuencia cuadritos sin texto y viñetas página.  Otro de sus recursos es la elipsis, que condensa y enriquece los relatos. De allí que abundan por parte de los artistas tomas en picada y contrapicada y planos detalle que posibilitan su lucimiento gráfico.



    Las imágenes se centran en la crueldad y violencia despiadada de las luchas guerreras (pululan las mutilaciones y las decapitaciones), por ejemplo en los tres episodios de Kahr, un huno rival de Atila. 

    También son personajes recurrentes Wey (un viajero del espacio) y los triciclicos (seres con tres cabezas). La imaginación de Oenlao parece no tener límites y aporta en sus breves historias curiosas invenciones sobre el futuro, incluso varias no carentes de humor. Otros temas son los saltos temporales y las naves espaciales.



     En ese escrito inaugural se informa que los dibujantes de los tres episodios de «Kahr» (las primeras cuarenta páginas) fueron Adríán Vaillasciani, Máximo Auricchio, Carlos Benitez y Nico Andrizzi. De «La Espada de Marte» el responsable es Hernán Conde de Boeck. En las aventuras de los cuatro exploradores a bordo de la cosmonave X2 (las últimas cuarenta páginas) la responsabilidad artística corresponde a Kundo Kunch, Alfredo Retamar, Juan Vasquez, Luciano Giraldez, Sergio Castro, Fernando Matoldo, Maxi Dall´o, Cristian Bevacqua, Mario Carper y Germán Genga. El diseño y la portada corresponden a Gustavo Lucero. Y la última historieta («Pájaros transparentes») fue ganadora del concurso del Museo de Humor Gráfico Diógenes Taborda 2015.



    Oenlao (Carlos Scherpa) vive en la ciudad de Bosques del Sur del conurbano bonaerense. Es editor y guionistas de libros con antologías en las que colaboran varios dibujantes. Entre sus títulos figuran Zona 2011, El facón deAlmanegra, Tehuelches, Clones y Laberintos, Legionarios, Los Perros de Roma yLeyendas del Norte argentino.





    Germán Cáceres



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  • 04/30/18--22:50: Charla de Germán Cáceres

  • El próximo martes 8 de mayo, a las 15:00 hs., Germán Cáceres, escritor – periodista especializado en el análisis de la historieta, dará una charla titulada "Una vuelta al mundo en historieta" en la Biblioteca Popular Ciudad Jardín, ubicada en Finca 6579, Palomar.



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    de Robin Wood (guión)–Lucho Olivera (dibujos)


    (Planeta DeAgostini, Barcelona, 2018, 90 páginas)




    Es sumamente auspicioso que se reedite la saga completa de Nippur de Lagash, una de las más notables historietas argentinas. Resulta imprescindible rescatar de un posible olvido estas colosales obras maestras a la que deben tener acceso las generaciones más jóvenes. Se trata de publicaciones lujosamente impresas en papel ilustración y con tapa dura a color. El proyecto editorial ha decidido que sus páginas saldrán en blanco y negro o en colores de acuerdo a las tiradas originales. Su precio por ejemplar es bastante accesible.



    Si bien Robin Wood y Lucho Olivera fueron los creadores del personaje, en la extensa serie intervinieron talentos como los guionistas Ricardo Ferrari, Armando Fernández, Manuel Morini y Nésto Barron, y dibujantes de la talla de Sergio Mulko, Ricardo Villagrán, Gómez Sierra, Jorge Zaffino, Carlos Leopardi, Eduardo Barreto, Walther Taborda, Daniel Müller y Sergio Ibañez, entre otros.



    En Historia para Lagash (revista D´Artagnan, mayo de 1967), se inicia el ciclo. Como en los otros cuatro episodios presentados en este Volumen 1 de la colección, Robin Wood escribe textos extensos con una prosa excelente. Y compone un guión vigoroso y de interesantes alternativas, narrado en la primera persona de Nippur.

    El estilo de Lucho Olivera se compone de líneas sencillas, relevante sentido de la síntesis, soltura en el trazo y un profundo conocimiento de la anatomía humana. Adquiere un intenso brillo visual en las cruentas luchas cuerpo a cuerpo entre guerreros que utilizan espadas, hachas y cuchillos. En el último tramo, el artista recurre con idoneidad al negro pleno tanto en las caras como en las siluetas.



    El héroe da una definición de sí mismo en esta primera entrega: “No tengo rey, ni ciudad, ni techo, ni fuego. Soy nadie de ningún lugar. Me iré a recorrer el país de los grandes ríos y quizá las tierras del papiro hasta sanarme el dolor.”

    En Nofretamón (revista D´Artagnan, agosto de 1967) el grafismo de Lucho Olivera adquiere matices de tono gris, destacándose cuando dibuja espléndidos caballos negros. Y luce una de sus tantas virtudes: las figuras esbeltas de sublimes mujeres.

    La escritura de Robin Wood acentúa su carácter elegante, en el cual apela a radiantes imágenes y cuyo sentido hiperbólico se vuelve poético. Otra característica que adquiere la historieta es la aparición de una situación romántica.



    Hay una magnífica e impactante viñeta de una página que muestra un plano general lejano de la construcción de una pirámide:”Miles de hombres se arrastraban como hormigas, luchando con enormes bloques de piedra (…) y, por fin, muriendo alrededor de la tumba real.”

    El dibujante se luce con las aplicaciones de pincel en Las lanzas y la arena (revista D´Artagnan, octubre de 1967).

    En los enfrentamientos bélicos, Robin Wood se ocupa de que Nippur no tenga compasión con sus enemigos.



    A medida que transcurren los episodios, los autores crecen en calidad y oficio, como, por ejemplo, Minotauro (revista D`Artagnan, enero de 1968). Robin Wood recrea estupendamente el famoso mito, y la gráfica que utiliza Lucho Olivero con sus múltiples recursos alcanza un refinado preciosismo.

    El mirlo voló primero (revista D`Artagnan, febrero de 1968) es el último capítulo de este libro y, como es habitual en la serie, las aventuras violentas y las beldades femeninas son los imanes que atraen al lector.




    Continuamente la historieta cambia de planos recurriendo a los más aptos para apoyar el clima y el ritmo de la narración. Cuando la escena los necesita, Olivera trabaja con fondos blancos dejando de lado su destreza para diseñar ambientaciones. Resultan impresionantes los batallas entre combatientes montados a acaballo.

    Disfrutar de los prodigios que presenta la colección es un deleite imperdible para los amantes de este venerado noveno arte.



    Germán Cáceres



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    El 25 de este mes, a las 9:00 hs., Germán Cáceres dará una charla titulada “Alrededor de la historieta argentina”, en el colegio San Pablo, de La Cumbre, Córdoba.

    Están invitados !!



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    Charla pronunciada el 25.7.18 en el Colegio San Pablo, La Cumbre, Córdoba.



    En primer lugar quiero aclarar que en el tiempo de que disponemos solo alcanzaremos a dar un pantallazo de la historia de la historieta argentina. Enumerar la enorme cantidad de dibujantes, guionistas, revistas, diarios y editoriales es tarea de un libro. Lamentablemente quedarán grandes dibujantes y eximios guionistas sin nombrar.

    Aquí destacaremos algunos de sus aspectos y mencionaremos a varios de sus creadores, y podrán encontrar los que faltan en la breve bibliografía que acompañará esta charla  que yo oportunamente transcribiré y será subida a la web por el dibujante y guionista Alejandro Aguado,  titular de Editorial La Duendes (laduendes.blogpot.com.ar).

    Puede afirmarse tímidamente que la primera historieta argentina fue Las aventuras de Viruta y Chicharrón, que salió a partir de 1912 en la mítica revista Caras y Caretas. Siguiendo los pasos del primer título de la historia universal de este género –Yellow Kid (1893), de Richard Felton Outcault – fue de humor y no de aventuras. Otra curiosidad  residía en que era de origen norteamericano y cuando se dejó de recibir en nuestro país, se le cambió el nombre y la comenzaron a dibujar una serie de artistas locales. El primero fue Manuel Redondo que, si bien residía en la Argentina, era español.

    Una de las primeras revistas argentinas de historietas que se caracterizó por sus expresiones costumbristas fue Páginas de Columba (1922), creada por Ramón Columba, caricaturista y taquígrafo del Congreso Nacional. No debe olvidarse que en la década anterior había salido una publicación dedicada al público infantil, Billiken,editada por  Constancio Cecilio Vigil, que asimismo divulgó historietas de aventuras, entre ellas la legendaria Superman con el título en español de Superhombre (comenzó a aparecer en 1939).


    El 20/9/1928 se lanzó El Tony, una publicación exitosa editada también por Ramón Columba, en la cual se destacó el dibujante Raúl Roux.

    Un creador que hay que señalar  en la década del treinta es Lino Palacio, responsable entre otros logros de Don Fulgencio,Ramona y Avivato.    



    En noviembre de 1936 debuta la revista Patoruzú, con el personaje homónimo creado por Dante Quinterno y cuya repercusión  constituyó un fenómeno nacional. En realidad, su génesis comenzó en 1927 con el nombre de Un porteño optimista, le siguió Aventuras de Don GilContento, luego Don Julián de Montepío, hasta que alrededor de 1935 adquiere el nombre del personaje de mayor repercusión de la tira: Patoruzú, acompañado por Isidoro, el Coronel Cañones, el capataz Ñancul, Upa, la Chacha Mama, su hermana Patora y el caballo Pampero. Como producto fue una maravilla, aunque se lo criticó por su ideología discriminatoria y antidemocrática. En la revista comenzó a publicarse Hernán el Corsario, de José Luis Salinas, uno de los artistas más relevantes de este llamado noveno arte. Graficó varias de las páginas más bellas de la historieta nacional en un estilo realista que bien puede encuadrarse dentro de la estética de la ilustración. Otros de sus trabajos consagratorios fueron Cisco Kid, Dick el artillero y adaptaciones de famosas obras literarias de autores de la talla de Rudyard Kipling, Emilio Salgari, Henry Rider Haggard, Alejandro Dumas, James Fenimore Cooper y la Baronesa Emma Orczy. Un notable hallazgo lo constituyó El librode Oro de Patoruzú, de frecuencia anual. Tampoco puede dejar de mencionarse El librode la Historieta, de Editorial Tor, de gran aceptación por parte de chicos y jóvenes.




    Somos argentinos y no podemos dejar de mencionar la historieta gauchesca. Uno de sus mayores representantes fue el nombrado Raúl Roux con El Tigrede los Llanos,la vida de Facundo Quiroga, que apareció en El Tony. Después vino Cirilo, el audaz(1939), de Enrique Rapela, creador de los famosos personajes El Huinca y Fabián Leyes, que tuvieron sus propias revistas en la década del sesenta. Una cumbre notable fue El cabo Sabino(1954), con guión de José Álvarez Cao y arte de Carlos Casalla.





    Guillermo Divito, un colaborador de Dante Quinterno en Patoruzú,fundó en 1944 su propia revista: Rico Tipo, un suceso de ventas. Historietas como Fúlmine, Pochita Morfoni, Fallutelli, Bómbolo, El otro yo del Dr. Merengue y las chicas desbordantes de sensualidad que intervenían en las tiras, se ganaron el fervor de los lectores.

    Divito tuvo como integrante de su equipo al ilustre Oski (Oscar Conti), que, con un estilo personal y a través de una figuración feísta, elaboró páginas primorosas. Entre sus creaciones figuran La Primera Fundación de Buenos Aires y Vera historia de las Indias.





    En esa década, más precisamente en 1945, también nació Intervalo, de Editorial Columba, conocida por sus adaptaciones de novelas y su utilización de viñetas que tenían la peculiaridad de recurrir a los textos y no usar los globos de diálogo, recurso que se consideró poco historietístico.

     Una suerte de efemérides fue la aparición el 11 de octubre de 1945 de la revista  Patoruzito, de la Editorial Dante Quinterno. Lleva el nombre del personaje de la historieta que refiere la infancia de Patoruzú,  guionada por  Mirco Repetto y dibujada por Tulio Lovato. En sus páginas pasaron grandes producciones, como el Gnomo Pimentón, creada por Paula Quinterno y con arte de Oscar Blotta,  Langostino, de Eduardo Ferro, Vito Nervio, iniciada por Emilio Cortinas y Mirco Repetto y continuada  por Alberto Breccia y Leonardo Wadel , A la conquista de Jastinapur, de Emilio Cortinas y Leonardo Wadel, Mangucho y Meneca, de Roberto Battaglia, y las norteamericanas Flash Gordon y Rip Kirby, dibujadas por el gran Alex Raymond.






    A propósito de Alberto Breccia y de Leonardo Wadel debe destacarse que el primero, oriundo de Uruguay, está considerado por varios entendidos como el más grande dibujante de la historia y a él se deben productos como Mort Cinder (con guión de Oesterheld), la versión de Los mitos de Cthulu sobre la obra de H.P. Lovecraft y la galardonada Perramus, guionada por Juan Sasturain. Asimismo es sobresaliente Untal Daneri, con textos de Carlos Trillo. En cuanto a Leonardo Wadel fue, de acuerdo al artista uruguayo, el fundador de la profesión de guionista en la Argentina.


    Armas de Fuego, con dibujos de Breccia y El Eternauta, versión Oesterheld - A. Breccia.

    Páginas de Oesterheld - A. Breccia: Sherlock Time y Mort Cinder.

    El 3 de setiembre de 1948 ocurrió un suceso auspicioso: se presentó la revista Misterix, de la Editorial Abril, que contrató a importantes autores italianos con buenos sueldos para que vinieran a trabajar a la Argentina. Y aceptaron personalidades como Hugo Pratt, Mario Faustinelli, Ivo Pavoni, Guillermo Letteri y Alberto Ongaro. El único que prefirió seguir radicado en Europa y continuar enviando desde allí sus trabajos fue Paul Campani.



    Se puede decir que en esa década comenzó la época de oro del género en nuestro país. Y aclaro que mundialmente se habla con elogios y reverencia de “La Escuela de la Historieta Argentina”.

    Así, Hugo Pratt, que por su formación puede considerarse argentino, está reverenciado por muchos entusiastas como el mejor historietista de todos los tiempos. Fue el creador de la célebre Corto Maltés (apareció en Italia en 1967) y su estilo, inspirado en el maestro norteamericano Milton Caniff, cobró vuelo propio. Alejado de cualquier sumisión a la ilustración o al cine, se erigía en una estética autónoma, incanjeable, que se nutría de esplendentes aguadas, manchas aplicadas con pincel, onomatopeyas, líneas cinéticas y una sabía distribución de blancos y negros.



    Un evento importante se dio en 1957: Landrú (Juan Carlos Colombres) lanzó la revista Tía Vicenta, con un humor y un grafismo completamente novedosos.

    Y en ese mismo año aparecieron dos revista fundamentales: Hora Cero y Frontera, con sus desprendimientos semanales y extras.  Editadas por Héctor Germán Oesterheld y su hermano Jorge, llevaron a la historieta nacional al cénit de su perfección. Con  textos de Oestehreld –que para Alberto Breccia revolucionó la historieta a nivel mundial–, pasaron cumbres como El Eternauta, Ernie Pike, Sherlock Time, Sargento Kirk, Ticonderoga y la lista continúa. Colaboraron con él dibujantes de la talla de Hugo Pratt, Francisco Solano López, Arturo del Castillo, Carlos Roume, Horacio Lalia y se pueden añadir muchos más.



    Oesterheld cambió el sentido de la historieta. No le interesó el héroe imbatible que siempre triunfaba sobre el mal y evitó los personajes estereotipados. Por ejemplo, en Ernie Pike, un corresponsal que relata episodios de la Segunda Guerra Mundial, impresiona por su dramatismo y verosimilitud. Sus protagonistas pueden ser tanto soldados aliados como alemanes, dado que sus destinos se frustran al ser víctimas de la guerra.  De El Eternauta, que apareció el 4/9/57 y dio lugar a que en esa fecha se festeje el “Día de la Historieta”, puede decirse que inició la ciencia ficción argentina. Su novedad consistía en que la clásica invasión extraterrestre se desarrollaba en las calles de Buenos Aires, y una de sus principales secuencias de acción ocurría en la zona de la cancha de River. Los protagonistas son individuos sencillos que al comenzar la historieta están jugando al truco en Vicente López (Juan Salvo, Favalli, Lucas, Polski, a los que se agrega luego Franco) y tan mártires como sus agresores alienígenas –los “cascarudos”,  los “manos”, los “gurbos”– porque a medida que transcurre la trama se revela que éstos son meras herramientas de los “ellos”, los verdaderos monstruos con vocación imperialista. Oesterherld deja entrever que la mayoría de los hombres está en contra de la guerra, la que es promovida por los centros de poder, que medran con el sufrimiento humano. En el final, Juan Salvo (el eternauta) es proyectado a otro tiempo junto a su esposa Elena y su hija Martita, pero por un error las pierde y está condenado a buscarlas para siempre (él  define su “triste y desolada condición de peregrino de los siglos”).

    El Eternauta I, Oesterheld - Solano López.


    Para esta renovación del género Oesterheld contó con un lápiz magistral, vinculado a importantes hitos de la historieta argentina y mundial: Francisco Solano López. Sus conceptos imponían un nuevo derrotero al dibujo volviéndolo más independiente, con un sentido narrativo fluido. Su trazo vigoroso, su calidez en el diseño de los personajes, su destreza en las manchas negras, así como una ágil planificación, estaban revolucionando el noveno arte.

    En 1969 Alberto Breccia y Oesterheld emprenden una remake de El Eternauta. Hay un giro ideológico en el guión de Oesterheld: las grandes potencias negocian con el invasor la entrega de Latinoamérica a cambio de no ser agredidas. Y Breccia promueve un dibujo de vanguardia, demostrando que la historieta es capaz de experimentar con su lenguaje visual. La dirección de la revista Gente, que la publicaba, no comprendió su sentido innovador y obligó a acortarla, dañando su unidad y su ritmo narrativo.

    Publicidad de Editorial Record, con las tres primeras partes de El Eternauta.

    En 1976 la dupla Oesterheld-Solano López inicia la segunda parte de El Eternauta, en la que se acentuó su costado ideológico con alusiones a la sangrienta represión que vivía el país, y donde Juan Salvo se asumía como una especie de líder iluminado al frente de grupos que se parecían bastante a las guerrillas. 

    En 1968 Oesterheld guiona la Vida de El Che, con dibujos de Alberto y Enrique Breccia.

    Finalmente se incorpora al cuerpo propagandístico de la Organización Montoneros. Desapareció el 27 de abril de 1977. Figura en la página 339 del libro Nunca Más. Sus cuatro hijas también desaparecieron.

    En 1964 salió Mafalda, de Quino (Joaquín Lavado), un fenómeno masivo de humor gráfico que llega hasta nuestros días y que, curiosamente, su creador dejó de dibujar el 25 de junio de 1973. Posiblemente la intención de Quino fue que se hiciera conocer su otra obra, que ofrece, en páginas enteras, además de un humor  valioso, un grafismo de orfebrería. Y Hermenegildo Sábat (Montevideo, Uruguay, 1933, naturalizado argentino en 1980) comenzó en 1966 su brillante carrera como caricaturista en el país.


    Fontanarrosa, junto a sus personajes Inodoro Pereyra y Boggie. El Mago Fafa de Bróccoli, Clemente de Caloi y Teodoro & Cía de Viuti.

    En 1962 cierra definitivamente la Editorial Fronteradespués de una caída de sus ventas y de padecer serios problemas económicos y así fue finalizando la época de oro de la historieta argentina, más allá de que siguieran surgiendo editoriales, revistas y obras que dejaron su marca. En 1973 nació Bartolo, de Caloi (Carlos Loiseau), en la última página de Clarín, que en 1976 se convierte en el popular Clemente. Y se irradia el humor cordobés a través de la emblemática revista Hortensia, dirigida por Alberto Cognini, que salió en 1972, y en la que aparecen Boogie, el aceitoso y, en 1974, Inodoro Pereyra, el renegáu, ambas de Roberto Fontanarrosa. Otro importante colaborador de la publicación fue Crist (Cristóbal Reynoso). En el mismo año que surgió Hortensia, o sea en 1972, se organizó la primera bienal “El humor y la historieta que leyó el argentino”. La segunda bienal se desarrolló en 1979.



    Un enorme puntal lo constituyó Manuel García Ferré  –español radicado en la Argentina desde los 17 años– con su revista Anteojito, que salió el 8 de octubre de 1964. En ella tuvo una repercusión sensacional Sónoman (1966), de Oswal (Osvaldo Viola). También deben mencionarse las publicaciones que lanzaron Héctor Torino (Don Nicola) y Adolfo Mazzone (Capicúa y Afanancio) con numerosos personajes humorísticos.


    REvistas infantiles



    Sin embargo, entre 1970 y 1975 resultó ser la mejor época para la Editorial Columba. Publicaba las revistas D´Artagnan, Fantasía, Intervalo, Nippur de Lagash, Dennis Martin, Álamo Jim y Cabo Savino. Sus ventas eran astronómicas, hoy fuera de las posibilidades de nuestra imaginación: se habla de más de dos millones de ejemplares mensuales. Sectores intelectuales las criticaron ácidamente, sobre todo a Robin Wood, su guionista estrella, que nació en Asunción, Paraguay, en 1944, y llegó a crear más de setenta personajes.  Se le achacó que carecía de auténtico talento, que huía de cualquier tipo de experimentación y que desarrollaba una escritura atrasada. A pesar de estos reparos colaboraron en Columba talentosos dibujantes como Carlos Vogt, Domingo Mandrafina, Ernesto García Seijas, Lucho Olivera, Ricardo Villagrán, Gómez Sierra (Jorge Villagrán), Walter Taborda, Ángel (Lito) Fernández y Sergio Ibañez, entre otros. La editorial cerró definitivamente en el año 2000, pero hoy su producción tiende a revalorizarse  y varias de sus historietas continúan publicándose. Por ejemplo, Dago, que surgió el 2 de agosto de 1984, con guión de Robin Wood y dibujos de Alberto Salinas, sigue saliendo en Italia con textos del mismo guionista y arte de Carlos Gómez (a veces es reemplazado por Joan Mundet).





    Otra editorial influyente fue EdicionesRecord, de Alfredo Scutti, con la popular revista Skorpio, que aportó historietas con mayores aspiraciones. Su director de arte era Juan Zanotto y su principal guionista Ray Collins (Eugenio Zappietro), que creó el famoso personaje Zero Galván, héroe de Precinto 56 (1963). Una historieta que dio prestigio a Skorpio fue nada menos que Corto Maltés, de Hugo Pratt.  La fortaleza móvil, con guión de Ricardo Barreiro y arte de Enrique (Quique) Alcatena alcanzó una categoría de excepción.  La revista dejó de salir en enero de 1996. También colaboraron –entre numerosos consagrados– el dibujante Ernesto García Seijas y el guionista Ernesto Mazzitelli.


    Revistas de editorial Record



    A partir de 1972 el diario Clarín inauguró una página de historietas –la última–, principalmente dedicada a las tiras de humor.  Allí se destacaron El Loco Chávez, de Carlos Trillo (guión) y Horacio Altuna (dibujos) y el popular Clemente, de Caloi. Se pueden citar también Teodoro & Cía, de Viuti (Roberto López), Diógenes y el linyera, con guión de Jorge Guinzburg  y Carlos Abrevaya y dibujos de Tabaré  (Tábare Gómez Laborde).

    El Loco Chávez, de Carlos Trillo - Horacio Altuna

    Un hecho enriquecedor fueron las publicaciones de Ediciones de La Urraca (1974-2001), de Andrés Cascioli. Este estupendo dibujante tuvo la rara virtud de respetar los derechos de autor, es decir pagaba los originales, pero luego se los devolvía a los historietistas para que ellos siguieran comercializándolos. Uno de sus títulos más difundidos fue Humor Registrado, que apareció el 1 de julio de 1978 y terminó denominándose simplemente Humor. Se erigió en símbolo de la oposición a la dictadura militar. Allí se destacaron Maitena, Tabaré, Raúl Fortín, Meiji (Jorge Meijide), Rep (Miguel Repiso), Alfredo Grondona White, Eduardo Maicas y muchos más. La otra revista que se metió en la historia por su renovación gráfica fue Fierro (llamada entre los fans la Vieja Fierro: la nueva etapa comienza en 2006 como suplemento del periódico Página/12), que se lanzó en setiembre de 1984 y cerró en diciembre de 1992. Allí colaboraron los mejores artistas y guionistas argentinos: Carlos Sampayo, José Muñoz, Carlos Trillo, Alberto Breccia y sus hijos Patricia y Enrique, Juan Giménez, Ricardo Barreiro, Domingo Mandrafina, Francisco Solano López, Carlos Albiac, Eduardo Risso, Sanyú (Héctor Alberto Sanguiliano), Carlos Nine, Hugo Pratt. Tenía una sección llamada “El subtemento Óxido”, donde jóvenes valores experimentaban con el grafismo y la escritura.  Allí surgieron Pablo Fayó, El Marinero Turco (él afirma que es su identidad real), Max Cachimba (Juan Pablo González), Tatí (Héctor Omar Martín), Juan Carlos Quattordio, El Niño Rodriguez (también opina que es su identidad), Pablo Páez, El Tomi (Tomás D´Expósito).

    Algunas revistas de editorial La Urraca
    Páginas de historietas publicadas en Fierro (primera etapa)

    Fierro (primera etapa)


    Una revista que debe mencionarse es Puertitas(1989-1994), dirigida por Carlos Trillo, el que guionó maravillas como Irish Coffee y Cybersix, con dibujos del eximio artista Carlos Meglia.



    O sea que salvo excepciones, aproximadamente desde 2011 cesaron de aparecer las revistas de historietas. Y a partir de entonces el género dejó de ser un arte masivo para convertirse en un arte de minorías.

    Y surgieron los fanzines, autogestionados por jóvenes fanáticos de la historieta que se convirtieron en autores, editores y distribuidores de sus propias obras, impresas en simples fotocopias que vendían entre sus amigos y conocidos. De allí que se organizaran numerosos festivales para darles a estos jóvenes emprendedores la oportunidad de vender sus productos.

    Hubo un fanzine de 1990 que tuvo tanto éxito que finalmente lo editó la Editorial La Urraca  en 1992: se trata de Cazador–una producción totalmente desaforada– con guiones de Jorge Luis Pereyra Lucas y un conjunto de dibujantes que se iban turnando: Ariel Olivetti, Lucas Accardo, Fernando Calvi, Mauro y Renato Cascioli, Claudio Ramírez. Salió hasta 2001 y hubo una nueva edición en 2010.



    Pero cuando los fanzines intentan superar su rudimentaria condición y aspiran a una suerte de libro de vanguardia ascienden a la categoría de prozines. Y se pueden enumerar a tres de suma importancia, con múltiples innovaciones y una búsqueda vanguardista y experimental constante: Lápiz Japonés, El Tripero y ¡Suélteme!De Lápiz Japonés aparecieron cuatro números y fue fundado en 1993 por los dibujantes Diego Bianchi y Sergio Langer. De ¡Suéltime! (1995 a 1999) se editaron cinco números, y entre sus responsables estaban Esteban Podeti, Diego Parés, Darío Adanti, Pablo Fayó, Pablo Sapia, El Marinero Turco y Dani The O (Daniel José Díaz), Lucas Nine, Liniers (Ricardo Sin), entre otros. El tripero lo constituyeron alumnos de Alberto Breccia y fue el prozine de mayor duración (1994-2001).




    La pregunta obligada es ¿por qué desplomó la historieta y qué futuro le aguarda? ¿Cuál fue la causa de su crisis?

    Hay varios intentos de explicación:

    –Por culpa de la mala gestión de las editoriales, y en cierto punto es real.

    –Porque muchos de los dibujantes trabajaron para el exterior y algunos se traladaron a esos países. Sí, también es posible.

    --El gran dibujante Leopoldo Durañona en un reportaje dijo al respecto:"(...) todo lo contrario a las historietas complicadas e intelectuales de hoy en día. (...),esa historieta se ha marginado sola, enredando al lector...".

    –Pero la principal causa entiendo que fueron los cambios de hábitos de la población, como la televisión, los video-juegos, la realidad virtual, la informática, internet, los celulares.
    No obstante, siempre hay que mantener la esperanza dado que pueden existir otros caminos. Así, hoy las historietas se editan en libros de tirada limitada pero se observan en muchos de ellos trabajos de jerarquía. También se suben a la web. Y ese público minoritario ama la historieta y le es fiel. De manera que seguirá subsistiendo en otros formatos y, tal vez, con más intensidad en su búsqueda de nuevos rumbos estéticos.



    Algunas tapas de los 89 números de El Espejo. De los dibujantes del sur. Historietas y humor publicado a mitad de los años 90 desde Patagonia. 

    Y ahora como homenaje final a ese genio que fue Héctor Germán Oesterheld se leerá un cuento de su autoría. Se debe aclarar que antes de dedicarse a la historieta escribía relatos infantiles y libros de divulgación científica. Y luego se convirtió en un prodigioso narrador de cuentos para adultos. Los más recordados son “Pequeño Maquiavelo Reforzado”, “El árbol de la Buena Muerte”, “Sondas”, “Los cuentos del Tipi” y “El diario de un soldado”. Ediciones de la Flor editó en 1969 una antología titulada Los argentinos en la Luna. También escribió nueve novelas sobre su personaje Bull Rockett, de 1952, y otras nueve sobre El sargento Kirk, de 1953. Las firmó con el seudónimo de G. Crossel.

    Se leerá entonces el cuento “Ciencia”, que figura en el citado libro Los argentinos en la Luna, de Ediciones de la Flor:



    CIENCIA


    En algún lugar de los vastos arenales de Marte hay un cristal muy pequeño y muy extraño.

    Si alzas el cristal y miras a través de él, verás el hueso detrás de tu ojo, y más adentro luces que se encienden y se apagan, luces enfermas que no consiguen arder, son tus pensamientos. Si oprimes entonces el cristal en el sentido del eje medio, tus pensamientos adquirirán claridad y justeza deslumbrantes, descubrirás de un golpe la clave del Universo todo, sabrás por fin contestar hasta el último porqué.

    En algún lugar de Marte se halla ese cristal.

    Para encontrarlo, hay que examinar grano por grano los inacabables arenales.

    Sabemos, también, que, cuando lo encontremos y tratemos de recogerlo, el cristal se disgregará, solo nos quedará un poco de polvo entre los dedos.

    Sabemos todo eso, pero lo buscamos igual.



    Germán Cáceres


    Bibliografía


    -Albertoni, Carlos, Santas Historietas/Enciclopedia de los cómics, Catálogos, Buenos Aires, 2004.

    -Cáceres, Germán, “Buenos Aires no contesta”, en La aventura en América, La Palabra Mágica, Buenos Aires, 1999.

    -Cáceres, Germán, Oesterheld, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1992.

    -Comiqueando Online(www.comiqueando.com ): “100 años de historieta argentina”, por el esquipo de la revista.

    -Gociol, Judith y Gutiérrez, José María, La historieta salvaje/ Primeras series argentinas (1907-1929), Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2012.

    -Gociol, Judith y Rosemberg, Diego, La historieta  argentina/Una historia, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.

    -Gutiérrez, José María, La historieta argentina. De la caricatura política a las primerasseries, Ediciones Biblioteca Nacional y Página 12, Buenos Aires, 1999.

    -Imaginadores(La aventura de la historieta argentina). Película documental de 2008 dirigida por Daniela Fiore.

    -Lipszyc, Enrique, El dibujo a través del temperamento de 150 famosos artistas, editado por la Escuela Norteamericana de Arte, Buenos Aires, 1953.

    --Sasturain, Juan, El domicilio de la aventura, Colihue, Buenos Aires, 1995.

    -Scolari, Carlos, Historietas para sobrevivientes, Colihue, Buenos Aires, 1999.

    -Steimberg, Oscar, Leyendo historietas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1977.

    -Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina, Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.



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    Nació el 19 de agosto de 1917 y falleció en Buenos Aires el 4 de marzo de 2011.



    Ya a los dieciséis años dibujaba como profesional cuando ingresó a El Purrete, un suplemento infantil editado por el Buenos Aires Herald. Colaboró también en las publicaciones Pololo y Mustafá y creó historietas como Don Pitazo y Aserrín y PanRallado para la revista La Cancha. Luego, en 1936, realizó Pepe Boleto en Pilucho, mientras que Ñangapirí Tereré comenzó a publicarse alrededor de 1940 en el periódico El Pampero. En esos años inició la tira Chapaleopara el diario La Razón. Colaboró en la animación del cortometraje Upa en apuros (1942), con dirección de Tito Davison y guión de Dante Quinterno, titular de la editorial que llevaba su nombre. Durante esa década, empezó a dibujar El fantasma Benito se divierteen Patoruzú (de la citada editorial), donde siguió introduciendo personajes como Cara de Ángel, Bólido, Pandora,  Taraservice y tiras de humor costumbrista. El 1/10/1945 inició en Patoruzito su historieta más memorable: Langostino Mayonesi, el navegante independiente. En los años ochenta fue profesor en la escuela de dibujo de Carlos Garaycochea. También creó en 1981 la historieta Yirolamo corresponsal que salió en Superhumor.



    El joven Pepe Boleto no es estudioso y elige el gimnasio con el propósito de convertirse en el futuro en una persona preparada.

    Ñangaipirí Tereré, un gaucho correntino que viaja a Buenos Aires para radicarse en la ciudad, sufre varios inconvenientes debido a la ingenuidad de sus actitudes frente a la condición ventajera de los porteños.


    En revista Patoruzú, 1941.

    El fantasma Benito se divierte fue creado originalmente por Dante Quinterno y lo continúo Ferro a partir de 1937. Solo sugería con líneas los contornos del personaje que registraban el ícono clásico del fantasma con dos puntitos para los ojos  y una rayita como boca. El dibujo era sencillo, prácticamente sin fondos: se basaba en líneas, en grises y en el clásico blanco y negro. Su humor ahora resulta ingenuo, propio de esa época. El fantasmaBenito primero ayudaba alguien y luego, cuando este lograba su propósito, lo traicionaba haciéndolo fracasar para desternillarse de risa con su desgracia. En síntesis, era un mal bicho. Desde entonces Ferro empleaba muchas líneas cinéticas y onomatopeyas, las que constituirán un importante recurso de su estilo.


    En Libro de oro Patoruzu, 1981.

    Chapaleo es un buzo que en poquísimas oportunidades se quita su enorme escafandra y vive casi permanentemente sumergido. La palabra chapalear es sinónimo de chapotear, es decir jugar en el agua con los pies y con las manos. Es petiso, narigón y ostenta un ridículo bigote. Su gracia reside en los diálogos, en los razonamientos disparatados con que se maneja el personaje. Ya en esta tira se vislumbra un universo lunático que se disparará con Langostino. En cuanto a Yirolamo corresponsal, que realizó para Superhumor, se basa también en las salidas insensatas del personaje, pero su grafismo es menos despojado y se detiene en algunos detalles de la vestimenta y en los trazos de los personajes. Chapaleo es asimismo un solitario, como los demás héroes concebidos por el artista.


    Bólido

    Chapaleo

    La historieta Cara de Ángel comenzó a salir en los años cuarenta firmada con el seudónimo Yuyo. En su ejecución dominaban los cuadritos mudos.

    Bólido–apareció en setiembre de 1948– es un personaje que contradice el significado de este vocablo. En astronomía se denomina bólido a un meteoro que atraviesa el espacio a gran velocidad; también se designa así a un automóvil rápido. Pero este rubio gordito, con un jopo gigante y párpados caídos es todo lo contrario, tarda tanto en responder a una pregunta o a una cuestión que parece tonto. Sus reflejos son lentísimos y llega a decir de la tortuga que es una “disparadora” porque considera que su caminar es acelerado. Otro ejemplo: Bólido está atendiendo a una persona que espera detrás de un mostrador mientras aquel hace una llamada por teléfono. De repente grita que no lo atienden y entonces recién se da cuenta que intentaba conectarse con la persona que lo está esperando.


    En libro de oro Patoruzu, 1978.

    Pandora es una mujer estrafalaria a partir de su vestido negro y largo que acentúa su extrema delgadez. Aparece en la década del sesenta. Se enamora perdidamente de cualquier hombre que pasa, hasta que finalmente cambia de look usando ropa provocativa a la vez que pierde su pudor arrojándose sin escrúpulos sobre todo varón con el que se cruza. En los hechos se ha convertido en una prostituta que intenta formar un sindicato, preanunciado los años actuales en los cuales se habla de los derechos de la trabajadora sexual.



    Taraservice lo gestó en 1962. Trata sobre un técnico que no consigue arreglar nada, al contrario, destruye todo lo que toca convirtiéndolo en un grotesco aparato.



    En su debut (que se publicó en el Nº 1 de Patoruzito) Langostino Mayonesi, el navegante independiente compra un barco, ´´Corina”, tan pequeño que lo lleva en brazos hasta el río. “¡Aventuras! ¡Tiburones! ¡Mi ´Corina´! ¡Las correremos juntos!”, exclama cuando  se aleja de Buenos Aires a bordo de la nave. Cada historieta trae un cuadrito inicial con un resumen del episodio y otro final donde Ferro se hace cómplice del lector comentando atemorizado sobre el dudoso futuro de este émulo de Vito Dumas, el navegante solitario, en quién se inspiró el dibujante por pedido de Quinterno. La imaginación de Ferro es descomunal: inventa las más extravagantes e insólitas aventuras, propias de un delirio o de una pesadilla, las que a veces se llevan a cabo en tierras tan extrañas como Golania, Sincerilandia, Desconfialia, Futbolia, Malignia, Bondadnia, Curronia (en alusión a nuestro país). La representación gráfica es de una belleza plástica maravillosa: gesta innumerables metáforas visuales y deslumbrantes onomatopeyas. “Hoy como ayer, mañana como hoy!...¡Un horizonte abierto y andar, andar!”, exclama el héroe, que – como sostiene Oscar Steimberg– “…no era ´bueno´ (…); pero tampoco era ´malo´.” Langostino es un personaje simpatiquísimo y además un solitario y melancólico romántico, y en su historieta colmada de textos, la palabra –tan cara a los escritores y poetas– cobra un valor superlativo. Concluiré con la misma frase que en el «Homenaje a Eduardo Ferro», organizado por el Museo de la Caricatura “Severo Vaccaro” el 3 de diciembre de 2004: “Langostinoforma con ´Corina´ un todo inseparable, está unido a ella en cuerpo y alma. Ferro ha logrado el milagro de crear un nuevo ser fabuloso, una deidad acuática que se unirá a las sirenas y tritones que andan por ahí.”

    En revista Patoruzu, años 70.




    Germán Cáceres



    Bibliografía


    -Albertoni, Carlos W., Santas Historietas, Enciclopedia de los cómics. Catálogos, Buenos Aires, 2004.

    -Gociol, Judith y Rosemberg, Diego, La historieta argentina-Una historia. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.

    -https: //es.wikipedia.org/wiki/Eduardo Ferro.

    -https://ilustración.fadu.uba.ar/2014/10/24/langostino-por-eduardo-ferro/.

    -https://imaginaria.com.ar :«Eduardo Ferro 1917-2011).

    -https;//luisalberto941:wordpress.com.:«Ferro: De El fantasma Benito a Yirolamo, pasando por Langostino».

    -laduendes.blogspot.com: «Eduardo Ferro (1917-2011)».

    -Siulnas, Aquellos personajes de historieta (1912-1959). Puntosur Editores, Buenos Aires, 1986.

    -sonrisasargentinas.blogspot.com.

    -Steimberg, Oscar, Leyendo historietas. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1977.

    -Szymanczyk, Oscar, Historia de las historietas en la Argentina. Editorial Dunken, Buenos Aires, 2014.

    -Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina. Ediciones Record, Buenos Aires, 1980.



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    Aboy en 1956, tomada para la revista Dibujantes. Foto gentileza de Osvaldo Laíno.

    Nació el 18 de junio de 1920. Comenzó su vida profesional durante 1954 en Pobre Diablo. Luego colaboró en Loco Lindo, Bomba H, Avivato, El Colegial, Tío Vivo, Tía Vicenta, Rico Tipo, Telecómicos, Patoruzú, Operación Ja-Ja y Can-Can (España). Firmaba como Drácula sus chistes de humor negro (también bautizó así a uno de sus personajes) y, además, los seudónimos de Roxan y (para sus escritos) los de Erik y Adrián. Otros protagonistas de sus tiras fueron Bochito, un niño superdotado, y Adrianita.





    Página de Aboy en Tía Vicenta, 1960.


    Su mayor fama la adquirió con Drácula, un individuo de figura desagradable, que vestía de negro, tenía poco pelo, orejas largas, abundantes arrugas y su nariz era una especie de pico de ave de rapiña. Este ejemplar provocaba con su malicia desenlaces funestos. Por ejemplo, llevaba un pájaro carpintero a un circo con el fin de que cortara a picotazos uno de los palos que sostenía la cuerda por donde se desplazaba el equilibrista.



    Aboy en Patoruzú, 1975.

    Pero a veces en la sección de humor negro aparecían personajes anónimos, como el que aparentemente se disponía a socorrer a un suicida que se había colgado de un árbol, pero en lugar de salvarlo tomaba sus piernas para sacudir las ramas de modo que cayeran frutas que recogía para comérselas. En otra tira, dos duelistas mataban a los padrinos y se reían de la humorada. Bajo esta línea mordaz, un chico había matado a su mamá con una flecha disparada desde su arco de juguete; sin embargo, el padre le perdonaba la travesura y solo le aconsejaba tener más cuidado la próxima vez. En otra secuencia de varios cuadritos, un hombre ponía una bomba con mecha en un arbolito de Navidad sin que la mujer –que estaba encendiendo las velitas–  se diera cuenta ni viese que él se disponía a huir hacia la puerta de calle.


    Aboy en Patoruzú, 1967.

    Aboy era un artista que dibujaba con soltura y cuyo grafismo respondía a la estética de su época. Así, un cuadrito representaba a un grupo de personas tan horribles que terminaba siendo encantador, o sea, a la manera de Oski, transformaba el feísmo en belleza ornamental a través del humor gráfico. Era capaz, además, de diseñar tanto mujeres viejas y con sobrepeso, como chicas jóvenes de silueta estilizada.



    Aboy en Patoruzú, 1972.

    A veces su sarcasmo era netamente visual, sin textos ni diálogos. Su concepción de la imagen apuntaba a la funcionalidad del chiste. En otras oportunidades se tornaba verbal, pero las conversaciones no se plasmaban en globos, solo señalaban con una mínima línea al personaje que las pronunciaba. También recurría a textos inferiores, como el que mostraba la buena presencia de una mujer obesa porque “Se la advierte desde cualquier distancia”. En una tapa de Patoruzúel peluquero gritaba: “¡San Cayetano me oyó!” y se veía su negocio repleto de individuos barbudos y con el pelo larguísimo. En otra secuencia tres familiares se peleaban por darle un nombre a un recién nacido y, al final, terminaban llamándolo con apodos convencionales: Pupi, Cuchi Cuchi, Pelusita.



    Aboy en Patoruzú, 1968.

    Algunas de sus ocurrencias eran desopilantes, como la viñeta en que se observaba a una chica embarazada que le estaba diciendo a su madre: “¡Y si vieras, mamita, qué caballero tan fino! Me besó la mano, me dijo: ´Perdón, madame…´y no lo volví a ver”.



    En Patoruzú, 1972.

    Sus escritos aún deslumbran por el ingenio y su comprensión de la naturaleza humana. Algunos son chistes buenísimos característicos del habla cotidiana. Pero asimismo se encuentran hallazgos como la recomendación para recibir con una gran sonrisa a las visitas, sobre todo a las inesperadas. La receta consiste en pensar que se trata de un inspector impositivo y cuando al abrir la puerta aparece una amistad o un familiar es imposible no reaccionar con alegría.


    Ilustrando tapa de Patoruzú, 1974.

    Desplegaba continuamente una ironía superlativa, a menudo con una intensidad feroz. Está muy lograda la nota «La mujer que trabaja»: los empleados proponían que una linda compañera los representara para pedir aumento. Y uno de ellos opinaba: “Yo creo que no va a resultar. Porque si bien es cierto que el jefe a ella no le puede negar nada, ella al jefe, sí.”


    Original de Aboy, con indicaciones para su publicación en revista Patoruzú.

    En «La pilcha» mostraba con agudeza cómo en los años setenta las mujeres y los hombres que orillaban los cincuenta se ponían neuróticos como en los tiempos que corren al tomar conciencia de que se alejaban de ese divino tesoro que es la juventud. Sus crisis las volcaban en las dudas filosóficas que urdían respecto a la vestimenta adecuada para quitarse años. Este artículo está acompañado por un chiste gráfico que presenta a un tipo que lleva una camisa con un extravagante estampado, mientras un amigo le pide cáusticamente: “Andá, prestámela que hoy tengo que hacer un papelón…”

    La superlativa obra de Ángel Aboy constituye un valioso aporte a la historia del humor argentino, tanto gráfico como escrito.

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    Germán Cáceres




    La siguientes es una entrevista que le realizó Osvaldo Laíno para la revista Dibujantes, que se publicó en el número 20 de marzo/abril de 1956.


    Gentileza de Osvaldo Laino.


    Bibliografía


    -Dibujantes, abril de 1956, Nº 20.

    -http://siulnas-historiador.blogspot.com/2011/05/un-día-como-el.html.

    -https://www.tebeoesfera.com/autores/aboy_angel.html.

    -https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-174002-2011-0., «El regreso del Sr. Cateura», por Juan Sasturain.

    -Siulnas, Diccionario del humor gráfico argentino (inédito), Archivo de historietas y de humor gráfico de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

    -www.museodeldibujo.com/obras_maestras/artistas.php?ida=1&a=aboy-angel.

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    Nació en Cervo, Lugo, Galicia, el 13/12/1862, y falleció en Lanús, Argentina, el 27/1/1916.



    En 1886 emigró a nuestro país. Colaboró principalmente en la publicación El Sudamericano, por lo cual fue enviado a prisión durante ocho días (regía el estado de sitio y Roca era el presidente de la nación).


    Caricatura de 1901

    Caricatura de 1901

    En 1887 comenzó a realizar caricaturas en Don Quijote,que motivaron que sufriera persecuciones y se intentara asesinarlo; la revista fue cerrada por el gobierno. Sucede que la caricatura era un arma política poderosa. Según Martín Fernández: “Leandro Alem diría después que la revolución de 1890 la hicieron las caricaturas de Sojo y Cao…” (Eduardo Sojo colaboró juntó a Cao en la nombrada revista). De acuerdo a Fernández, nuestro caricaturista recibió la influencia del eximio dibujante, escultor y pintor de la escuela realista Honoré Daumier (1808-1879). Y señala que su nieto Julio Álvarez Cao fue un notable dibujante y guionista de historietas que publicó en la Editorial Columba.


    Caricatura de 1908

    Historieta -ilustración de 1911

    La emblemática Caras y Caretas había surgido en Uruguay como semanario humorístico en 1890 y fue creada por el español Eustaquio Pellier. Este renuncia y toman a su cargo la dirección de la revista Justo Sixto Álvarez (cuyo seudónimo era Fray Mocho) y el dibujante español Manuel Mayol. Cao participó activamente en ese medio, en el cual introdujo en 1900 la sección «Caricaturas Contemporáneas». Desde 1902 fue el primer director artístico del suplemento del diario La Nación.


    Historieta de 1908



    Historieta de 1910

    En Caras yCaretas denunció a los políticos corruptos. Reflejó, además, la evolución costumbrista nacional. También satirizó a gobernantes extranjeros que actuaron en la Primera Guerra Mundial.


    Ilustración de 1908.

    En 1912 Cao participó de la fundación de la revista Fray Mocho, bajo la dirección de Carlos Correa Luna, que había ocupado ese cargo en Caras y Caretas.

    Entre sus admiradores se destacaba el gran Alfonso R. Castelao (1886-1950), que está considerado como la figura más importante de la cultura gallega del siglo XX.


    Ilustración de tapa de 1909

    Cao bregó por la refundación del Centro Gallego de Buenos Aires, del que fue nombrado presidente en 1893.

    En 1913 trabaja para el diario Crítica y entre 1915 y 1917 en la revista El Hogar.


    Ilustración de 1901.

    En 2014 el Club de Prensa de Ferrol (Galicia) publica el libro José Cao Luaces. Galego Universal na caricatura, escrito por Julio Neveleff y Siro López Lorenzo.

    En la actualidad estamos alejados de las costumbres y de los grandes personajes de su época, pero podemos apreciar en sus trabajos auténticas expresiones plásticas, propias de un orfebre gráfico enraizado culturalmente en el arte pictórico. Debe tenerse en cuenta que cuando residió en Gijón (Asturias) se contactó con el escultor José María López Rodriguez, de quien aprendió técnicas de dibujo y de escultura. No solo se destacaba por su maestría en el color, sino por sus dibujos a lápiz y a pluma. Se puede aseverar que sus caricaturas en blanco y negro con cierta tonalidad sepia poseían rasgos goyescos. 


    Ilustración de 1910.

    Era un artista de vigorosa personalidad, autor de una obra única. Su grafismo potente, de impactante colorido, se inclinaba hacia las armonías, tanto de carácter cálido como frío, muchas de ellas cercanas al monocolor. No siempre se detenía en las caras de los personajes, sino que con frecuencia representaba sus cuerpos enteros, incluso su ubicación tanto en exteriores como en interiores. Y respecto a la vestimenta era un maestro en plasmar las arrugas de las prendas que llevaban. Hay un sentido artístico en su producción, como se puede apreciar en la caricatura en colores del paisajista Carlos Thays.


    Ilustración para calendario, 1908.

    Una de las características de sus representaciones era no respetar las proporciones del cuerpo humano. Asimismo, a sus personajes los hacía cabezones y narigones, de desmesurados bigotes y de orejas parecidas a las de los elefantes. Su imaginación para deformar alcanzaba extremos lindantes con el surrealismo.


    Exposición de Cao, tras su fallecimiento.

    En varios de sus trabajos se observan trazos propios de un historietista. Así, sus sombras proyectadas son manchas maravillosas.

    Fue también un gran acuarelista, y en una imagen de un hombre que está en la cama brinda un ejemplo de diseño artístico y de empleo de tonalidades.

    Como elogio final cabe refrendar que se lo considera nada menos que el padre de la caricatura política argentina.


    Ilustración de tapa, de 1909.



     

    Ilustración de tapa, de 1908.


    Germán Cáceres


    Bibliografía


    -arnoldogualino.blogspot.com: José María Cao-Padre de la caricatura argentina.

    -Columba, Ramón, Qué es la caricatura. Editorial Columba, Buenos Aires, 1959.

    -Gutiérrez, José María, La Historieta Argentina, de la caricatura política a las primerasseries. Ediciones Biblioteca Nacional y Página/12, Buenos Aires, 1998.

    -https://es.wikipedia.org/wiki/José_María _Cao_Luaces.

    -https://www.lavozdegalicia.es: “Cao Luaces, el dibujante de Cervo que elevó la caricatura a la categoría de arte”, por Martín Fernández.

    -Neveleff, Julio y Di Lorio, Graciela, La argentina sin careta. Buenos Aires, Fundación OSDE, 2007.