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editora de comic desde Patagonia

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    La historieta biográfica sobre el célebre caudillo riojano que pasó a la leyenda como El Tigre de los Llanos, defensor incansable del federalismo, escrita y dibujada por José Massaroli en el año 1984, fue publicada originalmente en el diario La Voz a lo largo de 205 páginas diarias. 
    Hoy, la editorial la Duendes presenta un nuevo libro con la historieta completa rediagramada, en 96 páginas a gran tamaño. 
    Habrá una charla con los autores del prólogo y la nota de presentación del libro, el historiador Pablo J. Hernández (miembro de los institutos Juan Manuel de Rosas y Manuel Dorrego), el bien conocido historietista Silvestre "Frank" Szilagyi, y el autor, con la coordinación del investigador Felipe Ávila. Luego, brindis y firma de ejemplares.

    El evento se desarrollará el 7 de abril en la Biblioteca Nacional, Aguero 2502, CABA. Sala Juan L. Ortiz, a las 19 horas.


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    Análisis resumido de una década que marcó un quiebre


    Con el transcurrir de los años se ha impuesto una imagen de la historieta en los  90 que indica que su característica fue el vacío, la nada. Antes bien, lo apropiado sería señalarla como una etapa de desconcierto y de profundos cambios.

    Hasta la segunda mitad de esa década existieron tres grandes editoriales que marcaron los rumbos de la historieta argentina: Columba,Record y La Urraca. Un poco más atrás les seguía los pasos El Globo editor, del guionista Carlos Trillo.

    Hasta principios de los 80 los límites estaban muy claros. La historieta “seria” era de aventuras clásicas, caracterizada por un dibujo de estilo realista y temáticas que giraban en torno a géneros específicos. Por su parte, el humor gráfico se permitía una mayor libertad en cuanto a argumentos y estéticas. Desde mediados de los años 40 la historieta dominante en el país era la de producción propia.


    Revistas de La Urraca en los años 70 y 80.
    La editorial La Urraca modificó los límites a través de sus revistas Humor, Chaupinela–su antecedente-, El Péndulo, Superhumor, Humi, Fierro, País Caníbal, Sex Humor, Hora Cero (nueva época), Raf, etc. Los corrió, los desdibujó, introduciendo en el país las llamadas historietas de “autor”, la under, la experimental y las extranjeras de vanguardia (principalmente europeas). Si algo caracterizó a las publicaciones de la editorial, fue ser innovadora en todo sentido y presentar material de gran calidad. Tan fundamental fue su huella en el lapso que va de la segunda mitad de los 70 a principios de los 90, tanto moldeó el gusto de los lectores y autores que surgieron entonces, que después nada fue lo mismo.  Con la progresiva extinción de La Urracadurante ese período, debido a la baja en las ventas y los numerosos juicios a los que debió hacer frente –en particular del gobierno menemista-, aquellos que eran sus lectores quedaron huérfanos con su cierre definitivo.

    Revistas de La Urraca en los 80 y 90.

    Si bien en un determinado momento de esa época Columba (El Tony, D`Artagnan, Nippur Magnum, Fantasía, Intervalo, etc.), intentó captar parte de los lectores de La Urraca y de Record, sumando a sus filas colaboradores de ambas editoriales, no lo logró y en cambio perdió una parte importante de los propios. Pese a ello, durante ciertos tramos de aquella década su material mostraba un importante repunte en la excelencia con una propuesta más acorde a los nuevos tiempos. Pero parte de esa innovación se motivó en que se estaban adaptando a los gustos del lector italiano, país en el que revendían su producción. Tras esa etapa nuevamente modificaron el rumbo para dedicarse con exclusividad a la reedición de sus personajes y series de éxito, material en algunos casos de varias décadas atrás. Hasta 2001 la editorial siguió presente con las reediciones, en el formato comic book norteamericano (revistas de 32 páginas). Les funcionó, pero la crisis económica y manejos empresariales errados provocaron que Columba cerrara para siempre.

    Tapas de revistas de Columba en los 90.

    Tapas de los títulos que publicaba Columba en formato comic book, antes de su cierre

    Por su parte, editorial Record (Skorpio, Pif Paf, Corto Maltés, Tit Bits, Skorpio extra, Gunga Din, El Tajo, Fénix, etc.), que en su momento había probado sin suerte competirle con El Tajo a Fierro de La Urraca, también publicaba material valioso a través de Skorpio. Desde principios de los 90 esa revista había sumado a sus filas nuevos colaboradores, tanto periodistas como guionistas y dibujantes, imprimiéndole a su propuesta aires renovados. Perfección y originalidad fueron sus características, pero sin alejarse de una estética realista. Pese a ello, el declive económico del país y por lo tanto del poder adquisitivo de la población, sumado a la imposibilidad de revender material al exterior sin pagarle a los autores por esa operación (como sucedía antes) y así obtener fondos extras, concluyeron en el cierre.

    Tapas de revistas de Record en los 70 y 80.

    Tapas de revistas de Record en los 90.

    El Globo editor fue creado por Carlos Trillo para canalizar en el país la producción que realizaba para el exterior a través de las revistas Puertitas (y sus variantes Sexy y Terror), La Risa o el comic bookCyber Six. En gran medida funcionó como un complemento de las publicaciones tradicionales. Pese a que nunca llegó a imponerse como una editorial fuerte, aportó algunas sagas de éxito, como Fulú, con dibujos de Eduardo Risso, y, en particular, Cyber Six, con arte de Meglia. Serie, esta última, de la que filmaron varios episodios para la televisión. La repercusión que no obtuvo en el país debido a los profundos cambios sociales, la consiguió en Italia. Aunque nunca le fue del todo mal en las ventas, el propio Trillo reconoció públicamente que hacia 1994, año en que cerró, apenas cubrían los costos. Hacia 1995 el sello se mantuvo, pero asociado al de Meridiana, nombre con el cual publicaron algunos números de una revista. Hasta fines de la década editaron historietas nacionales y extranjeras en formato comic book. En cierto modo fue como una continuación acotada de El Globo Editor.



    De los años 90.


    Hubo intentos de reflotar o continuar las fórmulas de La Urraca, de Record y de Columba, a través de revistas que tuvieron mayor o menor suerte.

    La Urraca editó País Caníbal, con los referentes de las nuevas líneas surgidas en Fierro, pero no contó con el apoyo de los lectores y el proyecto se agotó en el tercer número.




    La Parda fue una revista independiente en la que se destacaban algunos de los nuevos valores surgidos en Fierro, cuyos estilos estaban mayormente a mitad de camino entre el dibujo realista y las tendencias experimentales. Poseía personalidad, con material de buen nivel, cuyo punto flojo lo representaban las notas y páginas a color mal impresas. 




    De la revista Suélteme aparecieron cinco números discontinuados entre 1995 y 1999, en los cuales se publicaban varios de los referentes de las nuevas orientaciones aparecidas en Fierro. En cierto modo era una buena versión ampliada del suplemento Óxido, de esta última.




    La revista Cóctel tuvo dos etapas bien definidas: en la primera dominaba una estética profesional cuidada, que transmitía imagen de excelencia, y la segunda se percibía más caótica y transgresora. Sus contenidos fueron una mezcla de diversas estéticas, géneros y temáticas: planteos experimentales, manga, under, historieta clásica, superhéroes, humor, etc.




    Lápiz Japonés, ideada por Sergio Langer, Ralveroni, Bianchi y Kern como una revista-libro-objeto de arte de 200 páginas, agrupó a talentos consagrados y emergentes del momento. Con una propuesta muy profesional, de altísimo nivel, se caracterizó por una estética de vanguardia e irreverente (anunciado desde el título). Se podría decir que en el país representó el punto máximo alcanzado por los nuevos movimientos en cuanto a cantidad, calidad y amplitud de propuestas. En ese sentido aún no ha sido superada y en la historia argentina del género quedará como “LA” revista experimental.


    King Comics”, editada en 1994 por Roger King producciones, con 48 páginas a todo color, fue un intento de continuar las historietas de corte tradicional.  Su staff lo integraban autores de extensa trayectoria que formaban parte de Skorpio.




    Otra de aquellas revistas antológicas fue “Puño Fuerte”, que adoptó el nombre de una publicación de gran renombre décadas atrás.  El primer número apareció en diciembre de 1996, con 64 páginas impresas a todo color en papel ilustración. Continuaba las líneas de Record y Columba, con notables profesionales de ambas editoriales. Un aspecto poco positivo fue que los textos de las historietas estaban realizados con una tipografía tipo máquina de escribir, con lo cual se transmitía una imagen fría e impersonal.





    De la revista“Hacha” aparecieron unos pocos números entre 1997 y 2000 a los que se suman algunas ediciones especiales. La integraban autores profesionales en la línea de Record, con una propuesta de alto nivel.


    De El Tripero se editaron sólo algunos números, básicamente adscripta a una corriente de experimentación. Integrada por los alumnos del taller de Alberto Breccia, el material mostraba una evidente influencia del maestro.


    Otro editora de fines de los 90 fue Comic Press, con títulos publicados en formato comic book, como El Eternauta odio cósmico, historia que en su momento causó cierto revuelo por considerársela “pirata; El ojo Blindado–de enorme calidad gráfica-; Zonda;Mark 2 (personaje este creado en Editorial Columba); El reino de los dioses, entre otros. También, desde esta editora, en 1998 hicieron un intento de reflotar Skorpio.



    Algunos títulos de Comic Press, entre ellos la reedición de Skorpio.

    Asimismo, una nueva generación de autores comenzó a asomar por todo el país a través de numerosos fanzines, que constituyeron la segunda oleada después de la del los 80.

    Una revista impresa en formato pequeño, a todo color y orientada a un lector joven, sobresalió a fines de los 90: Ultra. Mediante una propuesta donde prevalecía la excelencia, con una gráfica y guiones modernos, logró gran aceptación, pero la crisis económica truncó el proyecto. Su propuesta fue innovadora y parte de su material la trascendió, publicándose en el exterior o compilándose en libro con la llegada del nuevo siglo. 





    El gran éxito de la década fue la historieta “Cazador”, editada en comic book a cargo de La Urracay orientada a un lector joven, con una tirada de alcance masivo. Tal vez entre sus principales características, las que le hicieron ganar el favor de los lectores, fue la transgresión, la violencia excesiva, parodias llevadas a extremos grotescos y un humor chabacano. Reflejaba una sociedad decadente, violenta y corrupta. En cierto modo funcionó como un espejo con el que identificarse y, a la vez, como catalizador del descontento y desconcierto que se vivía por los profundos cambios sociales.  



    La próxima semana la segunda parte con las conclusiones.


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  • 04/11/14--09:47: Entrevista: Rodolfo Fucile
  • Rodolfo Fucile es ilustrador y dibujante de amplia trayectoria que colaboró con medios gráficos como Clarín, La Nación, Caras y Caretas, Orsai, Brando, First, Cinemanía, Beglam, La mujer de mi vida y Mavirock.  Como así también Ilustró libros de destacadas editoriales e storyboards e ilustraciones para diversas agencias de publicidad. Publicó los libros Artistas irrelevantes (2008), Vicios y virtudes del Carnicero (2010), El Supervisor (2012) y Fuera de Serie (2013).



    - ¿Desde cuándo dibujás y qué te motivó a dibujar?

    Empecé a dibujar de chico, como todos, pero nunca dejé de hacerlo (no soy muy original en esto). Me acuerdo de que armaba revistas de fútbol con dibujos y reseñas de partidos imaginarios. También me gustaba la caricatura. En algún momento ese pasatiempo se transformó en una vocación y empezó a ocupar un espacio más importante. Hoy en día el dibujo es mi trabajo, mi canal de expresión y sigue siendo un espacio de juego.



    - ¿Cuándo y dónde comenzaste a publicar?

    Creo que las primeras ilustraciones editoriales me las encargó Longseller, cuando tenía 19 o 20 años más o menos. En esa época yo hacía de todo un poco: algo de diseño con ilustraciones, retratos para particulares, carteles, remeras, de todo. O sea, ya venía ganando unos pesos con el dibujo y de a poco me iban saliendo trabajos de ilustración. En aquel momento empecé a ilustrar manuales y libros de Santillana y Estrada, y también hice varios storyboards publicitarios. Las publicaciones en diarios y revistas llegaron después, cuando ya hacía tiempo que vivía de esto.


    - En tu obra se aprecia una impronta caricaturesca en la forma de retratar los personajes, y mucho contacto con la realidad presente y pasada a través de los temas urbanos que abordás, del día a día. Es algo buscado o se podría decir que sale solo?

    La impronta caricaturesca surge de una manera de interpretar lo que veo, pero no es algo premeditado o planificado. Digamos que me sale así y lo dejo porque me gusta. De hecho, cuando me toca dibujar algo que requiere un canon más realista tengo que controlar más el dibujo, para que no me queden las cabezas grandes o los gestos exacerbados. Lo de la temática urbana, en cambio, tiene un poco de las dos cosas. No la busco pero siempre me encuentro con ella. No digo “voy a hacer una serie de personajes urbanos con estas características”, pero lo cierto es que me siento en un bar y ya estoy dibujando un perfil o estudiando el movimiento del mozo. Lo mismo me pasa cuando voy caminando o estoy en un lugar donde no puedo dibujar: mentalmente dibujo lo que me rodea, me cuelgo mirando un gesto o una forma cualquiera. Todo eso, aunque quiera impedirlo, se cuela en mis trabajos y yo lo dejo pasar.


    - En tu linea de dibujo, aunque con rasgos muy personales, también se aprecia un gran contacto con una línea gráfica de impronta netamente argentina, relacionada con la ilustración editorial. Lo encuadraría en una corriente que estarían Scafatti, Sábat, Nine, Cardo, entre otros, o las que publicaban revistas como El Péndulo y tantas otras de La Urraca.¿Te parece que es así?

    Que asocies mis trabajo con el de esos tipos ya es un elogio, así que te agradezco. Nunca los vi como parte de una misma corriente, pero es cierto que tienen puntos de contacto. En principio, son dibujantes que desarrollaron su obra en el campo de la ilustración, pero que se han nutrido mirando a los viejos maestros del dibujo y la pintura (digamos de las “bellas artes”). En ese aspecto me siento bastante identificado. Scafati, en particular, fue mi principal influencia durante una etapa. Siempre me atrajo su línea suelta y por momentos violenta, que contiene algo de Alonso y de Szalay, pero bien enredada en la trama urbana y en universos literarios que también me fascinan, como el de Kafka. Además, su forma de encarar el oficio y la claridad de sus reflexiones lo convirtieron en una especie de gurú (al menos así lo veo y creo que lo ven muchos dibujantes de mi generación). Lo mismo pasa con Nine, a quien pude conocer en la ADAhace varios años. El corto tiempo que lo traté fue muy importante para mí. Hay consejos suyos sobre la línea, la composición, etc. que me vuelven todo el tiempo; quizá fueron frases que tiró al pasar pero me quedaron picando y con el tiempo creo que las voy comprendiendo. Por ahí estoy dibujando, medio trabado o disconforme con algo, y se me aparece la voz de Nine, o de Scafati, marcándome algo o cagándome a pedos. También se me aparecen otros con los que por supuesto jamás hablé, como Toulouse-Lautrec, Daumier, Goya... A veces se pelean (la soledad del tablero es peligrosa).



    - En tus trabajos personales, los que hacés por gusto ¿por dónde pasa la búsqueda tanto en lo gráfico como en los temático?

    Como regla general evito cualquier condicionamiento que pueda quitarme las ganas de dibujar. Si el proyecto se me convierte en una obligación, ya no tiene sentido. O sea que la búsqueda varía de acuerdo al momento, al estado de ánimo, etc. Últimamente, para contrarrestar un poco el trabajo de ilustrador, estoy trabajando sin pautas temáticas. O sea, agarro la pluma o lo que tenga a mano y garabateo, combino formas, hasta que aparece algo reconocible. Sobre esa base, empiezo ya más concientemente a definir la imagen, pero siempre dejando una puerta abierta para la improvisación. Muchas veces el resultado es un mamarracho pero otras veces quedan cosas que me gustan y terminan en una serie o incluso en un cuento, como fueEl Supervisor. En este caso, partí de dos imágenes donde había logrado un clima y me encontré con un argumento latente que necesitaba desarrollar; entonces la búsqueda tuvo que ver con la fusión del dibujo y el texto, que es otra de mis obsesiones: cómo hacer dialogar esas dos capas de sentido, sin que una se coma a la otra.




    - ¿Qué técnicas son las que más empleas y por qué?

    Uso de todo un poco: tinta, lápiz, acrílico, microfibras, birome… no soy purista ni exigente con los materiales. A veces es la técnica la que define el clima del dibujo, y otras veces es el tema que me inclina por un material determinado. En general percibo la forma y el contraste antes que el color. Puedo estar un rato hablando con alguien y después no recordar qué color de ojos o de ropa tenía, pero sí la forma de la nariz o la postura corporal. De algún modo es una deformación visual, pero bueno, es mi tendencia, entonces cuando dibujo elijo técnicas que me ayuden a reproducir esa manera de ver.



    - Trabajás/te para muchos medios periodísticos ¿básicamente en qué consiste el trabajo?

    Depende mucho de la nota o el tema a ilustrar. No es lo mismo un artículo sobre moda que otro donde entran en juego posturas ideológicas donde, si uno no coincide con la línea editorial, tiene que ingeniárselas para opinar sin ir al choque. Pero son pocos los casos conflictivos. Por mi parte, trato de tomar el tema como disparador para experimentar o comunicar algo. Algunas veces acompaño el texto con una metáfora visual, otras intento crear un clima o una pequeña ficción que complete o extienda el sentido. No puedo hacerme cargo del contexto en que se publica la imagen, pero me interesa queesa imagen me identifique y pueda formar parte de mi portfolio. Muchas veces lo consigo.

    - ¿Cuántos libros tenés publicados y en qué consiste cada uno?

    Más allá de los que ilustré, publiqué cuatro libros que son proyectos propios. El primero fue Artistas irrelevantes(2008), que es una recopilación de relatos ilustrados sobre personajes que no aportaron nada a la Historia del Arte. Son biografías falsas, en clave humorística, donde se mezclan las reseñas culturales con recordatorios y expedientes judiciales. En 2010 hice un libro artesanal que se llamó Vicios y Virtudes del Carnicero. Es una serie de dibujos y grabados “surrealistas” sobre un carnicero. Está agotado pero hay una edición PDF gratuita. En 2012 publiqué El Supervisor, que es el cuento que mencioné antes. Narra la historia de tres empleados de una oficina estatal que practican un juego secreto, hasta que son descubiertos y se les viene la noche. Y hace poco salió Fuera de Serie, que es una antología de dibujos en blanco y negro. En el prólogo cuento la historia del libro, pero básicamente son imágenes que nacieron como vía de escape a mi método de trabajo. Los tres últimos títulos se pueden bajar gratis desde mi sitio: www.rodolfofucile.com.ar/descargas



    - ¿Cómo se lo puede conseguir?

    En este momento, Artistas irrelevantes es el único que se vende en varias librerías y comiquerías. Los otros, al ser tiradas cortas, se consiguen por venta directa y en algunos eventos. Los más práctico es que los interesados entren a la sección Ediciones de mi web o me escriban a info@rodolfofucile.com.ar


    - ¿ Cómo ves al mercado editorial hoy en día?


    Me resulta difícil evaluarlo en general. Desde mi lugar de “freelance” lo veo mal. Creo que el trabajo del ilustrador está muy precarizado y esa situación se acentúa cada vez más. Las tarifas no aumentan al ritmo del costo de vida. Por otra parte, en el mercado del libro son pocas las editoriales que reconocen los derechos de autor del ilustrador y, cuando los pagan, los “adelantos” son bajos con relación al trabajo que lleva lustrar un libro. Además, hay una gran concentración editorial y pocos espacios donde trabajar. O sea que son pocos los dibujantes que viveníntegramente de sus colaboraciones en medios o de los libros. La mayoría debe moverse por otros terrenos para completar un ingreso, si es que puede. De hecho yo no tengo una estabilidad en el campo editorial y vivo en gran parte de la ilustración publicitaria. Si uno entra en grupos o foros de internet, seguro va a encontrar colegas con experiencia que no tienen trabajo, y muchos otros dispuestos a trabajar por precios ridículos o a hacer pruebas gratis, buscando una “oportunidad” (y no hablo de adolescentes sino de gente que supera los treinta años y aún no pudo insertarse). En este contexto, lo positivo es que todo el tiempo surgen autoediciones y pequeños emprendimientos con mayor apertura estética y temática, pero en estos casos los que trabajan no ganan plata o ganan tan poca que sería pretencioso hablar de “mercado” editorial (en todo caso se trata de un mercado donde sólo hacen negocio algunos eslabones de la cadena). En resumen, no vislumbro un panorama alentadorpero ojalá me equivoque… 


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    Felipe Avila, Frank Szilagyi, Massaroli



    El autor junto a Tito Spataro, Pablo Rafecas y Germán Cáceres



    Massaroli junto a los dibujantes Frank Szilagyi y Alberto Caliva


    Sorteando dibujos entre los asistentes

    Massaroli junto al ganador de uno de los dibujos que se sorteó durante el evento.



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    Análisis resumido de una década que marcó un quiebre

    Con el transcurrir de los años se ha impuesto una imagen de la historieta en los  90 que indica que su característica fue el vacío, la nada. Antes bien, lo apropiado sería señalarla como una etapa de desconcierto y de profundos cambios.


    También durante ese tiempo se consolidó Comiqueando, medio periodístico especializado en la crítica y estudio sobre la historieta. Se orientó a guiar al lector principalmente respecto de la presencia de los por entonces nuevos productos dominantes en el mercado local de historietas: superhéroes y manga. La revista también le brindó un espacio en sus páginas a historietas de autores nacionales y hacia fines de la década el sello Comiqueando presseditó comic books tales como Bruno Helmet, la serie Caballero Rojo– superhéroe de factura nacional- o La noche del Apocalipsis, entre otros. 



    En cuanto al humor gráfico, a principios de la década hubo un intento de reeditar la revista cordobesa Hortensia. Salieron algunos números, dejando de lado su tradicional formato tabloide, imprimiéndole un diseño gráfico moderno. Presentaba, como siempre, un material sobresaliente.



    Le Chisté fue una revista de corta vida dirigida por Tute, el hijo de Caloi. Participaron los grandes nombres del humor gráfico de la época.


    La murga, de la que también aparecieron pocos números, fue editada a todo color, integrada por muchos de los principales humoristas gráficos que se destacaron en La Urraca. En gran medida funcionó como un desprendimiento de Humor, ya que seguía una línea que se le asemejaba.



    Algunas editoriales nacionales, que hasta entonces no se dedicaban a las historietas, como “Perfil”, comenzaron a publicar comics books de superhéroes. Fue entonces cuando se quebró una tradición: desde la década del 40, las historietas de producción local habían dominado el mercado nacional. Pero también cambió el lector, ya que el principal consumidor pasó a ser el adolescente, cuyos gustos se orientaban hacia los superhéroes, el manga y el animé (cine de animación japonés).

    En plan de adaptarse a los nuevos tiempos, fueron muchos los que adoptaron el formato comic book, que sería dominante durante la segunda mitad de la década. Recurrieron a él editoras nuevas y tradicionales, tal es el caso de Columba. Una modalidad que ya se utilizaba desde los años 80, el del álbum europeo (48 o más páginas, en tamaño mediano o grande), mantuvo su vigencia. El de revista mensual antológica fue cayendo en desuso, hasta desaparecer.



    Y durante esa década comenzó a asomar algo que se visualizaría a nivel nacional con el comienzo del nuevo siglo: editoriales de historietas del interior del país. Tal es el caso de revistas de Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz, que se unirían para conformar “El espejo de los dibujantes del sur”. Dieron lugar a una movida que agrupó a unos sesenta autores.



    Se ha hablado y escrito mucho acerca del “vacío” de los 90, pero como se ve ese vacío no fue tal. A lo largo de la década, en los quioscos de revistas el lector podía acceder mensualmente a varios títulos en forma simultánea, ya sea de las propuestas tradicionales como de los nuevos emprendimientos. Fue una década de cambios, de progresiva extinción de lo que era una industria, de la migración masiva de los profesionales notables hacia el exterior, de la aparición de nuevas formas temáticas y estéticas en la historieta argentina, de la adopción de formatos poco utilizados hasta ese momento, y del alejamiento del lector no específico de historietas. Es decir, lo que existió fue desconcierto, reacomodamientos, disolución, fragmentación y dispersión.



    La Urraca creó a un lector muy especializado, que seguía a autores, estéticas, temáticas o tendencias gráficas determinados. Un lector que previamente se había iniciado leyendo una historieta más tradicional, pero que al desaparecer La Urraca, no pudo o ya no quiso regresar a lo que para entonces representaba las formas de sus viejas lecturas. Como así tampoco incorporó las nuevas propuestas influenciadas por material extranjero, más orientado a un lector adolescente. En la medida que desaparecieron las revistas de La Urraca que funcionaban como espacios de aglutinamiento y agrupaban las nuevas inquietudes, se dio una profunda dispersión. Esto se reflejó en la aparición de pequeñas publicaciones que intentaron continuar alguna o varias de las directrices que supo canalizar. Los resultados parecen indicar que funcionaban en la medida que se las publicaba en conjunto y acompañadas de otras ideas gráficas para que resultaran rentables.



    El lector de historietas tradicionales, ya sean de humor o aventuras, se mantuvo fiel a ese tipo de lecturas y con la extinción de esas propuestas, simplemente dejó de comprar historietas. Este era el lector mayoritario, el que sostenía lo que era una industria. 

    Los proyectos más logrados fueron aquellos que, o bien entraron en sintonía con la época o arribaron a una personalidad propia, diferenciada, despegándose de los títulos tradicionales de las grandes editoriales o las revistas de mayor influencia. Nada fácil fue despegarse de Fierro, “la” revista de los años 80. Quedaría suspendida en la memoria de los lectores como una especie de mito, hasta su regreso durante el nuevo siglo, por intermedio de otra ruta editorial. 
    De los títulos que contaron con mayor peso propio se puede citar al antihéroe Cazador, el comic bookde la heroína Cyber Six, la revista experimental Lápiz Japonés y la revista Ultra.



    En el camino, se podría conjeturar que debido a las sucesivas y feroces crisis económicas y sociales, la población fue perdiendo la capacidad adquisitiva y la costumbre de leer historietas. O bien dejó de interesarle lo que se le ofrecía. Por su parte, los nuevos lectores, adolescentes, comenzaron a consumir en su mayor parte historietas de origen extranjero. Desde entonces, todo fue distinto. Ya no hubo editores o editoriales con producción propia de tal peso que impusieran su sello, que marcaran senderos, que mantuvieran vivo un mercado, que para existir necesita de cierta masividad en las ventas.



    Corrección de estilo: Germán Cáceres

    Un compilado de publicaciones de los años 90.


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    (Rocaeditorial, Buenos Aires, 2013, 240 páginas)

    “-No existe tal Hombre de Arena, cariño- me respondió mi madre-. Cuando digo ´viene el  Hombre de Arena´ quiero decir que tienen que ir a la cama y que sus párpados se cierran involuntariamente como si alguien les hubiera tirado arena a los ojos.”
    E. T. A. Hoffmann: El Hombre de Arena




    Neil Gaiman (Porchester, Inglaterra, 1960) es un escritor muy singular porque guionó historietas, escribió literatura infantil y abordó novelas para adultos (como la que se comenta), siempre dentro de una veta fantástica. Pero, en esos tres ámbitos está influido por la inmensa literatura infantil de Lewis Carrol (Alicia en el país de las maravillas y Detrás del espejo) y C.S. Lewis (Las crónicas de Narnia), a quienes cita en sus obras. Pero también alude a la canción de niños Wee Willie Winkie, y propone un desarrollo histórico distinto al que se conoce oficialmente en nuestro planeta, como lo hace J.R.R. Tolkien en El Señor de losAnillos y El Hobbit. El espíritu de El maravilloso mago de Oz, de Lyman Frank Baum, también está presente.


    Entre sus más famosas creaciones para chicos -que abarcan unos quince títulos-, figuran su novela Coraline(llevada al cine de animación por Henry Selick en 2009) y la colección de cuentos El día que cambié a mi padre por dos peces de colores.


    Pero el éxito que lo llevó al estrellato fue su novela gráfica The Sandman, para cuyo protagonista (aunque ya había un héroe homónimo en la factoría DC concebido por Joe Simon y Jack Kirby) seguramente se inspiró en el cuento de Hoffmann del epígrafe, a partir del cual  Sigmund Freud propuso Lo siniestro. Su amor por el género surgió durante la entrevista que en calidad de periodista le realizó al relevante guionista Alan Moore (responsable de los textos de Wachtmeny de V de Vendetta, entre otros). Hasta el presente esta obra se publicó en Estados Unidos durante el período comprendido entre enero de 1989 y marzo de 1996, y luego se recopiló en diez tomos. El primero, Preludios y nocturnos, narra como Sandman, también llamado Sueño, estuvo prisionero setenta años y es uno de los hermanos que conforman los Eternos. Aquí aparece toda una cosmogonía de mundos paralelos con monstruos, brujas, fantasmas que conducen a situaciones impresionantes a la vez que representan un mundo encantado. Los diez tomos abarcan todos los números de la saga, y el arte de Dave Mc Kean se destaca en sus cubiertas, que suelen comprender una figura central con transparencias y veladuras. Esa pintura está rodeada de estantes y cubículos que portan objetos variados (páginas escritas, hojas de plantas, manos, portalápices, huevos de piedra). De los dibujos de historieta participaron Sam Kieth y Mike Dringenberg(co-creadores de la serie) y Malcolm Jones III, mientras el color estuvo a cargo de Robbie Busch. Abundan cuadritos multiformes, paisajes a doble página y colores restallantes que generan un torbellino de extrañas imágenes. The Sandman registra un paisaje onírico propio de un cuento de hadas en el marco de una historia de terror.


    Esa imaginación desorbitada se repite en el libro El océano al final del camino, narrado en primera persona por un chico de apenas siete años, que además de leer revistas de historietas frecuenta a clásicos como los ya citados Lewis Carroll y C.S. Lewis. Este último es el escritor de literatura infantil que más inspiró la estética de Neil Gaiman. Así, el protagonista se pregunta “¿Por qué a los adultos no les gustaba leer las historias que hablaban de Narnia, de islas secretas, contrabandistas y peligrosos duendes?” / “Los adultos siguen caminos. Los niños exploran”, y parece sumergirse en un hechizo a partir de dos sucesos iniciales que provocan un caos: un minero sudafricano se suicida en el auto de la familia y ésta contrata a la bella Ursula Monkten como ama de llaves, la que en el fondo es una criatura ligada a universos sobrenaturales que se superponen al nuestro. El pequeño le tiene miedo a Ursula y descubre el sexo al ver que su padre es seducido por ella.


    El autor despliega un universo de ensueño, inocente e infantil,  y al mismo tiempo diabólico y monstruoso, habitado por criaturas quiméricas, en donde un océano puede caber en un  balde de agua. En realidad se trata de un multiverso mágico, donde tanto las sombras como el viento actúan como seres vivientes. El autor se aprovecha de las dudas que abriga la Física acerca de la composición de la mayor parte del cosmos para impregnar a éste con su fantasía. Y sugiere –dado que al chico se le alojó “un agujero en el corazón. Tienes dentro tuyo una puerta que conduce a otro mundo más allá del que tú conoces.”- que esa comunicación se realiza a través de los  agujeros de gusano (especulación científica sobre el espacio tiempo). Y el pequeño medita: “…que daba lugar a diversas dimensiones que se plegaban como figuras de origami y florecían como extrañas orquídeas, y que marcaría la última época buena antes de que se acabara todo y llegara el siguiente Big Bang…


    La prodigiosa prosa de Gaiman motiva que la lectura de la novela sea placentera y cautivante: la traducción de Mónica Faerna, profesional y superlativa, resulta una gran ayuda. Esa escritura pausada, puntillosa y poética está colmada de maravillosas imágenes (“El trueno gruñía y retumbaba en un rugido constante y monótono, como un león al que estuvieran haciendo enojar, y los relámpagos fulguraban y parpadeaban como un fluorescente estropeado. “/ “…y me puse a pensar, sin darme cuenta, en los santos locos de la historia antigua, los que iban a pescar la luna en un lago, con redes, convencidos de que el reflejo en el agua era más fácil de atrapar que el globo suspendido en el cielo.”) Su punto de vista es sumamente visual, hasta cinematográfico, y evoca los mejores filmes de Tim Burton y Wes Anderson.

    Neil Gadman ganó los premios Hugo, Nébula, Locus, Howard Philips Lovecraft y Bram Stoker. Por El océano al final del camino obtuvo el Nacional Book Award a Libro del Año en Gran Bretaña.



    Germán Cáceres

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    Este texto forma parte de una serie de ensayos sobre artes posmodernas que empecé a escribir con la intención de continuar con mi formación como historiador pero por fuera del actual sistema academicista y capitalista de títulos de posgrado. Junto a él, escribí otros cuatro sobre cine, televisión, videojuegos e internet, tomando a esta última como un lugar virtual y real, a la vez, donde todas las obras se manifiestan o se reproducen en una especie de duplicidad infinita.


    El corpus conceptual está tomado de la escuela marxista de estudios culturales, pero los textos fueron escritos con la idea de empezar a darle forma a una corriente estética de tipo anarquista.





    En su origen occidental, la historieta cumplía una función de goce relacionada con la lectura de los periódicos, surgió como una tira cómica para el caso de los Estados Unidos (Yellow Kid) y como humor gráfico para el caso de Argentina (diario “El mosquito” fue pionero en el empleo de viñetas o tiras  de humor gráfico para mofarse de los personajes políticos de la época en un estilo muy similar al que lo hace hoy la revista “Barcelona”, otra precursora fue “Caras y Caretas”; en ella se inauguró el uso del bocadillo).




    A fines de la década de 1930, en Estados Unidos, aparecieron las primeras revistas dedicadas a publicar historietas de forma exclusiva. A la función del goce no tardó en sumársele una función pedagógica caracterizada por un carácter muy ambiguo. Por un lado, a sus protagonistas superheróicos les preocupaba el respeto y cumplimiento de la ley y la rectificación de situaciones que resultaban injustas a sus ojos. Por otro lado, los superhéroes solían caer en el ejercicio de hacer justicia por mano propia; su condición excepcional (tener súper poderes) y su alto sentido de la moral se lo permitían. El cuestionamiento de la autoridad intrínseca de los superhéroes para imponer su visión de la justicia tardó unos sesenta años en llegar desde dentro de las dos grandes editoriales de historietas, Marvel y DC. Pero el primer cuestionamiento a la figura del superhéroe todopoderoso, caprichosamente justiciero, cuasi divino y con licencia para matar o capturar, fuera de su país natal y del planeta Tierra, surgió de la pluma de Alan Moore, un escritor británico que simpatiza con el anarquismo. 

    Editorial DC pero publicada en castellano bajo Ediciones Zinco. Autores:  Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins

    En su obra Watchmen, dibujada por Dave Gibbons, Moore explora los límites morales de la justicia superheróica, así como los límites del ridículo de los coloridos trajes de lycra, con lo cual termina deconstruyendo el montaje y significado moral y estético de íconos tan poderosos y duraderos como el de Superman o Batman.



    Moore entabla una relación entre los superhéroes autoritarios y de jurisdicción internacional y las políticas de estado imperialistas que sostienen que el esfuerzo bélico es necesario para sostener la paz; esto no hace más que referencia a la tensión que se vivió durante la época de la guerra fría sostenida entre el mundo occidental y capitalista y el oriental y soviético. Lo que Watchmen deja de manifiesto es que los superhéroes son funcionales a sus respectivos gobiernos, no van a ir detrás de la verdad si esta puede alterar el orden social conocido hasta el momento, la obra de Moore denuncia la incapacidad de los superhéroes para cambiar el mundo y hacerlo realmente justo, solamente son capaces de defender la libertad y la justicia burguesas; ocultando la verdad si es necesario, sacrificando antiguos compañeros de trabajo también.



    En el caso de la DC Comics de Superman y Batman, el dilema sobre la autoridad de los superhéroes y su libertad de acción para combatir el ‘mal’ llegó en 1997, de la mano de Kingdom Come, escrita por Mark Waid y dibujada por el hiperrealista Alex Ross. En realidad, no se trata de un dilema real sobre la autoridad de los héroes clásicos para hacer justicia; la cuestión pasa, más bien, por la necesidad de su presencia para que la nueva clase de metahumanos (humanos con superpoderes) tengan modelos de moral y disciplina a seguir. Superman se ha retirado a la vida de la granja tras la muerte de Lois Lane a manos del Guasón y también debido a la admiración de la sociedad por Magog, un nuevo superhéroe que decidió asesinar al Guasón luego que este eliminara por completo al personal del Daily Planet. Batman y otros también están retirados de la escena.



    En el caso de Marvel Comics, la cuestión de los superhéroes y los límites de sus atribuciones se planteó casi diez años después (2006 – 2007), bajo el título de Civil War, una historia de siete tomos escrita por Mark Millar y dibujada por Steve McNiven. A su vez, la historia atravesó los guiones de todos los títulos superheróicos de la editorial durante varios números. Aquí el problema pasa por la intención del gobierno de someter a todos los seres humanos con poderes, héroes o villanos, a un Acta de Registro. Habrá quienes estén de acuerdo y quienes no y ahí darán inicio los problemas, viejos amigos se verán enfrentados por defender la libertad de reservar sus identidades secretas o lo que creen que es justo para el conjunto de la sociedad que pretenden proteger de los villanos.



    El parecido de los dos casos se da en que el cuestionamiento sobre el accionar inconsciente de los superhéroes se sostiene sobre una catástrofe originada de sus peleas con los villanos y de su falta de guías morales o entrenamiento logístico, con los cuales, según la sociedad y sus gobiernos, la catástrofe que inició la discordia[1]podría haberse evitado. Sin embargo, el dilema, en ambos casos, se plantea en términos domésticos. En ningún momento se plantea un abordaje de la injerencia de Estados Unidos sobre los terceros mundos mediante la lucha del bien contra el mal como ocurre en Watchmen. Todo se resume a que los ciudadanos comunes puedan llevar adelante su american way of life de forma apacible, sin temor a que les caiga encima un auto revoleado por un superhéroe adolescente. Lo que sí, hay atisbos de que el mundo exterior se verá afectado por cómo se resuelva el conflicto en casa, lo que no hace más que subrayar el carácter imperialista de ambas editoriales. De momento, ninguna de las dos se ha planteado la superación del paradigma clásico de superhéroe enfrascado en un ridículo traje multicolores que sale volando a luchar contra el mal y la injusticia para defender los valores de la vida burguesa norteamericana. Pero eso, sería como esperar que los capitalistas decidan alterar las relaciones de producción dominantes ellos mismos, porque el paradigma mismo de superhéroe norteamericano implica mantener el orden, hacer justicia dentro de los límites de la justicia burguesa y liberar a los oprimidos de todo régimen político que no se corresponda con la democracia burguesa petrolera. Lo otro, lo distinto a lo burgués, lo que no se apega a la ley y la idea de libertad de Superman o el Capitán America es lo villano y debe ser sometido a una fuerza sobrehumana de tipo hegeliana. Los superhéroes se encargan de que las fuerzas de la historia no se desvíen de su curso occidental y cristiano.






    [1] Esta palabra clave me remite a los inicios de la escritura y la narrativa griega, a los inicios de los mitos y los relatos escritos y a la idea de hasta qué punto la cultura norteamericana se viene forjando sobre el legado de una cultura oriental, que ellos pretenden hacer conocer como la “cuna (occidental) de la civilización occidental”. A los estadounidenses les gusta hacer esta distinción sobre las civilizaciones de Oriente y Occidente cuando, en realidad, la misma no existía, en la forma que la conocemos hoy, en los tiempos helénicos y clásicos.


    La próxima semana la segunda parte.

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    (Doedytores, Buenos Aires, 2011, 96 páginas)



    En cierto modo puede decirse que propone una reformulación contemporánea de El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde (1868), de Robert Louis Stevenson.
    Miranda Vidal debe consultar a una psiquiatra porque sufre de doble personalidad: ella es una dibujante de ilustraciones infantiles que viste y actúa con excesiva formalidad y, de repente, y sin tener conciencia de ello, se transforma en la liberada Sasha, que usa ropas excitantes y no le escapa ni a la bebida ni al sexo: su perfil es cercano al de Lisbeth Salander, la heroína de la trilogía Millennium (2005/2007), de Stieg Larsson. “En casi toda la obra de Carlos Trillo (pensemos en Sarna, El síndrome Guastavino y Bolita) el sexo cumple un rol decisivo…” sostiene Lautaro Ortiz en el excelente prólogo de esta novela gráfica. El guionista arma un complicado rompecabezas, pero sale airoso enlazando convincentemente todos los cabos sueltos. Además, reproduce el habla cotidiana y desinhibida de la gente joven, sobre todo la que está al borde de cierta marginalidad social. No apela a textos superiores ni inferiores, sino sólo a diálogos y a las reflexiones de la protagonista. Esta historia perturbadora, en la cual rige la ambigüedad y campea el lesbianismo y la prostitución, gira en torno a la filmación de una película porno con un asesinato (snuff).


    La historieta visualmente resulta encantadora: “Lucas Varela es de los más importantes dibujantes de los últimos años.”, afirma Ortiz, y en los tramos de viñetas mudas la narración se torna fascinante. En su trazo personal y moderno convoca al humor gráfico y al cine de animación. El estupendo diseño de página varía en forma constante y no se repite. La coloración arranca de un bordó naranja hasta distintas gradaciones de tonos que llegan al blanco puro y utiliza aplicaciones planas de valores bajos que otorgan a la historieta un clima de irrealidad. Por su sencillez y claridad  da la sensación de que el artista hubiera abrevado en la escuela del cómic franco-belga.


    El libro trae un “Bonus”, que es el plot de Los lindos con seis páginas de muestra, un proyecto del binomio que debió interrumpirse por el fallecimiento de CarlosTrillo en 2011. La propuesta del guionista era muy imaginativa y trataba en esencia del anhelo de juventud que en la actualidad desvela a los seres humanos. Las imágenes de Lucas Varela son impactantes.
    El lector encontrará en Sasha despierta un final inesperado y audaz.


    Germán Cáceres

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    Barlovento, de Eduardo Mazzitelli en los guiones y Enrique Alcatena en los dibujos. 176 páginas, Napoleones sin batallas y Entelequia.


    Las historietas dibujadas por Alcatena reúnen una serie de características que las definen: calidad, desbordante imaginación, originalidad y un amplio muestrario de recursos gráficos.
    Al analizar la obra de cada artista a través de los años, se puede apreciar su evolución, que puede presentar o no altibajos. Proceso entendido como la riqueza que adquiere el dibujo con el paso del tiempo, ya sea por lo que expresa, muestra, retrata  o sugiere. Existen autores que se encaminan hacia la síntesis, otros toman senderos en los que la gráfica se torna más compleja y hay quienes se mantienen en un punto intermedio. Pero todos enriquecen sus trabajos a través de la composición de viñetas, el diseño de páginas y personajes, o apelando a las múltiples herramientas de la técnica historietística. La obra de Alcatena no presenta altibajos, sino un constante “in crescendo”. A poco de comenzar a publicar, su nivel era mayúsculo y desde hace mucho tiempo es de excelencia.


    De todos modos, algunos títulos que se destacan como sus picos creativos son: Merlín, con guiones de Robin Wood; Travesía por el laberinto, con guión de Mazzitelli y Dinastía Maldita, con guiones de Mazzitelli – Slavich.  Barloventose sitúa entre las historietas que resultan clave en su trayectoria.
    El libro está estructurado en doce episodios, cuyo eje narrativo es el hijo no reconocido de un renombrado pirata, al que el destino lo lleva a seguir los pasos del padre.  El pirata apodado “Cien tormentas”, que en la historieta aparece como un personaje mítico, desapareció en la tormenta “101”, tras haber desafiado con éxito a numerosos mitos. Para sentir su presencia en el mar, su hijo deberá mirar a Barlovento, el lugar desde el cual llegan los vientos. Son viejos marineros los que, en una taberna portuaria, con sus provocaciones motivan al joven a aventurarse a la vida de marinero: “el mar es el reino de las maravillas, los misterios y las aventuras”, afirma uno.  Ni bien se embarca, una tormenta lo hace naufragar y es el único sobreviviente, rescatado por el solitario barco fantasma del padre. Los siguientes episodios girarán en torno a piratas fantasmas, a un gigantesco monstruo marino que puede ser confundido con una isla, a maliciosas sirenas, a una peligrosa ciudad submarina, a una isla encantada, a un gigante enamorado, al fuego del infierno y al señor del viento,  a una reformulación de la historia de la ballena Moby Dick y a un tribunal submarino, entre otros relatos.  En cada una de las aventuras está presente el fantasma de “Cien Tormentas,” hasta que el hijo adquiere tal fama que se transforma también en una leyenda.


    Las imaginativas historias escritas por Mazzitelli resultan a la medida de Alcatena.  Presentan los ingredientes justos para que el dibujante se luzca, que haga un despliegue técnico y visual de magnitud. Cada cuadrito, cada personaje y cada página resulta un deleite. En ese sentido se evidencia que llevan muchos años trabajando juntos, que se conocen y mucho. Alcatena se mueve con suma comodidad recreando y concibiendo personajes de las mitologías de numerosas culturas. Allí es cuando da mayor rienda suelta a su imaginación y su gráfica alcanza niveles de excelencia. La misma presenta tal nivel de detalles y cantidad de elementos que podría considerarse propicia para ilustraciones. Sin embargo, los inserta de tal manera dentro de las historietas, que le confieren mayor riqueza narrativa. Por ello, a sus libros conviene realizarles dos lecturas, una primera dejándose llevar por el argumento, y una segunda para disfrutar los primores de su dibujo, página a página.
    En el caso concreto de Alcatena, estamos ante un creador cuya magnífica obra lo sitúa como uno de los autores contemporáneos más relevantes a nivel internacional.



    Hubiera sido necesario algún texto que contextualice Barlovento, datos sobre los autores y un sumario. Pero lo principal en un libro es el contenido, y este es un extraordinario trabajo de Mazzitelli – Alcatena y tal vez uno de los principales hitos en la carrera del dibujante. Para fortuna de sus lectores, con cierta regularidad se publican libros que compilan los trabajos que realiza para el exterior, sino su obra más reciente permanecería inédita en el país, tal como le sucede a muchos otros notables de la historieta. 

    Corrección de estilo: Germàn Cáceres

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    Este texto forma parte de una serie de ensayos sobre artes posmodernas que empecé a escribir con la intención de continuar con mi formación como historiador pero por fuera del actual sistema academicista y capitalista de títulos de posgrado. Junto a él, escribí otros cuatro sobre cine, televisión, videojuegos e internet, tomando a esta última como un lugar virtual y real, a la vez, donde todas las obras se manifiestan o se reproducen en una especie de duplicidad infinita.


    Para leer la primera parte

    El corpus conceptual está tomado de la escuela marxista de estudios culturales, pero los textos fueron escritos con la idea de empezar a darle forma a una corriente estética de tipo anarquista.


    Los distintos tipos de historieta se corresponden con los distintos tipos de sociedades que las producen. Hay una diferencia argumental abismal entre las historietas que producen los países imperialistas y los países supuestamente tercermunditas como Argentina. Mientras que, en el caso de Estados Unidos, los personajes más populares siempre tienen superpoderes o llevan alguna máscara, los personajes argentinos son seres humanos que cuentan nada más que con su intelecto y alguna que otra habilidad innata o aprendida, pero poseída en medidas humanas. Los yankees son súper, mientras que los argentinos son sólo héroes o tipos comunes en circunstancias extraordinarias. Superman es un kryptoniano enviado a la Tierra por su padre para salvarlo de la destrucción inminente de Kryptón, su planeta natal. En nuestro planeta, Kal-El tiene una fuerza sobrehumana, tiene visión calórica, puede volar y ver a través de las paredes, pero eso no es todo; sus poderes se han ido incrementando con el paso de las décadas. Juan Salvo en cambio, El Eternauta (Oesterheld - Solano López), es un padre de familia de clase media exiliado de su mundo y de su tiempo, obligado a vivir aventuras pesadillezcas en las que tiene que tomar las decisiones más difíciles en soledad, y casi siempre se arrepentirá de cualquiera de las opciones que elija.



    Casi el mismo ejemplo puede darse con Nippur (Robin Wood - Lucho Olivera, Mulko, Villagrán, etc). Nippur es un héroe errante, no tiene hogar, no tiene reino, no tiene mujer ni familia, sólo tiene amigos del camino y amantes del momento. Rehúye del poder y cuando le tocó ser rey lo padeció y tuvo que seguir caminando por los desiertos sumerios. Este rasgo, incluso llegó a ser tomado por David Twohy, Ken Wheat, Jim Wheat, y Vin Diesel para escribir “Las crónicas de Riddick”, saga de ciencia ficción que protagoniza el actor y cuenta con tres películas fílmicas, una animada, dos cortos animados y cuatro videojuegos. Bien, en “La batalla de Riddick” se libra una lucha entre este y un emperador religioso que cuenta con superpoderes traídos del ‘infraverso’. Al terminar la contienda Riddick pierde a quien pudiera haber sido su amante, que yace al pie del trono, tras cerrar sus ojos este se sienta en él sin advertirlo, y se convierte en rey sin haberlo deseado. No está demás explicar que Riddick es un antihéroe. En los términos de las autoridades galácticas, es un criminal peligroso buscado por varios crímenes y cazado por mercenarios de todos los sistemas solares. Pero lo que en realidad sucede es que Riddick, al igual que Nippur, es un espíritu libre y tiende a mantener una conducta intachable con sus pocos amigos o aliados.



    “Riddick”. Director: David Twohy. Guionistas: David Twohy y Jim Wheat. Actores principales: Vin Diesel, Karl Urban, Katee Sackhoff. Productor ejecutivo: Mike Drake. Distribuidora: Universal.


    Alvar Mayor (Carlos Trillo - Enrique Breccia) es otro exponente de la historieta antiheróica, y es otro amante del camino que va en busca de un destino incierto. Hijo de un hombre que viajaba con Pizarro, se dice que es el primer hombre blanco nacido en América. Aún así, nunca se lo va a ver comportarse como un conquistador español; todo lo contrario. Alvar merodea por el nuevo mundo haciendo justicia, buscando algo que nadie conoce y metiéndose en problemas con la ley. Su figura es muy parecida a la del clásico cowboy del lejano oeste que se compadece con los nativos y termina encontrando hermanos en ellos, porque son perseguidos fuera de la ley igual que él.


    Hay una forma en la que cada país produce en historieta lo mismo que genera a nivel cultural y geopolítico. Estados Unidos tiene una representación comiquera de lo las políticas imperialistas que aplica a lo largo y ancho del globo. Los yankees siempre son los buenos, los héroes, los que salvan al mundo de amenazas terrestres o alienígenas, pero esto es lo más obvio y trillado. También sucede que suelen discutir, igual que en el cine, con el discurso de los oprimidos para darse la posibilidad de rebatir sus argumentos, encarnados siempre en la figura de los ‘villanos’.



    Por su parte, Argentina produce un tipo de historieta que representa más las ideas del autor. Si la historieta estadunidense representa un discurso creado para dominar culturalmente y hacer que todos los lectores lo aprendan y se sientan identificados con él, la historieta argentina tiene una tendencia diferente. El guionista comparte pensamientos con los lectores, transmite una visión personal de su historia y de su sociedad y el conjunto de voces de los guionistas no es monótono, tampoco disonante, pero creo que sí hay un núcleo de ideas centrales y comunes, como el hombre común, de familia o solitario, con altos valores humanos. Podría decirse lo mismo de los superhéores, pero los personajes de historieta argentinos siempre parecen estar en desventaja y con la ley en contra en vez de tenerla a favor por luchar en su nombre. En DC y Marvel hay una cosa muy inocente, una idea zonza del buen ciudadano y de que el bien común se resguarda defendiendo un orden social de tipo burgués e inamovible. El antihéroe argentino, en cambio, está casi siempre luchando contra el statu quo porque lo sabe injusto, es algo que palpa a diario andando por la vida, y esa es una idea que está presente en casi todas las obras de autor argentinas; que se caracterizan justamente por ser de autor y no de gran editorial cuasi monopólica. En las editoriales estadunidenses hay un discurso monolítico que precede a los guionistas. En Argentina, es más usual que la editorial sea tan sólo la forma en que discursos más plurales llegan al público. Podría pensarse en Editorial Columba como una excepción, pero en todo caso, su línea editorial y discursiva estuvo marcada por el paradigma nippuriano y no por el del súperhumano.

    Editorial Marvel, autores: Mark Millar, Steve McNivens, Dexter Vines, Morry Hollowell. 

    La historieta argentina tiene una deuda editorial pendiente con las nuevas generaciones de narradores y dibujantes. Muchos jóvenes han sabido seguir los pasos de los Barreiro, los Wood, los Altuna, pero hay grandes dificultades para que la nueva historieta alcance los canales de difusión masiva que le permitirían llegar al público.


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    "Testimonio de Germán Cáceres que figura en el libro "Con las historietas se come, se cura y se educa/ Revistas argentinas 1983-1993", de Julio Neveleff (Mar del Plata, Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata, 2014,  228 páginas).





    En general se analiza la historieta en base a las obras y a sus creadores, lo cual resulta irreprochable.
    Pero hacer hincapié en las revistas de historietas resulta enriquecedor. Ayuda a comprender el género, dado que muchas de esas publicaciones –como las que se exhiben en esta muestra- posibilitaron la concreción de tendencias y estilos.

    Títulos de editorial Record

    Respecto a dividir la producción en décadas, en principio las revistas no pueden enmarcarse rígidamente en períodos, pues provienen de años anteriores y, a la vez, se proyectan hacia el futuro. Un excelente ejemplo lo brinda el ilustre historiadorEric Hobsbawm, para quien el siglo XX comenzó en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, y concluyó en 1991, con la caída de la Unión Soviética.En nuestro propio país y en el ámbito que nos convoca, Julio Neveleff -en oportunidad de la reciente designación de Robin Wood como ciudadano ilustre de la cultura por parte de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires-, sostuvo que la obra del prestigioso guionista había atravesado desde su primer trabajo (de 1966) todas las décadas hasta la actualidad.
    Pags de Record: Nekrodamus de Oesterheld – Lalia, El Condenado de Saccomanno – Mandrafina, As de Pique de Barreiro – Juan Gimenez, Galac Master de Oesterheld – Oswal, Hugo Pratt, Mandi Riley de Ray Collins – García Seijas, A través de Oceanía de Albiac – Lito Fernández, Bárbara de Barreiro – Zanotto, Alvar Mayor de Trillo – Enrique Breccia, Arturo del Castillo. 

    Sin embargo, la división en décadas constituye un instrumento útil e indispensable para el estudio y la comprensión del género. En años anteriores surgieron varias revistas que llegarían a su esplendor durante 1983-1993. En 1974 salió Skorpio, de Ediciones Record,  que se destacó por su calidad y por contar como estrella al Corto Maltés, de Hugo Pratt. En ella había historietas de aventuras clásicas y realistas. Va forjándose así el gran momento que alcanzó la década que nos ocupa y cuyo proceso ya había empezado mucho antes, en 1957, con Hora Cero y Frontera, las gloriosas publicaciones de Héctor Germán Oesterheld.

    Revistas de Editorial Columba

    Se sabe que desde 1928 la Editorial Columbavenía proveyendo a los lectores de múltiples revistas (El Tony, D´Artagnan, Fantasía, Intervalo, Nippur Mágnum, diversificadas en formatos y colores) y llegó a lanzar unos dos millones de ejemplares mensuales al mercado. Pese a que en Columba colaboraron maestros de la talla de Domingo Mandrafina, Ernesto García Seijas, Carlos Vogt, Alberto Salinas y Ray Collins, la editorial fue despreciada porque se consideraba que su material era comercial y de baja calidad artística. El mismo Robin Wood recibió severos  cuestionamientos. La condena venía de escritores y dibujantes partidarios del refinamiento estético y del registro experimental. Sin embargo, el tipo de historieta clásica es el que hoy triunfa y se publica en Italia pertenecen a autores que en su oportunidad trabajaron para Columba.

    Algunas páginas de series de editorial Columba

     De esta manera, se repitió el fenómeno que ocurrió con la cinefilia de los años cincuenta y sesenta: al cine norteamericano se lo despreciaba por su carácter mercantil y convencional, pero, con el correr de los años, no pocos de aquellas películas europeas tan ensalzadas por su libertad formal y su exquisitez artística envejecieron: su lenguaje y su temática ya no interesaban a los espectadores. Curiosamente, numerosos filmes de Hollywood resistieron el paso del tiempo y conservaron su frescura (un caso emblemático -hay muchos otros- es el de Casta de malditos, 1956, de Stanley Kubrick). Si bien es lícito y válido aspirar al logro de planteos profundos y de avanzada formal, debe tenerse en cuenta el riesgo de caer en el aislamiento y la incomprensión. Por ejemplo, aunque se imputó de banales a sus películas, ya nadie se atrevería en poner en duda los aportes de Alfred Hitchcock al lenguaje cinematográfico, pero el genial realizador no valoraba sus obras con patrones estéticos, sino de acuerdo a la cantidad de espectadores que las veían.


    A partir de 1973 la última página del diario Clarínse dedicó a publicar material nacional y terminó de consagrar, entre varias, a figuras como Caloi, Altuna, Crist, Viuti, Bróccoli, Tabaré, Guinzburg y Abrevaya. Un año antes, la revista Hortensia, dirigida por Alberto Cognigni desde Córdoba, aportó toda una renovación proponiendo  una comicidad popular y picaresca que catapultó a Roberto Fontanarrosa. También en ese mismo año salió Satiricón, dirigida por Oskar Blotta, de vena humorística irreverente y audaz. Después de que esta revista fuera clausurada en 1975, debutó Chaupinela, una especie de continuación, bajo la dirección de Andrés Cascioli, creador y editor que haría historia -a través de sus Ediciones de la Urraca- con Humor, en 1978; Superhumor, en 1980; y Fierro, en 1984. Humor cuestionó el Proceso y en sus valientes páginas se construyó un bastión contra la dictadura militar: sus luminarias eran Rep, Alfredo Grondona White, Raúl Fortín, Limura, Meiji, Maitena, Eduardo Maicas, y hay más. Superhumorcontenía notas periodísticas, historietas y humor gráfico, con colaboradores como Juan Sasturain, Alejandro Dolina, Horacio Altuna, Enrique Breccia(siguen los nombres) y los foráneos Claire Brétécher y J.G. Ballard.

    Publicaciones de La Urraca

    Fierro, cuya dirección ejerció Juan Sasturain, fue una verdadera revolución, uno de los puntos más altos que alcanzó la historieta argentina. Los modelos de ese entonces eran las revistas Metal Hurlant, de origen francés,y Heavy Metal, su versión norteamericana. Consideraban a Moebius y a Hugo Pratt como las máximas expresiones de este noveno arte que Fierro pretendía elevar al mismo nivel de la plástica y la literatura. Una de sus originalidades fue “Óxido”, el llamado subtemento, que se inspiró en el underground comix y su figura central, Robert Crumb, así como en las publicaciones italianas Linus, Altery, especialmente, Alter Alter



    Grandes creadores nacionales participaron en Fierro: Alberto Breccia–y sus hijos Patricia y Enrique-, Carlos Sampayo, José Muñoz, Francisco Solano López, Juan Giménez, Ricardo Barreiro, Sanyú, Eduardo Risso y Carlos Nine (y la lista continúa). “Óxido” fue experimental y vanguardista, y de allí surgió uno de los más altos valores argentinos: Max Cachimba. Sin duda, Andrés Cascioli con su labor editorial y artística quedará en la historia como un extraordinario renovador de la figuración gráfica, mérito que ratificó con la revista de ciencia ficción El Péndulo, que traía cuentos, ilustraciones, artículos e historietas. Ediciones de la Urraca también se atrevió a impulsar la revista de Cazador, una desaforada y desprejuiciada historieta creada por Mauro Cascioli, Jorge Lucas, Ariel Olivetti y Claudio Ramírez, que carecía de límites en cuanto a las reiteradas escenas de violencia y de sexo.

    Pags de Fierro (versión años 80): Albiac – Taborda, Evaristo de Sampayo – Solano Lòpez, El Sueñero de Enrique Breccia, El caballero del piñón fijo de Trillo – Mandrafina, El último Recreo de Trillo y Altuna, Parque Chas de Barreiro – Risso, Nine, Juan Giménez, Peiró, Navarrito de Barreiro – Dose, Alack Sinner de Muñoz – Sampayo, El Tomi, Perramus de Sasturain – Alberto Breccia, Ficcionario de Horacio Altuna.

    El Globo Editor fue responsable de la aparición de otra publicación de corta duración, Puertitas, dirigida por Carlos Trillo, con el énfasis puesto en la claridad argumental y en el realismo gráfico. Salió entre 1989 y 1994 y obtuvo dos hitos comoIrishCoffee y Cybersix, ambas debidas a su director y a Carlos Meglia.

    Nuevos valores surgidos en Fierro

    Se puede afirmar que la historieta argentina alcanzó su mayor fulgor en esa década de 1983-1993 –con corrimientos anuales para ambos límites, por supuesto-, durante la cual nuestros creadores obtuvieron varios premios internacionales –entre ellos el mítico Yellow Kid del festival de Lucca, Italia- y colaboraron asiduamente en el exterior, sobre todo en Francia, España, el Reino Unido e Italia.
    Pero los hábitos de consumo culturales estaban cambiando debido a la televisión, el cine, Internet  y los videos, y ninguna de las tres editoriales (Columba, Record y La Urraca) pudo adaptarse a ellos. Tal vez las tres empresas fracasaron porque la transformación del público y del mercado era absoluta, pero tampoco debe obviarse la posibilidad de una gestión comercial no preparada para afrontar una crisis de esa envergadura. Así, Record cerró en 1996, y Ediciones de la  Urracay Columba, en 2001. (Las legendariasRico Tipo y Patoruzúlo hicieron en 1973 y 1977, respectivamente.)

    Publicaciones de El Globo Editor

    Y entonces la historieta se convirtió en un arte de consumo marginal, y se inició el éxito de las revistas extranjeras de superhéroes y de manga. Ya la venta principal se realizó –como en el presente- a través de comiquerías que también aportaron el correspondiente merchandising, aunque en algunos quioscos de diarios se venden los últimos números de esas publicaciones del exterior. Hay pequeñas y medianas editoriales nacionales que difunden las historietas en libros, aunque en su mayor parte se trata de reimpresiones. Abundan también las autoediciones y las cooperativas de autores, e Internet se convirtió en una vía importante para difundir el  material. Asimismo, muchos jóvenes  recurren a la impresión de fanzines y de prozines
    ¿Qué pasará? ¿Concluirá la historieta su ciclo vital en la Argentina y en el mundo? Para nada. En los últimos años surgió en el país un fervor que se manifestó en un aumento de las ediciones en esos medios alternativos –donde se hallan trabajos de calidad incuestionable- y, además, en las muestras y festivales que se organizan y a los que concurre un público entusiasta. Las páginas de los periódicos reivindican el género como expresión artística y en su interior se encuentras notas críticas sobre sus novedades.
    Sólo resta parafrasear al gran Hugo Pratt y afirmar que “la historieta goza de excelente salud y larga vida”, aunque tal vez adopte otros formatos y vías de comunicación con los lectores. Uno de los tantos ejemplos son los superhéroes norteamericanos que ahora vienen de la mano de películas que costaron millones de dólares y en las que intervinieron célebres directores, notables guionistas y auténticas estrellas de cine. Además, estos filmes desbordan excelencia por donde se los mire y sus efectos especiales son maravillosos. Y también hay animaciones en 3 D para la posteridad (por ejemplo, Las aventuras de Tintin, 2011, de Steven Spielberg).
    No quedan dudas: a la historieta le sobra tela y tiene cuerda para rato. ¡Adelante!


    Germán Cáceres  

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    (La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2014, 94 páginas)




    Pablo Hernández subraya en el primer prólogo: “Es el Facundo de Massaroli, pues, una historieta. Pero es también un libro de historia”. Por eso en ella abundan tanto los textos explicativos como los diálogos y, para eludir esta dificultad narrativa, Massaroli cambia continuamente de planos, de ángulos, de enfoques y, a tramos, introduce cuadritos mudos. Así, la fluidez de la secuencia gráfica es notable y permite vigorizar las escenas de acción. Son primorosos los ámbitos nocturnos que representan las relaciones amorosas de Facundo y su esposa Dolores. Y dibuja con destreza las batallas y los combates a caballo.



    La primera parte, “El Tigre de los Llanos”, es motivo de  revalorizaciones, en las que el autor se pone manifiestamente del lado de los federales y de Facundo Quiroga. Ataca con indignación la figura de Rivadavia y a los unitarios, a los que califica de antidemocráticos y cipayos del imperio británico. A Lamadrid lo señala como un asesino feroz, mientras que al caudillo riojano lo sublima como un héroe querido por los pueblos provincianos. En cuanto a su concepto del general Pazno podía ser peor: “Mediante el inhumano recurso de disparar sobre su propia gente en retirada, Paz logra detenerla…”, una actitud similar a la del siniestro general Mireau de La patrulla infernal(1957), de Stanley Kubrick.



    Barranca Yaco” es el título de la segunda parte, en la que los cuadritos de mayor tamaño y los textos concisos favorecen la narratividad. Y sobresale el arte de Massaroli: en la página 48 los contrastes de blancos y negros de los caballos que conducen una diligencia conforman una viñeta bella y vigorosa.

    Un halo de tragedia recorre este bloque en el que se teje la conspiración que trama el asesinato de Quiroga. Como dice Frank Szilágyi en un segundo prólogo “José logró lo que es casi imposible en los relatos históricos: que los personajes no sean cartones, sino que estén VIVOS”. 


    Para que no queden dudas sobre su posición ante esta lucha fratricida, Massarolitranscribe la proclama unitaria escrita en Chile por Sarmiento: “…es necesario emplear el terror para triunfar en la guerra. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos. Debe tratarse de igual manera a los capitalistas que no presten socorro…; es preciso desplegar un rigor formidable (…) Debe imitarse a los jacobinos de la época de Robespierre”.



    José Massaroli ha concretado una excelente historieta y, a la vez, una visión de la historia argentina nada convencional, que apuntala con datos, fechas y una bibliografía.




    Germán Cáceres


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    La segunda edición de la “Colección Continuará…” presentada por la versión actual de Fierro y publicada por la misma editorial del diario Página 12, consta de cuatro tomos de 96 páginas cada uno.





    El primero de ellos, Amapola Negra de Héctor Oesterheld (guión) y Solano López (dibujo), rescata la serie de aviación ambientada en la Segunda GuerraMundial, que salió en los años 50. El título toma el nombre del bombardero que da origen a cada episodio. El texto de Oesterheld es excelente y presenta todas las características que lo destacaron como uno de los más grandes argumentistas del mundo, pues  en su época renovó el género. Se trata de aventuras bélicas en un contexto histórico real, en el que  se desarrollan sucesos –en su mayoría trágicos- de profundo sentido humano,  que calan hondo en el lector y entretienen.  A la vez, están dibujadas por un inspirado Solano López, con el particular trazo de gruesas pinceladas negras,  estilo que también utilizó en El Eternauta.  Este libro rescata una obra admirable que había quedado eclipsada por otras importantes historietas de los mismos autores.




    El segundo libro, Dr. Fogg y otras historias, presenta mini series con  guiones de Carlos Albiac y Oscar Armayor, y arte de AngelLito Fernández.  En el caso del dibujante, se trata de dos de sus trabajos más personales, donde se evidencia que “puso todo en el asador”, en particular en Undermédanos.  En éste la gráfica de Fernández se luce ampliamente, y lo posicionó como uno de los principales y más prolíficos artistas de la historieta argentina. Las composiciones de página, además, son sobresalientes.  Estas historias  fueron publicadas previamente en la versión de los años 80 de la revista Fierro de Ediciones de La Urraca. DelDr. Fogg, en la que prevalece un clima opresivo propio de una narración de misterio, cabe destacar que exhibe un diseño distinto del que presentó en el suplemento “Continuará” de la edición original de Fierro. El rediseño es un acierto porque facilita la lectura visual, ya que en anteriormente se había publicado en formato de tiras, con lo cual se perdía parte de su riqueza gráfica.





    El tomo tres, Tinta mortal, consiste en un compilado de historietas unitarias de Peiró(Manuel Peirotti), reconocido en su Córdoba de origen y residencia, y uno de los más impactantes y personales autores que dio la historieta nacional. Es un creador  que había que rescatar y valorizar para las nuevas generaciones de lectores, ya que se encuentra un tanto olvidado.  De las historias seleccionadas –publicadas en la citada Fierro-, algunas con grandes dosis de violencia y sexo,  dos giran en torno a personajes del sub mundo del hampa de nuestro país en la primera mitad del siglo XX; otra tiene como trasfondo la violencia política latinoamericana y nacional de décadas pasadas; otra -muy imaginativa- supuestamente transcurre durante la Segunda GuerraMundial y, por último, la que  trata sobre El Cueros, el mítico personaje de las creencias populares,  tal vez constituya uno de los hitos de los años 80 por la calidad del dibujo y de su relato.  Aunque este tomo resulta un gran paneo por la obra “seria” de Peiró, sería bienvenida la incorporación de otras dos historietas “clave” de su trayectoria, como es la del bandido rural Mate Cosido y la de la Guerrade Malvinas, como así también las que realizó para Súperhumor, Humor y Sex Humor, todas brillantes en cuanto a calidad. Peiró es dueño de un dibujo exquisito, exuberante en detalles que combina con una relevante maestría en la aplicación de negros plenos, cuyas luces y sombras recuerdan a la fotografía de autor. Peiró demuestra ser capaz de conferir características caricaturescas a su dibujo “serio” e hiper realista al retratar a los tipos sociales argentinos.





    El cuarto y último tomo es El desmitificador argentino y otras historietas eróticasde El Tomi, que compila los trabajos que éste dio a conocer en el Fierro actual. Como bien se sabe,ElTomies un dibujante con un estilo de factura realista libre, personal  e imaginativo. En algunos episodios de la mini serie Freak City, su dibujo adquiere niveles refinados, como el que cierra el libro.


    Mención aparte merecen las introducciones a cargo de Juan Sasturain, en las que se luce escribiendo amenamente acerca de sus grandes motivaciones como escritor y analista: la historieta y sus hacedores.  Dado la importancia de los autores tratados y el modo en que los aborda, aquellos lectores de revistas comoSúperhumor o la primera Fierro–de las que fue jefe de redacción durante varios períodos- se sentirán complacidos, pues remite a tiempos  e historietas que desplegaron  una creatividad arrolladora.


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    El pasado domingo 14 de junio falleció uno de los maestros de la historieta de Argentina: Sergio Mulko.  Fue un autor de una muy extensa trayectoria, publicando tanto a nivel nacional como en el extranjero. Su trabajo más conocido lo realizó para la serie Nippur de Lagash, el personaje que se ha transformado en uno de los principales referentes de la historieta nacida en Argentina. A principios de los años 90, llegó a dibujar casi 50 páginas mensuales, una cifra que marca un nivel de producción asombroso. 

    En el país, el grueso de su obra lo publicó en las revistas de las editoriales Record y Columba.
     
    De parte de La Duendes solo podemos recordarlo con afecto y agradecimiento, ya que en varias ocasiones colaboró desinteresadamente en nuestras publicaciones.


    Para conocer más en detalle su trayectoria, pueden leer las dos partes de la entrevista que le realizamos en 2009 en el Festival Dibujantes, en la ciudad de Rosario.


    Las siguientes fotos fueron tomadas en 2009 en el festival Dibujantes, en la ciudad de Rosario
    El dibujante Héctor Reinna y Sergio Mulko


    Accorsi, Mulko, Lalia y Massaroli.

    Aguado, Massaroli, Mulko

    Muestras de su notable arte 

    Episodio de Nippur, dibujado por Mulko, en revista D´Artagnan, 1972.



    Troya, en D´Artagnan, 1991.

    Episodio de Nippur, dibujado por Mulko, en revista D´Artagnan, 1972.

    El planeta de los simios, 2006.

    En revista Pif Paf, 1976.

    En revista D´Artagnan, 1990.

    En revista Pif Paf, 1979


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    Tortas fritas de polenta, de Adolfo Bayúgar y Ariel Martinelli

    90 páginas

    Tortas fritas de polenta, de Adolfo Bayúgar y Ariel Martinelli, es “una de héroes”.  Pero no es una historieta de fantasía heroica, ni una de esas de “buenos ni malos”, ni tampoco una reivindicación nacionalista del tono que tienen la mayor parte de los –por cierto pocos– cuadritos que se dibujaron y se escribieron en torno a la guerra contra Inglaterra…

    Es un relato desde las vísceras. Sincero, centrado en la cotidianidad (…) y despojado de cualquier noción de lo políticamente correcto…

    Judith Gociol



    No puedo menos que felicitar muy efusivamente a Adolfo Bayúgar por el gran trabajo en primer lugar periodístico. Hay que saber extraer del entrevistado esa visión extraordinaria de sus vivencias, esa documentación exacta y precisa. En segundo lugar como historietista: hay que saber volcar una nota periodística en un excelente docudrama de tanta intensidad, con una historia tan contenida, tan cotidiana, tan subyugante, y que deja tanto, pero tanto de sublecturas. Incluso cuenta cosas que no había leído ni oído en ningún lado, aún. Sin duda alguien la llevará al cine. Luego, agradezco al héroe Ariel Martinelli, el verdadero combatiente. Uno no puede menos que agradecer, que es mejor que compadecerse o enojarse. Gracias por pelear por nosotros, gracias por estar vivo.

    Jorge Morhain



    Colección Oenlao: "Clones y Laberintos"



    84 paginas. “Colección Oenlao”



    resumen y autores:


    Otra antología al estilo de Oenlao: muchos autores aportando historietas cortas de sorpresivas resoluciones. A diferencia del primer libro de Oenlao publicado por La Duendes-Zona 2011-, que estaba dedicado también a la ciencia ficción y la fantasía, la consigna de esta entrega gira en torno a los clones y los laberintos. De este modo, las dos palabras son la llave que con total libertad permite a los creadores sumergirse en universos tan distantes como el de Borges y Star Wars; como el de Blade Runner y el de la mitología cretense. Pero, al menos en este caso, el camino de los clones y los laberintos también conduce hacia Star Trek,  Roberto Arlt y Quentin Tarantino.

    En las primeras seis historietas se impone el misterio y la variedad estilística de guionistas y dibujantes. La segunda parte, consta de historias imaginadas por Oenlao en las cuales los dibujantes adaptan los mismos personajes y su contexto a cada uno de sus particulares artes.

    Entre la gran variedad de autores -nacionales y extranjeros- reconocerán las firmas deGuillermo Romano, Gustavo Moriena, Beny, Ernesto Parrilla, Felipe Ávila, Gustavo Lucero, Dakota, Pablo Barbieri, Nehuen, Alejandro Aguado, Tomas Gimbernat, Marcia Juárez, Camila Rapetti, Marcos Graneros, Sedes, Marce Marti, Monkey, Gonzalo Ruggieri, Jesús Alarcón, M.P. Méndez, Nico Andrizzi, Sergio Castro, Eis Blasich, Pedro Mancini, Jorge Luis Machín, Toto, Fátima Fuentes, Germán Genga y Leo Cabrera.


    Y para que los que no puedan momentáneamente conseguir su ejemplar, en breve estaremos subiendo algunas de las mencionadas historietas a este blog. Están avisados, a no desesperar.


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    La siguiente conversación se desarrolló en el año 2010, durante una exposición de historietas y humor gráfico en la ciudad de Bariloche, del que participaron grandes maestros de la historieta argentina, tales como Horacio Lalia, Lito Fernández, Cacho Mandrafina, Jorge Meiji y Carlos “Chingolo” Casalla.
    El diálogo, muy ilustrativo, se refiere a un tradicional problema que existió en la historieta argentina, entre los autores y los editores o editoriales, en el que estos últimos se apropiaban de los originales. Esos originales en muchos casos luego se revendían en el exterior sin el conocimiento de los autores y sin que cobraran por esa publicación. Es por ello también que de muchas viejas series, hoy clásicos de la historieta, los originales no están en mano de sus autores o descendientes.

    De izq. a der.: Lito Fernández, Meiji, Mandrafina, Horacio Lalia, Casalla, Aguado.

    (…)
    Horacio Lalia: El plantado es un boceto, después hago la definición en lápiz. Es una manera medio extraña de trabajar. Después me enteré que hay muchos que lo hacen de esa manera, pero que desconocía. Trabajo sobre un papel transparente, que no es un papel transparente común, es uno que se usa para arquitectura. Es blanco, tiene una cara un poco más brillosa que la otra, pero no tiene tanta transparencia como el papel manteca. Después sobre la mesa de calco lo pasaba a la cartulina, para luego entintarlo. Pero como notaba que la línea se enfriaba mucho con ese pasaje, comencé a dibujar directamente sobre el papel transparente. Un día se me ocurrió pasarlo a tinta y empecé a encontrar variantes interesantes. Entonces trabajo sobre transparente, y ahí mismo hago el lápiz y la tinta. Finalmente, cuando lo limpio y lo termino, hago una copia en láser, en papel de 150 o 180 gramos.
    Como ahora no se envían los originales, se envía por la web, ya no se pierden los originales, como antes.

    Lito Fernández: Algunos editores igual los quieren, confían más en la calidad del proceso que hacen ellos. Con los parámetros de los grises marcados según las pautas de ellos.

    H. Lalia: Uno siempre pensó que no tendría que haberse desprendido nunca del original, para poder seguir vendiéndolo.

    Carlos Casalla: Eso es ahora. Yo laburé todo el Cabo Savino desde Bariloche para allá (editorial Columba, en Bs As) y tuve que mandar todos los originales. Pero ellos me aportaban a la jubilación. Me jubilé como dibujante de historietas. Entonces se quedaban con los originales. Quién sabe dónde habrán ido a parar.

    Cacho Mandrafina: Se los quedaban por capricho. Los tenían ahí, archivados.

    H. Lalia: En Record pasaba lo mismo.

    Casalla: Pero antes no habían fotocopias, no había nada. ¿ Cómo los iba a mandar?.

    H. Lalia: En el año 85, en Record, comenzamos a recuperar los originales. Después nos fuimos varios de la editorial, y cuando regresé en el 89 ya no se entregaban más los originales. Se hacía una copia para ellos y otra para los tanos. El original es mío, no les daba ni tiempo de sacar una película. Iba a un negocio de la vuelta, donde me mandaban ellos, sacaba dos copias y el original me lo llevaba. Y así es como tengo los originales de la serie Nekrodamus. También estaba el tema de los pasamanos de los editores. Te pagaban, después le pasaban la copia a otro editor y resulta que el dibujante se quedaba en el aire.

    Mandrafina: Los originales de la primera etapa de la serie El Condenado (guión de Saccomanno) los tuvimos que entregar todos. 
    (…)

    Luego la conversación derivó hacia otros temas…

    En Bariloche, 2010.


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    (Ovni Press, Buenos Aires, 2011, 96 páginas)




    Esta historieta apareció originalmente en la revista Fierro. Propone un futuro en el que se ha descubierto la posibilidad de separar las almas humanas de los cuerpos. Además, la muerte aprovecha para alimentarse de aquellas que tarden más de 35 minutos en volver.

    El laboratorio Sibelius –allí colabora Angella Della Morte- intenta obtener el poder a través de la manipulación de ese proceso. Poseen un artefacto que transporta las almas que arranca a políticos y banqueros para reemplazarlas por las de miembros de la organización, la cual se encuentra en guerra contra el gobierno Fluo. Este último asegura que podría hacerle una cirugía al alma y eliminar la posible maldad que anide en ella. Así, la historieta se sumerge en un clima surreal, fantástico, pero no sólo variando los fenómenos naturales, sino sumergiéndose en los recovecos profundos de las conciencias. Sanz aborda gráficamente con creatividad el reino de la muerte, y sus ilustraciones evocan al gran Enki Bilal.



    Su guión atrapa y resulta original e imaginativo. Abunda en diálogos agudos sobre la condición humana. Su figuración de ángulos audaces está hecha de una infinita gama de grises de nocturna belleza. Además, plasma una maquinaria descomunal, sólida y fría: en la portada del capítulo 4 (“Liberar a la muerte”-Primera parte) se muestra un robot de formas monumentales, cuya concepción remite a la serie de animación japonesa Mazinger Z, ¡La película! (1974), de la que Yugo Serikawa fue el principal director. También aparecen páginas enteras con esos autómatas escorzados, que, portando armas, avanzan por la superficie lunar,



    En los tramos finales de la novela gráfica se despliegan escenas de acción vertiginosa, en las que Sanz emplea viñetas mudas. Además, no deja de experimentar con todos los esquemas y tamaños de cuadritos.

    Salvador Sanz (1975) se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes (en sus dos sedes, Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón). Como animador colaboró en Mecano el marciano (2002), de Juan Antín, y realizó los cortos El Inivisor y Gorgonas(premiado en Comic.Con 2006, San Diego, USA). Entre sus trabajos se pueden mencionar Legíón(2006), Desfigurado((2007) y Nocturno(2007).






    Germán Cáceres  


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    Luis Pérez Ortiz, dibujante y escritor español,  es un autor muy original y multifacético en su propuesta gráfica. Realiza caricaturas, historietas, pinturas, humor gráfico, retratos, ilustraciones editoriales y cuadernos de antropología urbana. Y sobre este último ítem se centra esta pequeña entrevista.

    El dibujo antropológico es una actividad poco difundida en Argentina, aunque cuenta con cultores, pero no organizados al nivel y del modo sistemático como se realiza en España. 




    Por lo que vi en tu sitio trabajas para varios e importantes medios gráficos, pero también he visto que, por lo que entiendo, por placer realizas muchos dibujos tomando apuntes del real: personas, paisajes urbanos y rurales, etc. ¿Cómo y por qué la diferencia entre cada uno?

    Como dices bien, por placer, y también por ejercicio, y porque uno tiene la costumbre de dibujar, que es una forma de relacionarse con el mundo, estudiarlo en su apariencia visual, o visible. Hay una gran diferencia entre lo que se hace así, con la libertad y el disfrute de que uno sea capaz, y lo que se realiza por encargo, con arreglo a condiciones a menudo restrictivas que impone el cliente, el editor, el director de arte… Así que lo que se dibuja privadamente en cuadernos es de gran utilidad porque se recobra oxígeno y, además de reforzar una relación directa con la realidad, se va afinando el propio lenguaje.






    También participas de eventos colectivos en que dibujantes salen a las calles a tomar apuntes. ¿Cómo y por qué surgió esta actividad? ¿Cuál es el propósito? ¿Estas actividades las realizan de forma espontánea o se nuclean a través de algún grupo de autores o asociación?

    En el grupo Cuadernistas de Facebook, que administro junto con el dibujante Enrique Flores, no se organizan ese tipo de eventos colectivos porque la actividad de ese grupo, que acaba de rebasar la cifra de 4.000 miembros, es ya un evento virtual continuo: cada día se suben docenas de imágenes de cuadernos o blocs personales. Pero sí se dan muchos encuentros, cada vez más porque hay una gran afición, organizados por otros colectivos, con el formato de talleres, o actividades culturales dentro de algún ciclo, o de sencilla diversión, y los miembros de Cuadernistas involucrados luego lo reportan en el grupo.

    En varias ciudades hay grupos de “Urban Sketchers” que se reúnen con frecuencia para compartir una jornada de dibujo al aire libre.






     Hace poco dictaste una charla – taller sobre dibujo antropológico, algo que suena muy original y poco conocido (al menos en Argentina) ¿En qué consiste y cuál es la finalidad?

     Fue con motivo de unas jornadas celebradas en el Museo Etnográfico de Nuevo Baztánuna localidad cercana a Madrid. Me pareció oportuno aportar una charla sobre el dibujo antropológico, un concepto que venía manejando de forma latente desde los años universitarios, en que realicé algunos trabajos con dibujos para la asignatura de Antropología (http://www.luisperezortiz.com/page/antrop.html). En esencia, la idea es que hay un tipo de dibujo que no busca como objetivo principal un resultado estético sino más bien documental y pragmático, como parte de una investigación, con lo que factores como la precisión, la exactitud, lo informativo tienen prioridad sobre otros como, pongamos, la belleza del trazo o la armonía de la composición. Hay una tradición en esto, e incluiría piezas como los cuadernos de Leonardo, de actitud científica, o los que realizaban los dibujantes incorporados a las expediciones de Darwin o Cook. Muchos de los cuadernos que hoy se dibujan tienen ese signo antropológico en cuanto documentan e investigan la vida del hombre, su actividad cultural. Es una nueva forma de creación poética, reflejo de una forma de estar en el mundo. Por ilustrar esto que digo mencionaría los trabajos del nombrado Enrique Flores (http://www.4ojos.com/blog/), José María Sánchez (http://extrangis.blogspot.com.es/) o Antonia Santolaya (http://www.4ojos.com/cuadernos.html)









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    (La Duendes Editora, Comodoro Rivadavia, 2013, 116 páginas)



    El Sombra es un detective privado sin escrúpulos, con una metodología  propia de un matón o de un parapolicial. Adicto a las drogas, admira a Miles Davis, cuya música trata de imitar en compañía de tres ejecutantes tan torpes como él. Lo acompaña un ayudante, Tito, un chico mucho más inteligente, pues interpreta las pistas que conducen al esclarecimiento de los casos.



    El libro se divide en tres partes. “Primeras apariciones” deben apreciarse como apuntes que se proponen forjar una idea del personaje y del dibujo que se desarrollará más adelante. Precisamente, con “El caso Kowalski” su arte se consolida apoyado en el guión sólido y profesional de Anabel Caso. En “Felicidad”, Molina cobra vuelo propio como historietista responsable del texto y del dibujo.

    Su estilo puede considerarse experimental (no en vano colaboró en el suplemento “Óxido” de la primera época de Fierro). En sus viñetas mezcla elementos del pasado (casas antiguas, dirigibles), del presente y del futuro (los autos y las motos vuelan).



    Pero es en su figuración donde el autor se muestra realmente personal e innovador. En su concepción predomina el espíritu de la viñeta-página a la que suele proporcionarle innumerables variantes. Así, las atiborra de objetos y personajes y  presenta perspectivas exacerbadas, angulaciones y enfoques audaces, onomatopeyas creativas, notas musicales, innumerables cuadritos, escenas nocturnas con sombras contundentes –como haciéndole un homenaje al protagonista-, e intensos contrastes de blancos y negros -acompañados de sutiles grises- que impactan por su belleza.



    No obstante las búsquedas gráficas, su dibujo posee una línea exquisita y luce ágil, fresco y espontáneo, con las viñetas encimándose unas sobre otras. En suma, El Sombra es una historieta desaforada, en cierta forma caótica, casi surrealista, colmada de escenas de una violencia cuya espectacularidad remite a las superproducciones cinematográficas norteamericanas. Y no está exenta de humor lunático, con reminiscencias del underground comix y del feísmo.



    Edu Molina (La Plata, 1969) se radicó en 2002 en México, donde realiza storyboards, ilustraciones e historietas. Desde 2009 colabora con La Duendes, en cuyo blog apareció El Sombra semanalmente (entre 5/2009 y 11/2012).




    Germán Cáceres 


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    Que un comercio haga propaganda para darse a conocer  en busca de atraer clientes, resulta algo cotidiano. En cambio, sorprende que estando situado en solo dos ciudades de la Patagonia publicite en una revista como Humor, de Buenos Aires, que exhibía una fuerte línea política de resistencia a la Dictadura Militarde los años 70. Tal fue el caso de la firma COLOM HOGAR, dedicada a la venta de electrodomésticos en Comodoro Rivadavia y Cutral Co, localidades donde era ampliamente conocida.



    Las publicidades aparecieron entre 1981 y 1984, es decir, el periodo que va de plena Dictadura a los dos primeros años del regreso de la Democracia. Todasconsistían de una viñeta dibujada por el reconocido dibujante Tabaré, autor de series como Vida Interior, Cacique Paja Brava, Diógenes y el linyera, entre otras. El principal responsable de los argumentos era Camogli, que se desempeñó en la revista como corrector, guionista y redactor. En menor medida también participaron de los textos Fabre y el mismo Tabaré. Durante ese período en la revista se acostumbraba incluir publicidades ilustradas, entre cuyos principales creadores se contaban Alfredo Grondona White, Garaycochea y también Tabaré. Un antecedente previo de este tipo de publicidad se encuentra en la revista cordobesa de humor Hortensia.


    Los contenidos de los avisos de Colom Hogar durante la Dictadura Militargiraban en torno a estereotipos respecto del interior, como ser los habitantes y la vida rural: por ejemplo los gauchos, su trabajo y su vida campera; los indígenas, sus actividades diarias y en la toldería; la gente y el viento patagónico, etc. Los anuncios destacaban que sus electrodomésticos llegaban para modernizarles y facilitarles la vida cotidiana. Tampoco faltó la referencia en tono nacionalista a la Guerra de Malvinas.



    Con el arribo de la Democracia en 1983 el contenido de las publicidades se volvió político y, a tono con la línea editorial de la revista, se condenó  a la Dictadura Militar.Las objeciones hacían referencia principalmente a la necesaria subordinación de los militares a los civiles, la extranjerización de la tierra, los descalabros económicos  y sociales, la destrucción de la industria y el desempleo.  Y es en ese cambio de enfoque donde la publicidad se volvió peculiar. 


    Por una parte, el comercio se asentaba en dos ciudades petroleras, de marcada personalidad conservadora y con fuerte impronta castrense a nivel sociedad, como es el caso de Comodoro Rivadavia –donde se estableció  la Comandanciade la Guerrade Malvinas en el Continente, por ejemplo-. Publicitar en una revista considerada como “rebelde” por la Dictadura, y fustigar abiertamente a los militares, era arriesgarse a tener serios problemas, aún después de la llegada de la Democracia.



    Pero  también se referían a aspectos de ese naciente periodo, como reparos directos a la justicia, la política económica, la deuda externa o las huelgas obreras.

    Antes que una publicidad ideada para captar clientes, al menos durante el periodo democrático da la impresión de tratarse de un espacio que los responsables del comercio sostenían para “bajar línea”.



    El propio Tabaré reconoce la “rareza” de las publicidades y su contenido político: “yo como dibujante era el nexo entre los guionistas y el cliente. El guionista me daba el texto y yo lo dibujaba. Nunca supe el porqué del contenido político de los textos”.  Y otra de las curiosidades es que a los autores no les pagaban con dinero, sino con electrodomésticos.





    Este tipo de propaganda que salió en Humor durante cinco años, entre el fin de la Dictadura y el comienzo de la Democracia, resulta una curiosidad digna de rescatarse.


    Algunas de las tapas de los números donde se publicaron las publicidades
    Notas: gracias a Tabaré por su colaboración con su testimonio y a Germán Cáceres por la corrección de estilo.


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